La sala de crisis desde la que Italia salva vidas en el mar

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En plena crisis migratoria, para Italia la necesidad de salvar toda vida humana en el mar está fuera de toda duda. Esta máxima, aparentemente fácil de asumir desde un punto de vista institucional, conlleva una concreción logística contundente. Un esfuerzo que el país lleva a cabo a diario mediante sus fuerzas armadas, especialmente a través de las Capitanías Marítimas y su brazo operativo, la Guardia Costera, ambas parte integrante de la Marina Militar italiana. Mientras la Unión Europea intenta aclarar cómo hay que tratar a los migrantes y refugiados que llegan al Viejo Continente; en la Central Operativa de la Guardia Costera, con sede en Roma, el asunto está fuera de toda discusión.

Caminando por la sala operativa, situada en la planta baja del cuartel general de la Guardia Costera italiana, el ambiente es silencioso y de concentración. Decenas de ordenadores, pantallas y grandes paneles informan, las 24 horas del día, acerca de la posición de todas las embarcaciones tanto dentro y fuera de la zona de competencia de este cuerpo. Varios teléfonos rojos en el centro de la sala reciben las llamadas que realizan los migrantes cuando están perdidos y a la deriva en el Canal de Sicilia, la ruta marítima que conecta Libia con Italia, que, para la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), es “la más peligrosa del mundo para los migrantes y refugiados”. Frases como “Socorro, estamos en medio del Mediterráneo, cerca de la costa de Libia”, a menudo pronunciadas en inglés, son las que dan comienzo a las operaciones de salvamento lideradas por Italia.

La ruta marítima que conecta Libia con Italia es la más peligrosa del mundo, según la Organización Internacional de las Migraciones“Las llamadas proceden, normalmente, de teléfonos satélite que tienen los propios migrantes a bordo y que se sirven de la señal ofrecida por la compañía de telecomunicaciones Thuraya, con sede en los Emiratos Árabes”, explica el comandante Filippo Marini a El Confidencial en la Central Operativa. “En el momento en el que recibimos una llamada aquí en Roma, informamos inmediatamente a los barcos que se encuentran en la zona: Guardia Costera y Marina Militar italiana, Guardia de Finanzas, buques militares, barcos mercantiles, etc, indica.

De forma directa o indirecta, hay varias operaciones de patrullaje activas en el Mediterráneo, coordinadas por la Central Operativa de la Guardia Costera en Roma. EUNAVFOR MED, de la Unión Europea, se dedica a la lucha contra los traficantes de personas en el Mediterráneo; la Operación Tritón, de la Agencia Frontex, tiene como objetivo el control de las fronteras exteriores de la Unión Europea; y la Operación Mar Seguro, de la Marina Militar italiana, emplea sus efectivos en la vigilancia del Mediterráneo Central con el fin de oponerse al terrorismo y promover la seguridad marítima. El oficial Marini habla de un funcionamiento “sinérgico”.

La Central Operativa de la Guardia Costera en Roma coordina los rescates que se producen en la zona italiana de competencia, un área marítima de 500.000 km2 (casi el doble del territorio italiano) y 8.000 km de costa, que corresponden a la zona SAR (del inglés “Search And Rescue”, ‘Búsqueda y rescate’), cuyo límite termina poco después de la isla de Lampedusa. Casi la totalidad de los rescates de refugiados y migrantes en el Canal de Sicilia se producen fuera de allí, en aguas internacionales, muy cerca del mar territorial libio (a unas 30-40 millas de la costa. Pero desde hace unos años a esta parte, los traficantes de seres humanos han cambiado voluntariamente su estrategia de trabajo. Ya no se esfuerzan para que los barcos lleguen más o menos cerca de las costas de Sicilia, por ejemplo. Las maltrechas embarcaciones siguen dirigiéndose a Italia llenos de migrantes, pero ahora se trata solamente de que consigan atravesar al menos las primeras 12 millas de mar territorial libio para luego, previendo la acción humanitaria italiana, dejarlas a la deriva ya en aguas internacionales, contando con un futuro rescate de los guardacostas. Como resultado, consiguen ahorrar en combustible y emplear barcos cada vez más viejos, estropeados e inseguros.

La Guardia Costera italiana durante un rescateLa Guardia Costera italiana durante un rescate

Obligación de actuar frente a Libia

¿Por qué, entonces, Italia despliega a sus fuerzas armadas junto a otros buques internacionales fuera de su área SAR? “Porque cuando nos llega una llamada a Roma”, apunta Marini, “la norma impone informar inmediatamente a las autoridades de aquella zona en la que se encuentra la embarcación en peligro”. La cuestión es que Libia, en muchos aspectos, es un estado fallido y, actualmente, en reconstrucción. “¿Cuál es el problema? Que si estas embarcaciones zarpan de Trípoli, Zuwara, etc.; no todos los Estados se activan de la misma manera a la hora de socorrer. La norma prevé, en cualquier caso, que quien recibe la llamada tiene que asegurarse de que las personas que han pedido ayuda sean finalmente rescatas. Y si hemos sido nosotros quienes recibimos esa llamada, tenemos que intervenir. Éste es el motivo”. El militar, añade: “Para estas embarcaciones, además, cuanto más se alejan de la costa libia, más crecen exponencialmente los niveles de riesgo”.

Italia lleva algunos años siendo protagonista en el Mediterráneo Central. En el verano de 2015, ante la evidente peligrosidad de esta ruta, los migrantes y refugiados asiáticos (especialmente sirios), optaron mayoritariamente por el Mediterráneo Oriental, por aquella vía que conecta Turquía con Grecia y que ha desatado la actual crisis de refugiados en los Balcanes. Dado que este camino ha vuelto a cerrarse, el peligroso espacio entre Libia e Italia este año será de nuevo el foco de atención de la opinión pública de Europa. Y con la llegada del buen tiempo, la Guardia Costera italiana volverá a concentrar todo su capital humano y técnico en esta franja de mar.

Uno de los elementos más importantes en estos salvamentos es también el cómo gestionar la implicación de los buques mercantes, un hecho determinante para ganar tiempo en el Mediterráneo. “Desde aquí nosotros somos los directores de orquesta”, explica el militar de la Armada. “Tenemos muchos instrumentos, pero es el director quien los sincroniza de forma armónica. Es así como se evitan solapamientos, tiempos muertos y pérdidas de energía. De este modo, en un contexto donde el tiempo es un elemento fundamental; podemos liderar, de forma eficaz y eficiente, los rescates en el mar”.

El 82% de los migrantes que mueren en el mundo lo hacen en el Mediterráneo. Este año la Guardia Costera ha rescatado a casi 40.000 personasEn relación a la actual crisis de refugiados que vive Europa, el oficial Filippo Marini asegura que “la Guardia Costera tiene en su ADN la preservación de la vida humana en el mar”. Atendiendo a los datos ofrecidos por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), Europa ha visto llegar a sus costas a más de 180.000 personas durante este año. Teniendo en cuenta que la cifra alcanzada en 2015 por estas mismas fechas era de 48.636 personas, en cuatro meses habían alcanzado Europa el triple de refugiados y migrantes que el pasado año.

Las muertes ocurridas desde enero hasta finales de mayo habían sido 1.357, lo cual indica que el 82% de los migrantes y refugiados que mueren en el mundo lo hacen en el Mediterráneo: 976 en el Canal de Sicilia y 376 en la ruta Turquía-Grecia.De enero a mayo, la Guardia Costera italiana ha rescatado a casi 40.000 personas. Las principales nacionalidades son Nigeria (4.311 personas), Gambia (2.901), Somalia (2.529), Costa de Marfil (2.242), Eritrea (2.202), Guinea (2.124), Senegal (1.985) y Malí (1.442). En cualquier caso, los flujos migratorios que alcanzan el Viejo Continente son de tipo mixto: hay tanto refugiados como migrantes. En esencia, los primeros escapan de guerras y persecuciones individuales, mientras que los segundos buscan mejores oportunidades económicas. Aun así, se trata de una clasificación muy reductiva, porque suele ser difícil identificar los motivos por el que una persona abandona su país de origen.

Hace un siglo y medio, Italia tenía apenas dos mil kilómetros de vías ferroviarias, inconexas entre sí y, obviamente, no había vehículos motorizados. No había luz en las calles, salvo en determinadas avenidas principales. En 1865, en una Italia recién unificada, nacía la Guardia Costera, en un contexto decimonónico en el que el mar era el principal canal de comunicación y los puertos eran los principales lugares de tránsito de mercancías, personas e ideas. La unificación de una Italia desigual pasó también por la conexión de sus mares. Hoy, 150 años después, la Guardia Costera italiana tiene el alto cometido de promover la integridad humanitaria de Europa. Por eso, de cara al futuro, Marini tiene un deseo: “Que el Mediterráneo no sea nunca más un teatro de tragedias como las que hemos vivido en estos años. Que sea un mar de encuentro y de sereno tránsito de personas”.

Fuente: ElConfidencial.com