Los mercenarios vuelven a Irak

“¡El siguiente ejercicio será sobre movimiento y coordinación en combate! ¡Primero, mantened la seguridad; segundo, la precisión; y tercero, la ...

“¡El siguiente ejercicio será sobre movimiento y coordinación en combate! ¡Primero, mantened la seguridad; segundo, la precisión; y tercero, la velocidad!”. Quien da la orden es Alessandro, un contratista italiano que entrena a una tropa de veinte soldados peshmerga. Los kurdos blanden fusiles y se preparan para comenzar, corren en grupo hacia la diana de tiro mientras un vehículo Hamvee acelera en el flanco derecho. “El 90% de los enfrentamientos con Daesh (acrónimo árabe para el Estado Islámico) son sobre el terreno, en un área extensa y con vehículos”, explica Alessandro mientras el pelotón da inicio al entrenamiento.

Es jueves por la mañana, el sol arrecia sobre el antiguo aeropuerto militar de la ciudad iraquí de Kirkuk. El inmenso terreno es ahora una base de adiestramiento donde la empresa italiana APTAC instruye sobre tiro con Kalashnikov, disparo con ametralladora PKC y táctica de ataque con Hamvees. Alessandro se ha desplazado hasta Irak para asesorar a los peshmerga en su lucha contra el autodenominado Estado Islámico. “Las fuerzas kurdas tienen un gran corazón, una buena disposition, pero carecen de mentalidad militar profesional. El nivel medio es muy básico”, asegura a El Confidencial.

El exmilitar exhibe su destreza en combate, aprehendida en las guerras más sanguinarias de África y de Oriente Medio. La última misión le destinó a las aguas de Somalia, donde ejerció de francotirador antipiratería. “Hace tres meses que hemos decidido venir a Irak”, explica. Según la página web de la compañía, un curso de día TRW (Tactical Rifle Workshop, Taller de Táctica con Rifle) tiene un coste de 250 €. “La instrucción que damos a los peshmerga es de cuatro semanas”, confirma. Sin embargo, ni él ni su compañero quieren revelar quién sufraga los costes de estos caros entrenamientos. “Hemos venido aquí de manera voluntaria”, aseguran.

Daban, durante el entrenamiento (Foto: Pilar Cebrián).Daban, durante el entrenamiento (Foto: Pilar Cebrián).

Los “soldados a sueldo” en el frente de Irak

Los contratistas militares han tenido un rol fundamental en las pasadas guerras de Irak y de Afganistán, donde firmas privadas de seguridad, fundamentalmente norteamericanas, han prestado apoyo a las misiones de combate. Según publica el Departamento de Defensa de EEUU, en el mes de abril de 2015 un total de 6.300 contratistas realizaban alguna labor dentro de la operación multinacional contra el ISIS en Irak. En cambio, el número de soldados estadounidenses desplegados no supera los 3.550 (España ha enviado más de 300 efectivos).

Los ejércitos privados han vuelto a Irak tras el comienzo de la operación Inherent Resolve (misión internacional contra el ISIS). Desde hace meses, la coalición bombardea desde el aire posiciones de los yihadistas y realiza envíos de armamento, así como funciones de adiestramiento y capacitación de las fuerzas aliadas (Ejército iraquí, kurdos y asirios). Es así como empleados de empresas de seguridad han desembarcado en Irak. Sus funciones pueden ir desde el entrenamiento a labores de inteligencia, transporte, traducción o protección de consulados y embajadas. Por ejemplo, la empresa Triple Canopy defiende el consulado norteamericano en Erbil, según confirma la agencia Reuters.

Sin embargo, un halo de secretismo rodea a la figura del contratista. Pocos países y empresas hacen públicos sus sueldos y sus ocupaciones reales. La mayoría de ellos son antiguos soldados profesionales que dan el salto a la empresa privada o forman sus propias firmas de seguridad. Ahí, los salarios sobrepasan la remuneración que reciben durante el servicio militar profesional. El propio término, “contratista”, no salió a relucir hasta el incidente protagonizado por la firma Blackwater en 2007, cuando cuatro de sus trabajadores masacraron a 14 civiles iraquíes.

Un contratista de seguridad vigila junto a un vehículo calcinado tras un atentado en Bagdad (Reuters).Un contratista de seguridad vigila junto a un vehículo calcinado tras un atentado en Bagdad (Reuters).

“Disparamos en el frente”

La clave es si, ahora, su labor se limita a la asesoría y al entrenamiento. ¿Hay mercenarios occidentales en primera línea de fuego? “También disparo en el frente”, confirma a este diario un “entrenador de tácticas antiterroristas” que trabaja para una compañía del Kurdistán. Este antiguo militar alemán instruye a varias tropas de kurdos en las cercanías de Erbil. Asegura que su función es esencial en la guerra contra el ISIS. “Los kurdos no son un Ejército, por eso intentamos enseñarles a combatir de manera profesional. Es un pueblo demasiado tradicional, a veces colocan alfombras de colores en las trincheras… lo que ofrece un blanco muy fácil para los francotiradores del ISIS”, comenta. El exsoldado asegura que “la capacidad de Daesh es superior, así como su armamento”.

Pero, ¿quién financia a los llamados nuevos “mercenarios” de la guerra? Tanto la Coalición Internacional como el Gobierno kurdo cuentan con sus propias empresas de apoyo. El alemán, que combate para una compañía kurda, asegura que la iniciativa privada también está formando milicias: “A veces, cuando estoy en el frente, llega un sheikh (líder tribal) que le gusta cómo estoy disparando y me dice: ‘Oye, quiero que entrenes a mis chicos’”. Según otros contratistas occidentales, esto está “creando un mercado emergente de milicias start-up”, de aquellos que vienen de manera voluntaria para formar grupos militares clandestinos.

La capacidad de Daesh es superior, así como su armamento

“Pueden violar derechos humanos”

“Los actores privados permiten a las fuerzas armadas realizar guerras que los gobiernos no pueden”, y así los políticos pueden eludir responsabilidades, explica Sean McFate, autor del libro The Modern Mercenary (El mercenario moderno), en una entrevista a The Atlantic. El experto asegura que la implicación de “los mercenarios” está cambiando las relaciones internacionales. “Permite combatir en guerras sin dejar tu propia sangre en el tablero de juego. (…) Esto supone un riesgo moral para los legisladores, porque disminuye las barreras para entrar en un conflicto. (Los contratistas) pueden cometer violaciones de derechos humanos”, asegura McFate.

Y es que su implicación en las últimas guerras de Irak, Afganistán o Nigeria podría tener riesgos, dice, en el orden mundial. “Cualquier mercenario que ya ha combatido y trabajado anteriormente en una guerra podrá volver a casa y establecer su propia empresa militar”. Esto puede crear un “desorden duradero” ya que “un mundo con más mercenarios es un mundo en el que habrá más guerras”, concluye McFate, “porque los mercenarios se ganan la vida con ellas”.

Fuente: ElConfidencial.com