La UE gasta en patrullar el Mediterráneo tanto como en proteger a las focas anilladas

Los fondos que la Unión Europea dedica a vigilar las costas del Mediterráneo a través del programa Tritón (2,9 millones al mes) son comparables a los que ...

Los fondos que la Unión Europea dedica a vigilar las costas del Mediterráneo a través del programa Tritón (2,9 millones al mes) son comparables a los que destina a su programa de “Cooperación con Groenlandia” (29 millones anuales). O a objetivos aún menos específicos como los que establece un proyecto de “entendimiento” con “países y territorios industrializados” que cuesta 44 millones de euros al año.

Organizaciones humanitarias y expertos en inmigración llevan meses denunciando que el programa más importante en vigor apenas supone el 0,025 % del presupuesto de la Unión Europea, porcentaje menor al dedicado a partidas como la traducción e interpretación a idiomas no comunitarios o a pagar dietas y estancias en estaciones de esquí. Y no existe paralelismo posible frente a las grandes prioridades, como el Fondo Agrícola y para el Desarrollo Rural (que cuestan unos 59.000 millones de euros, más de un tercio del total).

Estirando la comparativa, el esfuerzo económico destinado al Tritón es parecido a proyectos puntuales como la construcción, en 2013, de un Centro de Desarrollo Empresarial en la ciudad de Lettenerkenny, un pueblecito irlandés de 15.000 habitantes. O a un plan medioambiental para que las focas anilladas del lago Saimaa (en Finlandia) puedan disponer de nieve artificial en los inviernos menos fríos, una iniciativa en la que se invirtieron 4 millones.

Los ministros de Interior y Exteriores europeos debatirán largo y tendido sobre la escasez de recursos destinados al Mediterráneo en la reunión del jueves en Luxemburgo, una cita convocada en respuesta a la tragedia que este domingo le costó la vida a cientos de inmigrantes africanos en aguas territoriales libias.

El equipo de la alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, anticipó una lista de diez puntos prioritarios a tratar. El primero de ellos consiste precisamente en “reforzar las operaciones conjuntas en el Mediterráneo (…) incrementando los recursos financieros (…) y extendiendo el área operacional”. Fuentes de la Comisión hablan incluso de triplicar la dotación económica del programa Tritón.

Aunque el problema, indican los expertos, es tanto de dotación económica como de implementación de los programas existentes. Actualmente no hay capacidades para vigilar aguas territoriales de países extracomunitarios, y a duras penas se patrullan las aguas internacionales, un problema agravado por el caos y la anarquía en la que se encuentran sumidos algunos países del entorno, especialmente Libia.

“En realidad, sí tenemos unos presupuestos importantes para el control de la inmigración irregular y se podrían evitar muchas tragedias sólo destinando una parte a que esa vigilancia estuviese destinada también al salvamento y rescate”, explica la profesora Cristina Gortazar, Directora de la Cátedra Jean Monet en la Facultad de Derecho Comillas ICADE.

Barah Mikaïl, investigador del think tank europeo FRIDE, asegura que hay una relación directa entre los recursos dedicados y el número de vidas salvadas en el Mediterráneo. “El programa italiano que fue desmantelado y sustituido por el Triton, el Mare Nostrum, salvó 50.000 vidas, porque tenían más dotación y porque no se limitaba a controlar las costas, sino que salía a aguas profundas al rescate de barcazas”, dice.

Estamos traicionando nuestros grandes principios de solidaridad y respeto a los Derechos Humanos

Mikaïl señala a los gobiernos del norte de Europa. “Aunque no queramos acoger a todos los inmigrantes y darles refugio, tenemos la obligación de no dejarlos morir. En esto, algunos países del sur, como Italia, están teniendo una actitud más humana, que a largo plazo es también más pragmática. Otros gobiernos europeos prefieren lanzar un mensaje político a sus electorados, mostrándose inflexibles con la inmigración. Pero están traicionando los grandes principios de solidaridad y respeto a los Derechos Humanos de la Unión Europea”, dice.

El investigador subraya que la prioridad para solucionar el problema a largo plazo pasa por cambiar la estrategia europea de ayuda económica a África y Oriente Medio. “El gran problema de fondo es que se les da dinero para alcanzar acuerdos pero luego no se les exige que cumplan los compromisos de apertura democrática y buena gobernanza. La UE reparte mucho pero la situación no mejora, los ricos son más ricos y el resto vive cada vez peor”.

Como es lógico, la visión es aún más crítica entre los activistas. “La negligencia de Europa no salvando a miles de migrantes y refugiados que corren peligro en el Mediterráneo es como si los bomberos se negasen a salvar a las personas que saltan de un edificio en llamas. Debe quedar claro que la responsabilidad de los gobiernos no se limita a apagar el fuego, sino que deben recoger a quienes saltan desde la cornisa”, se queja John Dalhuisen, director del Programa Regional para Europa y Asia Central de Amnistía Internacional.

Fuente: ElConfidencial.com