Las grietas del crecimiento chino

19.10.2015 – 05:00 H. “Cuando estaba en el tramo final de la pasarela, escuché una especie de estallido y noté el suelo temblar bajo mis pies. Miré hacia ...

19.10.201505:00 H.

“Cuando estaba en el tramo final de la pasarela, escuché una especie de estallido y noté el suelo temblar bajo mis pies. Miré hacia abajo y vi esquirlas de cristal cayendo desde donde estaba pero no sabía qué pasaba. Salí corriendo y gritando”. El comentario de una usuaria en Weibo (una red social china similar a Twitter, que está censurado en el país asiático) da una idea del pánico que sintieron las personas que cruzaban la pasarela de cristal de la montaña Yuntai, en la provincia central de Henan, cuando vieron cómo esta se quebraba a su paso. La construcción, de 68 metros de largo y situada a más de 120 metros de altura, se rompió el pasado 7 de octubre, afortunadamente sin que se produjesen víctimas. Pero el incidente podría ser, según los expertos, la punta del iceberg de una serie de fallos que amenazan el rápido desarrollo de China.

La moda de las pasarelas es una de las muchas que ha traído consigo el desarrollo del sector turístico en China. Además de la mencionada en la montaña Yuntai, hay otras como la situada en la reserva natural de Wulingyuan, en Zhangjiajie, una localidad de la provincia de Hunan, que saltó a la fama después de servir de inspiración a James Cameron a la hora de crear los montes Aleluya de la película ‘Avatar’. Allí, además, se ha comenzado la construcción de un puente de cristal que cruzará el Gran Cañón de Zhangjiaje, una estructura que espera ser inaugurada en 2016 y que contará con 370 metros de longitud y una elevación de 400 metros sobre el valle.

A pesar de que el incidente en la montaña Yuntai está bajo investigación, las autoridades locales, en declaraciones a la televisión nacional, CCTV, descartaron que la seguridad de los visitantes hubiera quedado en entredicho ya que “la estructura cuenta con tres capas de cristal y fue la primera la que se resquebrajó”, un daño que achacan a que los turistas “lanzaron sus termos de té contra el puente”. Sin embargo, son muchas las voces que llevan años alertando de los riesgos.

“Te piden que planifiques y construyas rápido. No importan demasiado las calidades de los materiales, solo que cumplas con los plazos, que suelen ser insuficientes. Te dicen que en unos meses vendrá un mandatario del Partido a visitar el lugar o que hay acuerdos con operadores turísticos ya cerrados y que, para entonces, todo tiene que estar terminado. De esta manera lo único que se consigue es crear estructuras que, a los pocos meses o años, según su uso y dónde estén, comienzan a presentar grietas, fallas de seguridad o un deterioro mayor del debido”, asegura a El Confidencial Chen Xuan, arquitecto residente en Pekín.

Una imagen muestra la sección de la pasarela en la montaña Yuntai, en la provincia de Henan. (Reuters)Una imagen muestra la sección de la pasarela en la montaña Yuntai, en la provincia de Henan. (Reuters)

Pisos, deterioro garantizado

Uno de los puntos que destaca Xuan es el del emplazamiento, ya que, como asegura, “no es lo mismo que una estructura se caiga a cinco metros del suelo que a 100”. Y aunque el caso de Yuntai ha dado la vuelta al mundo, el problema de la falta de calidad o mantenimiento en obras de reciente construcción es algo inherente al desarrollo actual de China, y los ejemplos van más allá de las pasarelas turísticas.

“Comprar un piso aquí es una inversión. Lo compras, lo alquilas durante uno o dos años y luego lo vendes. Eso sí, si quieres conservarlo durante 15 o 20 años, te encontrarás con que tienes solo un papel, ya que el edificio, salvo contadas excepciones, estará inhabitable”, asegura Li Tingwei, responsable de créditos en una sucursal del Banco de China en Cantón.

La opinión de Li es compartida por muchos ciudadanos chinos, que ven la vivienda como una manera de hacer negocio pero no como una inversión a largo plazo en la que vivir. “Es impensable, viviré aquí dos o tres años, luego la venderé. Estoy segura de que en 20 o 30 años no quedará nada de esto”, comenta a este diario Fang Feifei, quien acaba de cerrar la compra de un apartamento de dos habitaciones en el centro de la capital por seis millones y medio de yuanes, unos 900.000 euros.

En los últimos años, China ha visto un edificio en Shanghai ‘tumbarse’ por la mala calidad de sus cimientos, la acera de una parada de autobús en Harbin, en el noreste del país, tragarse a los viandantes, o a un hombre morir en Shenzhen, en el sur de China, después de que el suelo también se abriera bajo sus pies. Sin embargo, al ser preguntados por su mayor temor en lo relativo a las carencias en materia de calidad y seguridad, la respuesta es casi unánime: escaleras mecánicas.

Trabajadores limpian los cristales de un edificio de 30 pisos en Qingdao, China. (Reuters)Trabajadores limpian los cristales de un edificio de 30 pisos en Qingdao, China. (Reuters)

“Solo se revisa cuando hay una avería”

Un problema que saltó a los medios chinos en julio, cuando una mujer, que se encontraba de compras con su hijo, murió tras venirse abajo la plataforma de salida de una escalera mecánica en un centro comercial de la provincia de Hubei. Las imágenes, captadas por las cámaras de seguridad, abrieron los telediarios del país, aunque desde entonces parece que poco ha cambiado.

“Sí, lo recuerdo. Después de aquello hubo otro caso de un niño en Guangxi (provincia meridional de China) y otro de un trabajador de limpieza en Shanghái, que perdió la pierna”, dice Rui, encargado de mantenimiento de un centro comercial de Pekín. “Después de aquello llegó una directiva del Gobierno local pidiendo que se revisaran todas las escaleras y los ascensores del centro, pero lo cierto es que aquí solo se revisa la maquinaria cuando hay una avería”, reconoce.

Según una estimación del Ministerio de Vivienda y Desarrollo Rural y Urbano, cerca de 300 millones de chinos habrán migrado a las ciudades en el periodo 2010-2025, un éxodo que elevará la población urbana del país hasta los 900 millones de personas y que supone un desafío para las autoridades en materia de habitabilidad y servicios.

“Mientras haya corrupción en las concesiones, construir y dejar languidecer los edificios sea un negocio y la cantidad prime sobre la calidad, seguirá habiendo problemas. El día que ocurra una tragedia, cuando se venga abajo un edificio con miles de personas dentro o una estructura a cientos de metros de altura se descomponga, entonces comenzarán a pensar en si este es el modelo de desarrollo que quieren, si es así como se debe construir un país”, concluye Chen.

Fuente: ElConfidencial.com