Los empresarios griegos avisan: “La economía no aguanta ni una semana”

Toman asiento alrededor de una mesa en el distrito pudiente de Kolonaki, a pocos metros de la plaza Syntagma. Piden ensaladas y agua mineral. Son ...

Toman asiento alrededor de una mesa en el distrito pudiente de Kolonaki, a pocos metros de la plaza Syntagma. Piden ensaladas y agua mineral. Son empresarios, financieros, grandes hombres de negocios con tanto dinero en el extranjero como intereses en Grecia. Y están muy preocupados por la situación de sus empresas después del ‘no’ en el referéndum del domingo. Con las importaciones paralizadas y la escasez de efectivo, no creen que la economía pueda aguantar ni una sola semana más.

“Las piscifactorías y las granjas de pollos son un gran sector en Grecia. Muchas están cerca de quedarse sin pienso, que importamos de fuera. Los proveedores seguirán enviando el pienso durante un tiempo aunque no se pague, pero llegará un momento en el que cortarán el grifo. Si la situación no se resuelve, se pueden perder todas las inversiones y sería una catástrofe”, describe el primero de ellos.

Al segundo le quita el sueño que el Gobierno saque adelante una medida que, se rumorea, podría cobrar cuerpo en los próximos días para aliviar la falta de efectivo. “Están valorando confiscar todo el cash que hay en las cajas de seguridad de los bancos, que es muchísimo, varios miles de millones, para introducirlo en los cajeros. A los propietarios de las cajas les harán un ingreso nominal en sus cuentas, pero como los bancos están cerrados. Es una medida extrema que te da una idea de cómo va a evolucionar esto…”, comenta.

La incertidumbre es máxima y ninguno tiene muy claro qué puede pasar en los próximos días. “Ni siquiera en el Gobierno lo saben. Lo que te puedo decir es que los propietarios de los bancos no cuentan con abrir del todo en, al menos, un mes. Eso en el mejor de los casos. Y no descartan no volver a abrir nunca”, detalla.

Los empresarios griegos avisan: La economía no aguanta ni una semana

El hilo de la conversación se traslada a la fuga de capitales. “Todos mis amigos, todos, han sacado dinero del país en los últimos tiempos porque no sabemos qué puede pasar. Pero nosotros estamos mucho más protegidos que los trabajadores. Pase lo que pase, no vamos a caer en la pobreza porque tenemos recursos fuera”, confiesa, con el postre, otro de lo comensales.

Despensas llenas por el miedo a la escasez

La preocupación en los barrios de clase media de Atenas no es ya tanto sacar el dinero de las cuentas, ya que quien más y quien menos ha aceptado estoicamente la peregrinación diaria para retirar 60 euros. Para muchos, ahora mismo lo importante es aprovisionarse por si los negocios empiezan a encontrarse con la temida escasez.

En un supermercado de un barrio periférico de Atenas la carnicera se esfuerza en parecer moderada: “En los últimos días ha venido mucha gente a comprar comida incluso para meses. La verdad es que hemos vendido mucho, mucho más”. Asegura que, en su opinión, sus esfuerzos son inútiles, porque compran productos perecederos que no les durarán mucho: leche, huevos… se nota que hay poca práctica en aprovisionarse como si estuviéramos en tiempos de guerra. Algunos clientes aseguran que, en algunos momentos del día, se han formado largas colas. Momentos en lo que, dice una mujer, es mejor no entrar al supermercado.  

“El sábado por la tarde vine a hacer la compra como hago habitualmente, pero me tuve que marchar. El súper estaba de bote en bote, y esta mañana, igual”, comenta. Sin embargo, a la hora a la que entramos en el establecimiento sólo hay algunos clientes pagando, casi sin espera.

Pensionistas griegos intentan obtener tickets de prioridad para recibir su pensión, en Atenas. (Reuters)Pensionistas griegos intentan obtener tickets de prioridad para recibir su pensión, en Atenas. (Reuters)

En ningún caso se han producido episodios de desabastecimiento, a pesar de lo que muestren algunas fotografías que circulan por internet. “Los problemas normales de todos los días”, dice una de las encargadas del supermercado, “no tenemos problemas para reponer pero, eso sí, tenemos que restituir el género más de lo normal porque algunas estanterías se vacían rápidamente”. La mujer desmiente que sufran problemas para conseguir los productos, pero augura que terminarán encareciéndose por esta tendencia a acumular alimentos que han adoptado algunos vecinos del barrio. 

Otra griega, más previsora pero también más catastrofista, explica que no compra tanta comida porque teme que Grecia se quede de repente sin electricidad. Argumenta que todo se echaría a perder en la nevera. “Lo perecedero lo compro al día, pero el resto… tengo una despensa llena”, dice con el orgullo del que va un paso por delante.

En el otro extremo, en la despreocupación, se sitúa el instructor de un gimnasio ubicado en el piso de arriba. No encuentra razones para preocuparse. Al contrario: se muestra eufórico: “Les hemos dado a esos alemanes lo que se merecían”. Él, nacido en Alemania, volvió a Grecia siendo muy joven. “Ya verán, ya verán”, repite.

El país vuelve a entrar en una semana decisiva. La mayor parte de los griegos intenta mantener el tipo, evitar ser víctimas del pesimismo. Pero lo que escasea, cada vez más, es la ilusión. 

Fuente: ElConfidencial.com