Las horas más bajas del hijo radical de un rico promotor inmobiliario

Muchos dicen que, cerrando los ojos, a veces se puede escuchar el tono y cadencia de Andreas Papandréu en el de Alexis Tsipras. Este calco en la manera de ...

Muchos dicen que, cerrando los ojos, a veces se puede escuchar el tono y cadencia de Andreas Papandréu en el de Alexis Tsipras. Este calco en la manera de hablar podría estar muy calculado: el fundador del Pasok todavía trae para la izquierda el eco de un pasado mítico en el que se construyó el Estado del bienestar y en el que el dinero se podía gastar a manos llenas. Sin embargo, Tsipras, por el momento, está más cerca de emular al hijo, el ‘innombrable’ Yorgos Papandréu, firmante del primer memorándum y al que todo el mundo recuerda por ser el primer jefe de gobierno de la crisis.

Como le sucedió a este, a Tsipras no le gusta el momento histórico que le ha tocado vivir. En menos de quince días, este ingeniero civil de profesión cumplirá 41 años con el ‘hito’ a sus espaldas de haber encaminado a Grecia hacia el tercer rescate.

No era el sueño de un joven Alexis, nacido en Atenas en el barrio trabajador de Ambelokipi, hijo de un acomodado promotor inmobiliario, que se enroló muy pronto en los cachorros del partido comunista (KNE en griego) y fue uno de los líderes de las protestas estudiantiles de principios de los 90.

Tras pasar por la universidad, se alistó en las filas del predecesor de Syriza, Synaspismós. Fue allí donde conoció a su mujer –de facto, ya que no están casados–, Peristera Baziana. Tsipras, uno de los únicos políticos de alto nivel del mundo en declararse abiertamente ateo, lleva sus convicciones más lejos que mucha gente. Su segundo hijo se llama Orpheas-Ernesto en honor a su ídolo: el Che Guevara.

Tsipras se dirige a la multitud durante una protesta contra la austeridad en Atenas. (Reuters)Tsipras se dirige a la multitud durante una protesta contra la austeridad en Atenas. (Reuters)

Su ascenso en la pequeña coalición fue meteórico. Candidato a la alcaldía de Atenas en 2006, secretario general de Syriza en 2008, en el comienzo de la crisis, hizo crecer exponencialmente el número de votos gracias, sobre todo, a su carisma y a su mensaje antiausteridad: convirtió un partido-coalición con decenas de batallas internas en una máquina de ganar elecciones. Las primeras fueron las europeas y luego las nacionales. Triunfo tras triunfo, como un ídolo, hasta encontrar un freno repentino, en el caso de Tsipras las negociaciones de Bruselas.

Golpes físicos y morales

El periodista David Patrikarakos revelaba hace unos días una información preocupante: el primer ministro, por culpa de las duras negociaciones con los acreedores, está empezando a sufrir episodios de estrés y ataques de pánico debido a las presiones desde el otro lado, de sus ‘socios’. Prueba de eso puede ser un herpes recurrente que ya han cazado varias veces las cámaras de los medios. Lo cierto es que a Tsipras le ha cambiado el semblante sonriente de antes por uno más adusto. Las luchas intestinas de Syriza, que han puesto a la formación al borde de la ruptura, unidas a las condiciones durísimas que le han impuesto los acreedores, han terminado por minar la moral de Tsipras, que admitía en una entrevista hace dos días que tiene que ejecutar un acuerdo que no le gusta y reconocía muchos errores.

Su golpe de suerte es que mucha gente en Grecia no cree que sea él el culpable de lo que está pasando. Un 49% por ciento de los consultados en una encuesta encargada por el diario de centro izquierda To Vima piensa que la causa de las condiciones del preacuerdo es la intransigencia de las instituciones, que no entienden el problema de Grecia. Un nada desdeñable 45% cree que es culpa de la mala política del Ejecutivo.

Esto es un arma de doble filo, ya que Tsipras no puede escapar por la tangente y debe apañarse con el actual Parlamento, si bien unas nuevas elecciones le podrían dar un mandato más claro. Él mismo las ha descartado sabiendo el estado de opinión de la República. En esta encuesta se refleja que un 65% de los griegos cree que debe formar un nuevo gobierno sin disolver la Cámara, mientras que un 31% querría nuevos comicios.

Alrededor de un 51% de los consultados en este sondeo, realizado en 13 regiones del país, recibe positivamente el acuerdo entre el Gobierno heleno y los acreedores. Y un porcentaje mucho mayor dice que el acuerdo era “necesario”: un 72% frente a un 25% que no concuerda. Un porcentaje parecido al que apoya que este se apruebe en el Parlamento: 70 contra 25. Una muestra de que, a pesar del rechazo general a la austeridad, el pueblo griego está harto de la tensión y de la amenaza de la salida del euro.

Se acaba la ‘pax Tsipras’

Escenas que no ocurrían desde 2012 volvían el miércoles por la noche: cócteles molotov en la Plaza Syntagma, frente al Parlamento, lanzados por grupos aparentemente anarquistas. Y los antidisturbios respondiendo con gases lacrimógenos. Coches ardiendo y máscaras de gas han vuelto a las calles de Atenas. Cuando en enero Syriza ganó las elecciones la densidad de policías descendió. Las vallas frente a la cámara desaparecieron, era la luna de miel del Gobierno con su pueblo y había manifestaciones progubernamentales. Los acontecimientos de la noche del miércoles rompen ese pacto de no agresión: a Tsipras no solamente le debe estar doliendo el acuerdo y el desmembramiento de su partido. La calle, que hasta ahora era ‘suya’, le empieza a dar la espalda.

Agentes entre las llamas de cócteles molotov en la Plaza Syntagma de Atenas. (Reuters)Agentes entre las llamas de cócteles molotov en la Plaza Syntagma de Atenas. (Reuters)

El cambio empezaba por la mañana con su primera huelga, la primera protesta concreta contra la política de su Ejecutivo. Las manifestaciones por el ‘sí’ en el referéndum, posibles antecesoras, no tuvieron tanta carga antigubernamental. La del miércoles, por el contrario, fue una jornada de paro canónico como las que sufrieron sus antecesores en el cargo, Andonis Samarás y el propio Yorgos Papandréu. Y por la noche los disturbios, aunque aislados, que terminaron con fuego y varios detenidos.

La huelga no ha sido a gran escala, aunque sí ha implicado varios sectores importantes de la economía y servicios directamente afectados por el acuerdo. Es el caso de los farmacéuticos, ya que el acuerdo con los acreedores abre la posibilidad a vender algunos productos hasta ahora solo disponibles en las boticas en supermercados y pretende flexibilizar los criterios para abrir un establecimiento de este tipo. A estos se han unido las protestas de las asociaciones de restauradores, que se quejan por la subida prevista del 13 al 23% en el IVA a sus negocios en pleno comienzo de la campaña turística, lo que podría dañar mucho su mejor momento del año. Por último los funcionarios –a través de su sindicato ADEDY– también han ido a la huelga contra un acuerdo que consideran injusto. El tamaño del sector público es considerado desproporcionado por los acreedores, por lo que estos trabajadores, anticipando el futuro, temen que vuelvan los despidos como sucedió con el Gobierno anterior.

En un solo día Alexis Tsipras ha tenido que aprobar medidas de recortes con rebelión de los izquierdistas, ha vivido una huelga y disturbios en las calles. Demasiado parecido a los días de los ejecutivos del bipartidismo y toda una pesadilla para un seguidor confeso del Che Guevara.

Fuente: ElConfidencial.com