La venganza callada de Adán, a quien en el Real Madrid se le faltó “al respeto”

25.01.2016 – 17:00 H. Después de lo que sucedió, porque todo el mundo conoce lo que sucedió, cualquiera podría pensar que, en estos momentos, Antonio Adán ...

25.01.201617:00 H.

Después de lo que sucedió, porque todo el mundo conoce lo que sucedió, cualquiera podría pensar que, en estos momentos, Antonio Adán aún estuviera degustando su venganza sobre el Real Madrid. Pero nada más lejos de la realidad. Si algún rencor le queda hacia el club que lo amamantó y lo echó, o hacia su antiguo entrenador José Mourinho, o, por qué no, hacia Iker Casillas, el portero del Betis se lo guarda tan celosamente que resulta por completo inadvertible.
 
No hay espacio para el odio en un momento feliz para Adán, que también es el primero amargo para Zinédine Zidane como entrenador del Madrid. Su equipo se dejó dos puntos, y gracias, ante un Betis destrozado pero orgulloso, con un titán bajo palos al que sólo pudieron batir con un gol ilegal, surtido en fuera de juego por James. “Esta noche vamos a soñar con Adán”, se lamentó precisamente el colombiano, uno de los que sufrió las paradas del mejoreño, siete durante una noche de enorme trasiego, en la que intervino 23 veces frente a un rival que firmó 18 remates y un 64% de posesión. La mejor, sin duda, la manopla con la que zanjó la rabona a bocajarro de Benzema. El partido sintetizó la vida de Adán en el Betis, el sexto portero más goleado del campeonato (28) pero también quien más paradas hace (82). El mártir y el ídolo.
 
A pesar de lo que sucedió, Adán tiene motivos para estar agradecido al Real Madrid. Y no sólo por la crianza. “Entré con nueve años y cumplí mi sueño de jugar con el primer equipo. No tengo derecho a quejarme“. El de Mejorada también recuerda que fue el club blanco quien, indirectamente, le abrió las puertas del Betis, donde hoy, a sus 28 años, sencillamente ha encontrado su lugar en el mundo. “El Betis es el equipo donde quiero crecer y Sevilla la ciudad donde vivir. Estoy absolutamente enamorado de ellos”, repite allá a quien le pregunta.
 
El 0-5 que el Madrid firmó en el Benito Villamarín a un Betis que presentó como portero a una estatua de sal, el inefable Andersen, decidió a los verdiblancos a echar el resto para firmar a Adán. Era enero de 2014, y a la segunda (seis meses antes, el traspaso que pedía el club blanco había abortado la operación) el Betis se hacía al fin con el guardameta. Fue un flechazo instantáneo. Adán dignificó al fin la portería bética, donde ese año sólo se habían presenciado calamidades. Y cuando, a pesar del descalabro del equipo y su descenso a Segunda, decidió rechazar la oferta de la Real Sociedad (firmaron a Rulli) y renovar, se convirtió de inmediato en un tótem para la hinchada. Al año siguiente ya era el capitán del equipo, con el que logró el ascenso. Hace dos meses, prolongó su contrato hasta 2019, aunque con una cláusula de sólo 8 millones de euros que apuntaron bien algunos equipos de la Premier.
 
Son tiempos de vino y rosas para Adán, al que no pocos promocionan en la terna de la Selección. “Antes lo veía a años luz, ahora no creo que sea imposible“. En esa pugna, sin embargo, le penalizan factores exógenos. Ahí volvería a encontrarse con Iker Casillas, y aunque la relación con su antiguo ‘ídolo’ es buena, su coincidencia generaría un ruido que probablemente desagrade al apacible Del Bosque. Todo cuenta. Bien lo sabe, precisamente, Adán.
 
“No fueron momentos fáciles, desde luego, pero me sirvieron para madurar. Mi etapa final en el Madrid fue un máster en mi profesión y en mi vida“. Aquel largo sueño acabado en pesadilla arrancó en las escuelas deportivas de Mejorada del Campo. “En mi pueblo sólo había fúbol sala. Un día el entrenador me puso de portero y lo hice bien. Me dijo que, a partir de entonces, iba a jugar ahí, y yo le respondí que ni de broma. Al final habló con mi padre y nos convenció. He de reconocer que tenía razón“, recuerda.

Diego López, Antonio Adán e Iker Casillas, en un entrenamiento de la 2010-11 (Efe)Diego López, Antonio Adán e Iker Casillas, en un entrenamiento de la 2010-11 (Efe)

De admirar a Illgner a idolatrar a Casillas

A los nueve años lo capta el Real Madrid, para su alevín. Adán crece admirando a Bodo Illgner, con el que comparte cualidades, pero pronto se impone como inevitable ídolo Iker Casillas. “Era el espejo para cualquiera, el mejor portero del mundo“. Adán va quemando etapas, en el Madrid y en la Selección. Tras proclamarse campeón de Europa sub’19 junto a los Cesc, Piqué, Mata, CapelFabio Capello le premia llevándolo a la gira del primer equipo por Estados Unidos. Estamos en 2006. Pero no es hasta la llegada de José Mourinho cuando Adán da el salto definitivo al primer equipo. El 8 de diciembre de 2010 debuta contra el Auxerre, en la Champions. Es baja Casillas y se lesiona Dudek.

Dos meses después, se estrena también en la Liga, frente al Espanyol, cubriendo la expulsión de Iker. En la siguiente temporada mantiene participaciones esporádicas mientras presencia cómo va creciendo la tensión entre Casillas y Mourinho. Cuando ésta explota, Adán siente estar ante su gran oportunidad. El portugués le da la portería en el invierno de 2012, frente al Ajax en Champions (4-1). Pero en sus dos partidos siguientes, ya en la Liga, no tiene suerte. El Madrid pierde con el Málaga y, frente a la Real, Adán es expulsado apenas comenzado el encuentro. El debate mediático es desaforado, por momentos cruel. Y Adán está en el centro del huracán. No tardará mucho en enterarse por la prensa de que el club ficha a Diego López, por entonces en el Sevilla. “No fue una traición, pero sí una falta de respeto“.
 
Hoy, esa herida parece cicatrizada. “Con el tiempo, he llegado a la conclusión de que he de estar muy agradecido a Mourinho. Confió en mí para ser el suplente del mejor portero del mundo durante tres años. Es verdad que todo acabó como acabó, pero son situaciones de las que uno tiene que aprender, y que probablemente me hayan hecho ser mejor en muchos sentidos”, reconoció la pasada semana Adán en una entrevista al diario ‘Estadio Deportivo’.
 
¿Y qué se aprende de algo así? ““Sabíamos de sus cualidades, pero nos preocupaba su estado. Todavía estaba fresco el conflicto que sufrió en el Madrid y apenas si había jugado en Italia. Todos parecían tener dudas… menos él. Nos conquistó con su seguridad“, narra a El Confidencial el entrenador que le recibió en el Betis, Gabriel Calderón. “No es sencillo destacar una sola cosa de Adán. Va de miedo por alto y domina el uno contra uno. Pero si tuviera que quedarme con algo, yo diría su fortaleza psicológica. Mentalmente es tremendo. Los errores no le afectan, porque sabe pasar página rápidamente. Imagino que las cosas que le han ido sucediendo en su carrera han hecho que adquiriera mucha personalidad para sobreponerse”, añade David Relaño, entrenador de porteros en el Betis. Su antecesor, Kike Burgos, un técnico sin titulación que había enchufado el exentrenador verdiblanco Julio Velázquez, se topó con esa potente personalidad. Fue inmediatamente despedido después de que el guardameta le acusara de trabajar poco y mal.

Adán fue un valladar para el Real Madrid (Efe)Adán fue un valladar para el Real Madrid (Efe)

“Preparado para triunfar en el Madrid

Antes de la arcadia verdiblanca, Adán pasó por una última estación de penitencia en el Cagliari, donde, ironía, se topó con otro (Luis) Diego López, el entrenador uruguayo del equipo italiano. Sólo jugó dos partidos, aunque uno de ellos, frente a la Juventus, le sirvió para cambiar los guantes con otro de sus modelos, Gianluigi Buffon. Cuatro meses después cogió la puerta y llegó al Betis, tras aquel 0-5 del Madrid en el Villamarín.
 
Otros cinco sufrió Adán en el partido de la primera vuelta de esta Liga, el que suponía su regreso al Santiago Bernabéu. Sólo eso pudiera haber sido motivo para degustar la venganza del domingo, cuando levantó su imponente muro ante los artilleros blancos de Zidane. Podría haber sido ése un buen momento para recordar lo que dijo en su salida del Madrid: “Estaba preparado para triunfar ahí“. No lo hizo. En el inventario de Adán no cabe el rencor, o está concienzudamente oculto. Al contrario, le gana la gratitud. Lejos de hundirle, todo lo pasado le ha hecho más fuerte.

Fuente: ElConfidencial – Deportes