Los “niños paracaídas” de China aterrizan en California

Mientras Donald Trump y otros candidatos a la presidencia se enzarzaban en el debate de los bebés “ancla”, otro término ocupaba titulares en la ...

Mientras Donald Trump y otros candidatos a la presidencia se enzarzaban en el debate de los bebés “ancla”, otro término ocupaba titulares en la prensa local de California: “los niños paracaídas”. Se trata de estudiantes adolescentes, en su inmensa mayoría provenientes de China, que son enviados a estudiar a institutos norteamericanos, fundamentalmente en California. Su número ha aumentado de manera exponencial en los últimos años, al mismo tiempo que algunos incidentes aislados de violencia y descontrol en estas localidades, lo que pone de manifiesto la necesidad de supervisar más de cerca cómo se acoge a estos jóvenes.

“El término ‘niño paracaídas’ se acuñó en los 70, cuando muchos estudiantes taiwaneses venían a California a pasar el último año de instituto para huir el servicio militar obligatorio“, explica a ‘El Confidencial’ Joaquin Lim, fundador de una organización que ofrece servicios a estudiantes internacionales. “Pero aunque el término se acuñó entonces, no ha sido hasta hace 6 o 7 años que han empezado a llegar una gran cantidad de estudiantes de esta edad, sobre todo chinos, a California“, explica.

De los 15.000 estudiantes de instituto internacionales que vinieron a California el año pasado, 9.200 eran chinos. Viajan solos y se alojan en casas de acogida, en ciudades del Este del condado de Los Ángeles, donde la población es ya de mayoría china, como Rowland Heights, Alhambra, Monterrey Park, Arcadia, o Walnut. Numerosos centros de enseñanza privada ofrecen servicios especiales (ayuda con visados y alojamiento) a este perfil específico de estudiante; son institutos como Oxford School o Ivy League, en Rowland Heights, fundados hace dos décadas, cuyas webs están también en chino.

El ataque a Yiran Liu arroja luz sobre un mundo sin ley instalado en karaokes y teterías, donde grupos de adolescentes expatriados pasan la noche conduciendo sus MercedesCuatro alumnas “paracaídas” de Oxford School se vieron envueltas el pasado mes de marzo en un suceso que, en palabras del propio juez encargado del caso, parecía una versión contemporánea de ‘El señor de las moscas’ (donde un grupo de escolares británicos abandonados a su suerte en una isla se vuelven salvajes). Tres chicas chinas que estudian el último año de secundaria atacaron a una cuarta con un nivel de saña espeluznante (quemaduras de cigarrillo en zonas delicadas, patadas con zapatos de tacón, obligarla a desnudarse, cortarle el pelo y obligarla a comérselo). El suceso puso de relieve el problema que supone en estas comunidades la presencia de niños con vidas de adultos pero sin serlo todavía. Especialmente para ellos mismos. El testimonio de la víctima, Yiran Liu, arrojaba luz sobre un mundo sin ley instalado en karaokes y teterías chinas que se extiende por todo el Este del valle de San Gabriel, donde grupos de adolescentes expatriados pasan la noche conduciendo sus Mercedes y acostándose de madrugada entre semana.

El centro, cuya matrícula es de 12.800 dólares anuales (como muchos otros del mismo tipo), deja claro en su web a qué tipo de estudiantes están dirigidos. “Damos la bienvenida a estudiantes internacionales de todo el mundo. Nuestra secretaría se ocupa de ayudar con los formularios I-20, los seguros, matrículas y documentación”. El quinto punto de su página de preguntas más frecuentes se refiere a dónde pueden alojarse los alumnos que vienen de fuera del país: “Oxford School puede responder a solicitudes para contactar con familias de acogida. Los alumnos no pueden vivir solos“. Se han dado casos de estudiantes cuyos padres, muy bien situados económicamente, les alquilaban una casa en la que vivir solos. Pero la mayoría optan por estancias con familias que dan cama y comida y aparecen en los documentos como guardián legal a cambio de una tarifa.

Tina Chuang, una estudiante de Taiwán, en la cafetería del colegio Grant-Deuel, en Revillo, Dakota del Sur (Reuters). Tina Chuang, una estudiante de Taiwán, en la cafetería del colegio Grant-Deuel, en Revillo, Dakota del Sur (Reuters).

Sin embargo, el grado de implicación que estas familias tienen con el estudiante extranjero varía enormemente, y es uno de los factores, en opinión de Lim, que determina la experiencia. “Nosotros hacemos visitas a las familias de acogidas, nos aseguramos de que sean gente cariñosa, responsable, de que se vayan a implicar con los alumnos visitantes y que tengan preferiblemente hijos propios. Visitamos la casa, nos aseguramos de que el dormitorio donde se va a alojar el estudiante tenga su propio cerrojo”.

Para mí son como mis hijos. No solo me ocupo de su alimento físico, sino de ayudarles con los estudios”, explica por teléfono June Relova, jubilado en Murrieta, al sur de Los Ángeles, que lleva tres años como padre de acogida. Aunque las familias que acogen a los alumnos reciben un estipendio para gastos, Relova asegura que no solo no lo hace por el dinero, sino que, de hecho, acaba gastando más.

‘Deben sentirse muy solos. Establecen vínculos entre ellos, en pequeños círculos chinos, sin supervisión, sin ningún adulto a quien acudir en momentos difíciles’El primer estudiante que recibió, llamado Wisdom, llegó a California en agosto de 2013 desde Chongqing, una de las ciudades chinas más grandes. Tenía 15 años y se matriculó en décimo en el instituto público (el equivalente a cuarto de la ESO). Dos años después, sigue alojado en casa de Relova y prepara sus exámenes de último año, para poder solicitar plaza en diversas universidades de California. Como el visado solo permite estudiar un año en un colegio público, Wisdom lleva dos años en una escuela cristiana privada muy selectiva. Es domingo y responde a las preguntas por teléfono en un breve descanso de sus estudios, supervisado de cerca por Relova. “Me encanta EEUU, no fue nada difícil adaptarme”, asegura en perfecto inglés. “Me encanta esta cultura. No hubo ningún ‘shock’ cultural”.

Aunque no todos estos alumnos provienen necesariamente de familias adineradas (algunas familias invierten los ahorros de su vida en enviar al niño a estudiar fuera. “La política del único hijo hace que, además, se puedan concentrar en un solo estudiante los recursos de los abuelos paternos y maternos”, observa Relova) la moda de enviar a los hijos a estudiar a EEUU ha hecho subir el número de visas F1 que se aprueban para enseñanza secundaria. Antes, la mayoría de las visas F1 se utilizaban para la universidad. Ahora, más y más niños vienen al instituto con la esperanza de que haber estudiado secundaria en el país les sitúe por delante a la hora de entrar en la universidad. “Mi primo también va a venir a estudiar aquí”, asegura Wisdom, quien ha hecho varios amigos chinos en California. “Es algo que se ha vuelto muy popular en China. No es solo porque te haga más fácil una hipotética vida adulta en EEUU, sino también porque el sistema educativo es mejor y te prepara mejor para una profesión, aunque sea de vuelta en China”. 

Amy Wang, de China, y Tina Chuang, de Taiwán, dan una clase de coreografía a a alumnos de primaria en el colegio Grant-Deuel, en Dakota del Sur (Reuters).Amy Wang, de China, y Tina Chuang, de Taiwán, dan una clase de coreografía a a alumnos de primaria en el colegio Grant-Deuel, en Dakota del Sur (Reuters).

“Sin duda, desde hace algo menos de diez años, se ve cada vez más estudiantes asiáticos en la ciudad“, confirma Relova, que además de seguir alojando a Wisdom, ha acogido a dos adolescentes más en los últimos dos años. Para las familias, explica, es un compromiso a largo plazo. Porque una vez en el sistema americano, no es posible volver a estudiar a China a no ser que se retome la educación donde se dejó. Para los alumnos, está la presión de aprobar y sacar buenas notas para poder seguir en EEUU. “Es un sacrificio que hago con gusto”, admite Wisdom. “Estudio duro, estoy lejos de mi familia. Pero es para mi propio beneficio. Merece totalmente la pena”.

De 1.700 estudiantes en todo EEUU que en 2009 utilizaron este visado para acudir al instituto, la cifra ha aumentado a 80.000 en 2014 según datos del Consejo Regulador del Viaje internacional de estudios citados por el LA Times. De ellos, aproximadamente la mitad, según el Instituto de Educación Internacional, no acuden a través de programas anuales de intercambio (en los que un 66% son alumnos europeos) sino que vienen a graduarse. El grupo más grande (44%) del total lo forman los asiáticos y su mayor concentración (18%) se sitúa en California.

El Consejo regulador sugiere un 1% como el porcentaje ideal de alumnos internacionales en cada instituto de EEUU. En la escuela privada a la que acude Wisdom, Relova asegura que hay un límite de entre el 5 y el 10%. Pero no en otras. Los 140 alumnos matriculados en Oxford School son todos internacionales (y en su gran mayoría chinos). “Deben sentirse muy solos”, argumentó durante el juicio Rayford Fountain, abogado de una de las atacantes en el suceso de Rowland Heights, según relataba el ‘LA Times’. “Establecen vínculos entre ellos, en pequeños círculos chinos, sin supervisión, sin ningún adulto a quien acudir en momentos difíciles, que les aconseje. Esto hace que un pequeño roce pueda acabar desmadrándose hasta este punto”. Un descontrol que, en el caso de las dos jóvenes acusadas de tortura, secuestro y asalto, podría traducirse en prisión de por vida (con posibilidad de libertad provisional), ya que están siendo juzgadas como adultas. Los abogados esperaban alcanzar un acuerdo extra judicial para sus dos clientes, que están siendo procesadas además por golpear y quemar a otro adolescente en un incidente anterior.

“América es como un imán”

“Los estudiantes vienen cada vez antes, y esto les ayuda a integrarse mejor en la vida americana y a acceder con más facilidad a las universidades americanas”, concede Joaquin Lim. “Pero para que estas estancias funcionen bien es imprescindible elegir bien el colegio, elegir bien a la familia de acogida, y supervisar muy de cerca a cada estudiante. Nosotros trabajamos solo con colegios públicos. No todos son igual de buenos, pero sabes que puedes esperar unos ciertos estándares. Los colegios privados, algunos son buenos, otros no, pero hay más margen para caer víctima de timos”. Una de las mayores preocupaciones de Lim es ofrecer a los padres otros estados como alternativa a la estancia en California, para evitar colegios donde los estudiantes chinos ya puedan ser demasiados: “Es el estado dorado, aquí viven los Lakers… lo entiendo, pero hay otros 51 estados que tienen muchísimo que ofrecer”.

California es sin duda el estado donde los estudiantes extranjeros que vienen a sacarse el graduado han crecido dramáticamente“, confirma a ‘El Confidencial’ Chris Page, del Consejo Regulador de Viajes de estudios internacionales. “Nosotros trabajamos más con las visas J1, las que traen estudiantes de intercambio, y ahí sí podemos exigir que el porcentaje en cada escuela sea de un 1%. Pero no hay una restricción federal sobre el número de estudiantes con la visa F1 que pueden venir a cada colegio. Nosotros solo podemos hacer recomendaciones”.

“Es un proceso muy positivo para ambos países, que van a ser dos de los más poderosos del mundo”, argumenta Lim. “Contribuye a crear un lazo cultural. El vicepresidente chino hizo un año de instituto en Iowa, hace poco visitó a su familia de acogida. Y es muy positivo para la economía estadounidense. Me da mucha pena que un caso aislado, muy trágico, tiña el resto del fenómeno. Internet engaña, parece que es sencillo elegir una escuela… ¡pero hay miles de escuelas en EEUU! Si la familia no lo hace por el cauce legítimo, los hijos pueden acabar en un instituto que no sea el adecuado para ellos”.

Las universidades estadounidenses acogen actualmente a casi 750.000 estudiantes internacionales. De ellos, el grupo más grande es el de alumnos chinos (194.029 el último otoño). Estos jóvenes suponen una inyección para la economía estadounidense de unos 22.000 millones de dólares, lo que ha llevado al secretario de comercio internacional ha afirmar que las universidades son “la mejor exportación de EEUU“. Del millar de estudiantes que la empresa de Lim trae cada año a EEUU, el 90% se gradúa y se queda en el país para estudiar una carrera universitaria. Desde luego, es lo que Wisdom tiene planeado, y para lo que se prepara a fondo, aunque aún no está seguro de querer seguir trabajando luego en el país. “América es como un imán“, se ríe Lim. “Una vez que vienes, no te quieres marchar“.

Fuente: ElConfidencial.com