La oposición venezolana se prepara para “la toma de Caracas”

01.09.2016 – 05:00 H. “El 1 de septiembre será un antes y un después en el Gobierno de Nicolás Maduro”, dice Alberto Armas, un joven de 30 años ...

01.09.201605:00 H.

“El 1 de septiembre será un antes y un después en el Gobierno de Nicolás Maduro”, dice Alberto Armas, un joven de 30 años de Caracas que se prepara para la gran manifestación en la capital venezolana. “Es el comienzo del final”, remata Lorena Gómez, que ha llegado a la ciudad desde el este del país para sumarse a la protesta contra el ejecutivo chavista, convocada hace un mes por la oposición. Es miércoles aún, falta un día para el evento que tiene en vilo a la sociedad, y las expectativas, rumores y miedos comparten protagonismo en Venezuela. Mientras tanto, aumenta la represión, las detenciones de activistas opositores y los impedimentos para viajar hasta la capital.

La coalición opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) estableció siete puntos de concentración en toda la ciudad, desde donde se iniciarán movilizaciones para “llenar de punta a punta las avenidas más importantes de Caracas“, según confirmó el martes Jesús Torrealba, el portavoz de dicha alianza de partidos políticos. El objetivo es ocupar tres de las arterias más emblemáticas de la ciudad, todas en zonas gobernadas por la oposición, para exigir al Consejo Nacional Electoral que fije una fecha para la recolección de las firmas necesarias para impulsar el proceso revocatorio contra el presidente Nicolás Maduro.

En junio, la firma de demoscopia Venebarómetro cifraba en un 40% la cantidad de venezolanos “muy dispuestos” a salir a protestar, un aumento de 35 puntos respecto al mes anterior. Un estudio de este mismo agosto, de la firma DatinCorp, asegura que 34% de los caraqueños en edad electoral se muestran determinados a asistir a “la Toma de Caracas” -como se bautizó el evento opositor-, lo cual equivaldría a 1,2 millones de personas, sin contar quienes viajen de otras partes del país. Otra cosa es que esa determinación se haga realidad.

Las historias de superación de obstáculos para participar de la protesta se van acumulando. Algunos grupos incluso han venido caminando desde las regiones más apartadas del país para mostrar su compromiso con el referéndum revocatorio. El primero fue un sacerdote católico, el padre Lenín Bastidas, que recorrió a pie los 315 kilómetros desde el estado de Anzoátegui hasta Caracas. Un grupo de indígenas venidos desde el sur, del estado de Amazonas, lleva en camino hacia la capital desde el miércoles pasado. “Así sea por el monte, por los caminos verdes, arribaremos a la Toma de Caracas”, dijo Mauligmer Baloa, diputada opositora que hace ese recorrido junto a unas quinientas personas.

También hay personas en sillas de ruedas, pacientes que no consiguen medicinas, jóvenes activistas, profesores universitarios y otros grupos que recorren carreteras y caminos rurales mientras registras en las redes sociales la caminata y los problemas con las autoridades, a las que critican por querer cortarles el paso. Una de las maniobras utilizadas, denuncian, es el inicio de “obras de mantenimiento” en vías que conectan la capital con el centro del país.

Un manifestante con un cartel que pide el referéndum revocatorio contra Maduro, el 2 de agosto de 2016 (Reuters)Un manifestante con un cartel que pide el referéndum revocatorio contra Maduro, el 2 de agosto de 2016 (Reuters)

“Actos de violencia y desestabilización”

Desde el Gobierno y el oficialista Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) se asume que la oposición busca violencia. El alcalde de Caracas, Jorge Rodríguez, anunció que los manifestantes “no van a entrar al municipio” porque su intención sería ocasionar daños patrimoniales, quemar edificios y agredir a otras personas. Sin embargo, tres de los puntos de concentración anunciados por los opositores están ubicados en esa jurisdicción. La Fuerza Armada Nacional y la Policía Nacional Bolivariana habrían activado el “Plan Retardatriz” que, según información extraoficial, buscaría incrementar los puntos de control en vías, terminales de transporte público y ciertos puntos específicos de Caracas en busca de material subversivo, así como aplicar restricciones a la movilización de personas por el territorio nacional y en los servicios de transporte público, incluyendo el Metro de Caracas.

El propio ministro del Interior, el general Néstor Reverol, afirmó el martes que “se presumen actos de violencia y desestabilización”, por lo que anunció que los funcionarios estarán preparados con “armas tóxicas” (gases lacrimógenos). Hasta el 5 de septiembre, además, está prohibido el vuelo de aeronaves privadas y hasta drones, a lo que el nuevo presidente de la Asamblea Nacional, el opositor Henry Ramos Allup, ha respondido desafiante: “Los vamos a usar para tomar imágenes de la gran manifestación del 1 de septiembre. Nos resbala lo que diga el Ministerio”.

“El primero de septiembre no es el fin del chavismo ni de la revolución”, dijo este martes 30 el diputado Diosdado Cabello, el vicepresidente del partido oficial y segundo hombre fuerte de la revolución bolivariana. El dirigente, que lleva más de una semana encabezando al menos dos eventos proselitistas a diario en distintas regiones del país, ha calificado las acciones de la oposición de “golpe de Estado” y el pasado jueves alertó sobre un supuesto complot “para decirle al mundo que en Venezuela están matando a la gente en la calle”. “Van a montar un escenario y van a disfrazar gente de militares, de guardias nacionales, de chavistas, golpeando o asesinando a alguien [para filmarlo]”, afirmó.

Para Daniel Fermín, sociólogo y profesor de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) -señalada por Cabello como supuesto escondite de armas-, la intención del chavismo es atemorizar a la población y disminuir la asistencia a la protesta. “El Gobierno sabe bien que las manifestaciones violentas le suben las barreras a la participación ciudadana. Existe una estrategia expresa de generar miedo”, explica.

Nicolás Maduro participa en una manifestación oficialista el martes, 30 de agosto del 2016 (EFE)Nicolás Maduro participa en una manifestación oficialista el martes, 30 de agosto del 2016 (EFE)

La narrativa del golpe

Durante esta semana, el gobierno ha impuesto la transmisión conjunta de radio y televisión de dos documentales que narran los sucesos del golpe de Estado del 11 de abril de 2002 contra el fallecido Hugo Chávez, una asonada que también comenzó con una marcha opositora en Caracas. La narrativa oficial asegura que la MUD quiere “reeditar” esos sucesos.

Sin embargo, el gobernador de Miranda y primer convocante de la Toma de Caracas, Henrique Capriles, pidió el martes “no desvirtuar los objetivos del 1S” y cumplir con las indicaciones de la Mesa de la Unidad: concentrarse pacíficamente, llenar las avenidas seleccionadas, cantar el himno nacional a mediodía y retirarse a las 2 de la tarde.

Por otra parte, a medida que se venía acercando la fecha, la represión ha ido en aumento. Esta semana se han producido dos detenciones de dirigentes políticos, además de traslados apresurados entre cárceles de otros ya apresados. El foco ha estado en el partido Voluntad Popular -calificado como “golpista” este martes por el presidente Nicolás Maduro-, que ya cifra en 118 el número de sus militantes con causas judiciales.

Entretanto, la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (OEA), encabezada por Luis Almagro, emitió este martes un comunicado en el que pedía al Gobierno venezolano que garantice “el derecho a la vida, la seguridad y la integridad de los venezolanos” el 1 de septiembre, al tiempo que expresaba preocupación por “el recrudecimiento de la represión y de las violaciones de Derechos Humanos. Se pretende criminalizar la protesta, se amenaza con inhabilitar a partidos políticos, y se criminaliza la actuación de diputados de la Asamblea Nacional y activistas de la sociedad civil, acciones que dejan serias dudas de que al gobierno venezolano le interese un diálogo serio y constructivo para salir de la crisis en la que ha sumergido a Venezuela”.

El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, mediador de un proceso de diálogo “que está congelado a 20 grados bajo cero”, según el diputado opositor Enrique Márquez, también llegó a Caracas el martes, sin agenda pública, pero no ha tardado ni 24 horas en abandonar el país con las manos vacías. Desde la MUD, Jesús Torrealba había dicho que la llegada del exmandatario es “saludable” y que “si se da una reunión, no estamos negados a conversar”. Pero los obstáculos, parece, son demasiados.

Fuente: ElConfidencial.com