La revista 'Hola' de los genocidas de Argentina

02.09.2016 – 05:00 H. Los militares argentinos que purgan largas condenas de cárcel por los atroces delitos perpetrados durante la última dictadura militar ...
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02.09.201605:00 H.

Los militares argentinos que purgan largas condenas de cárcel por los atroces delitos perpetrados durante la última dictadura militar (1976-1983) ya tienen su propia revista ‘Hola’. Los verdugos del terrorismo de Estado recluidos en el Pabellón 5 del módulo “Lesa Humanidad” de la prisión de Marcos Paz, conocidos como “los duros”, redactan desde hace dos años una furiosa revista digital bautizada como ‘Te cuento la semana’. 

En la publicación, que se presenta como la voz de los “presos políticos”, desfilan los arquitectos del horror que permanecen recluidos en una treintena de cárceles argentinas. El engendro tiene cartas de lectores, la sección “Resistencia”, un chiste como editorial y fotos que aparecen en peligrosa clave de escarnio público. “Lejos de parecer pobres ancianos al borde de la muerte, propulsan campañas contra los juicios y coordinan estrategias para obtener prerrogativas como la prisión domiciliaria“, escribe la periodista Alejandra Dandan, del diario ‘Página12’, que puso la lupa sobre esta publicación convertida en una galería de exterminadores.

Los condenados -que bajo el amparo del uniforme no dudaron en torturar a mujeres embarazadas y apropiarse de sus hijos o en arrojar prisioneros drogados al mar- ahora matan el tiempo del encierro pariendo artículos sobre como festejar la prisión domiciliaria de algún septuagenario camarada de armas, un “instructivo para documentar y certificar martirios y muertes ilegales en prisión”, y una suerte de llamada a la huelga de hambre de los mayores de 70 años, para poder irse a casa. Pese a que se horrorizaron cuando Barack Obama visitó el Parque de la Memoria del brazo del presidente Mauricio Macri, la revista festejó el cambio de Gobierno con un título de tapa muy elocuente: “Esperanza“,

‘Lejos de parecer pobres ancianos al borde de la muerte, propulsan campañas contra los juicios y coordinan estrategias para obtener prerrogativas como la prisión domiciliaria’En esa palabra se condensan las expectativas de que Macri revierta la política de Derechos Humanos implementada por el anterior Ejecutivo, que puso fin a décadas de impunidad y fue sentando a uno por uno en el banquillo de los acusados a los asesinos, concediéndoles todas las garantías de defensa en juicio que ellos le habían negado a las 30.000 víctimas de el plan sistemático de exterminio que implementó la dictadura.

Como si se tratara de un evento social, el 24 de julio la revista celebró la salida de la cárcel del jefe del centro clandestino Automotores Orletti, Eduardo Cabanillas. El general -uno de los presos de mayor jerarquía- había iniciado una huelga de hambre días antes y escribió una carta que publicó el diario La ‘Nación’. En julio pasado, la sala de feria de la Cámara de Casación Penal le otorgó finalmente la prisión domiciliaria por edad, condiciones de salud y razones humanitarias, en un nuevo encuadre jurídico que entendió que podía irse a su casa aunque no estuviera en fase terminal, como marcaba la jurisprudencia.

Denunciado -entre otros delitos- por el robo de la nieta del poeta Juan Gelman, la revista retrató el traslado del general Cabanillas a prisión domiciliaria como si fuera una estrella del rock: “Bajo una lluvia de aplausos, sinceros palmeos en la espalda y el grito de Viva la patria”. Así “el general” Cabanillas “recorrió los últimos metros que separan las celdas de la puerta de salida de la UP 31. El hombre que hace unas semanas se preparó para irse a su casa o encaminarse a la tumba, recibió el mendrugo de lo que significa la prisión domiciliaria para un soldado a quien le han rapiñado sus derechos“.

Julio Simón, exmilitar argentino, junto a Arias Duval, Carlos Fontana, Pascual Guerrieri y Wualdo Rolán durante su juicio en Buenos Aires (Reuters). Julio Simón, exmilitar argentino, junto a Arias Duval, Carlos Fontana, Pascual Guerrieri y Wualdo Rolán durante su juicio en Buenos Aires (Reuters).

Según las estadísticas, hay 2.140 militares y exmiembros de fuerzas policiales y de seguridad involucrados en juicios por crímenes de Lesa Humanidad, considerados imprescriptibles. Unos 1.089 están procesados, 681, condenados, y 370 han muerto. Sin embargo, no es lo único que cambió con el fin del Gobierno kirchnerista: en abril, el nuevo ministro de Defensa, el radical Julio Martínez, habilitó que los presos por crímenes de Lesa Humanidad puedan volver a ser atendidos en hospitales militares, lo que había sido prohibido por su antecesor, Agustín Rossi, después de que dos condenados, Gustavo De Marchi y Jorge Olivera, se fugaran del Hospital Militar Central en julio de 2013.

Los firmantes de las notas -que se reivindican a sí mismos como presos políticos-, son nombres conocidos para muchos argentinos aunque no precisamente por sus cualidades literarias, sino por la especificidad de los delitos cometidos: torturas con descargas eléctricas, apropiación de hijos de desaparecidos, lanzamiento desde aviones de prisioneros drogados a las aguas del Rio de la Plata.

La investigación del diario ‘Página 12’ señala que el director-editor firma COMO “Profesor Carlos A. Sfulcini Preso Político” y fue condenado en 2013 a veinte años de prisión en una causa que investigó 27 víctimas del terrorismo de Estado, entre ellos 14 asesinados. El secretario de redacción y todo el “consejo de redacción” usan nombres falsos. Los artículos están firmados por “el doctor Gustavo Demarchi”, un siniestro personaje juzgado en la costera ciudad de Mar del Plata por crímenes de 1975. Otro redactor es el marino Alfredo Astiz, quien cobró notoriedad internacional y fue juzgado por los secuestros de las monjas francesas Alice Domon y Leónie Duquet y de la joven sueca Dagmar Hagelin.

Pese a que se rindió sin disparar un solo tiro durante la guerra que libraron Argentina y el Reino Unido por las islas Malvinas en 1982, se ganó fama de inmiisericorde con los presos que caían en sus garras durante la dictadura. La combinación de ferocidad con los indefensos y su cara aniñada hicieron que se ganara el apodo de “El ángel de la muerte” y se convirtiera en el máximo símbolo del terrorismo de Estado que asoló a Argentina, incluso por encima de algunos de los dictadores de la época.

Un hombre pasa ante un cartel con imágenes de desaparecidos durante la dictadura, en Buenos Aires, el 18 de marzo de 2016 (Reuters). Un hombre pasa ante un cartel con imágenes de desaparecidos durante la dictadura, en Buenos Aires, el 18 de marzo de 2016 (Reuters).

Cambio de gobierno: “Un sol de esperanza”

El 13 de diciembre, la revista festejó el cambio de gobierno. Eliminó de la portada un contador de números invertidos que estaba desde el primer número y puso “un sol de esperanza”. En la noche del 9 al 10 de diciembre en que se produjo la sucesión presidencial entre Cristina Fernández Kirchner y Mauricio Macri, los septuagenarios condenados a perpetuidad lo celebraron batiendo cacerolas y todo objeto que sirviera para hacer ruido, según relata la crónica publicada por los genocidas devenidos en escribas. La expresidenta Kirchner es para la publicación “la viuda” o la “viuda millonaria“.

La revista tiene secciones, como el “directorial”, un editorial de su director, una sección de cartas de lectores con reproducciones de cartas publicadas en el diario La Nación y de otras “todavía no publicadas”, varias secciones de opinión, una llamada Resistencia y las efemérides con muertos militares. Se publican horarios de misa y de confesionario, cine en el Penal y avisos de la proveeduría San Cayetano, ubicada frente al Complejo Penal II Marcos Paz con una publicitada caja de ahorro. Destaca un artículo del comisario retirado de la provincia de Buenos Aires Claudio Kussman hay un texto instructivo que aconseja: “Guardemos fotos, documentación, vídeos, grabaciones sonoras, correspondencia postal y digital, recibos, certificaciones, etcétera” para documentar lo que llaman “exterminio”. Esa lógica a través de la cual buscan prerrogativas por “razones humanitarias” es una estrategia para presentar reclamaciones internacionales.

En el final de la publicación, con entretenimientos y consejos de salud, aparece el “chiste”. En uno, hay dos presos y una rata como personajes. Si no fuera trágico, quizas sería gracioso.

Fuente: ElConfidencial.com