Los numerosos atentados del ISIS de los que no ha oído hablar

05.07.2016 – 05:00 H. Si usted ha visto los telediarios estos últimos días, es probable que sepa que la semana pasada tuvo lugar un ataque armado contra el ...

05.07.201605:00 H.

Si usted ha visto los telediarios estos últimos días, es probable que sepa que la semana pasada tuvo lugar un ataque armado contra el principal aeropuerto de Estambul, y otro contra un local de comida occidental en Dacca, la capital de Bangladesh. Es probable que sepa, incluso, que este domingo se produjo el peor atentado en Bagdad desde el inicio de la guerra de Irak. Y sin duda ha oído hablar de las carnicerías perpetradas en París y Bruselas durante el último año.

Es más difícil que se haya enterado de que ayer mismo se produjeron tres atentados suicidas en diferentes puntos de Arabia Saudí, entre ellos una mezquita chií y las cercanías del consulado estadounidense en la ciudad de Yeda. O que las autoridades de Kuwait aseguraron haber desmantelado una célula terrorista que planeaba operaciones en el país. O que el pasado viernes un sacerdote hindú fue asesinado a hachazos en Bangladesh. O que a finales de junio un coche bomba mató a siete soldados jordanos e hirió a otros 13, apenas unos días después de que un suicida acabase con la vida de cinco oficiales de inteligencia en ese mismo país. O que a mediados de ese mes, un grupo militante de Filipinas que ha cambiado sus lealtades de Al Qaeda al Estado Islámico decapitó a un rehén canadiense. O que una célula de un grupo de Kenia estaba tratando a toda costa de lanzar un atentado masivo con ántrax contra civiles. 

La realidad es que el número de incidentes y atentados relacionados con el ISIS no ha dejado de crecer desde la aparición del grupo. Las listas elaboradas por El Confidencial a partir de fuentes abiertas revelan una treintena de ataques considerados ‘menores’ -es decir, que no han atraído el interés de los medios ni del gran público-, así como 16 intentos frustrados o tentativas fallidas, tan solo en lo que va de año. La mayoría no han encontrado hueco en la prensa internacional, sin que haya otro motivo que la mera imposibilidad de informar debidamente de todos estos episodios sin saturar al lector o espectador.

Restos de una mezquita chií de Bagdad tras un atentado en febrero de 2016. (Reuters)Restos de una mezquita chií de Bagdad tras un atentado en febrero de 2016. (Reuters)

El análisis de los datos, sin embargo, aporta algunas conclusiones interesantes. En primer lugar, está su naturaleza sectaria: a diferencia de unos pocos ataques suicidas o vehículos bomba dirigidos contra objetivos de naturaleza militar en países como Yemen y Libia, la gran mayoría de estos atentados han tenido lugar contra templos y lugares de concentración chiíes o alauíes (considerados herejes por la mayoría de los radicales suníes), o contra miembros de otras religiones, como cristianos o hinduistas. El grueso de estos ataques ha tenido lugar en Oriente Medio y el sur y sureste de Asia, pero también se han producido varias tentativas contra lugares de culto judíos en Europa.

Influencia a través de las bombas

En segundo lugar, la distribución geográfica muestra que los atentados más sanguinarios se producen en aquellos países donde el ISIS lucha por establecer una presencia importante, o por mantenerla: Irak, donde se enfrenta a una pérdida constante e inexorable de territorio, Yemen, Arabia Saudí, Turquía y, cada vez más, Bangladesh.

Un soldado monta guardia tras la explosión de un coche bomba en Adén, Yemen, el 1 de mayo de 2016 (Reuters)Un soldado monta guardia tras la explosión de un coche bomba en Adén, Yemen, el 1 de mayo de 2016 (Reuters)

Cabe además hacer una distinción dependiendo del tipo de ataques: en aquellos países donde el control de las autoridades es menor, los militantes tienen mayor capacidad para fabricar explosivos más potentes y contundentes. Los vehículos bomba de los yihadistas proliferan en Irak, Yemen, Libia o la provincia egipcia del Sinaí, pero no en Turquía o Indonesia, donde los suicidas deben limitarse al uso de chalecos explosivos. La semana pasada, el ISIS anunció la existencia de “unidades encubiertas” en siete países donde sus redes no pueden operar libremente debido a la presión de las autoridades. Jordania ha logrado abortar varias tentativas en el interior del país, aunque sus fuerzas de seguridad desplegadas en la frontera con Siria han demostrado ser vulnerables al hostigamiento del ISIS desde el país vecino. En otros puntos, las acciones terroristas han sido llevadas a cabo con rifles kalashnikov, pistolas e incluso cuchillos, un ‘modus operandi’ menos letal, pero más probable cuanto más eficaces son los sistemas de información del Estado en cuestión. 

Destaca además la variedad geográfica de los ataques: en 2016 se han producido incidentes en todos los continentes, en medio centenar de países, de EEUU a Kazajistán. Si además revisamos los dos años anteriores, podemos incluir en la lista de afectados a países como Canadá, Australia, Dinamarca y gran parte de África. Se cree que el Estado Islámico ha estado buscando la manera de atentar contra los Juegos Olímpicos de Brasil, en lo que podría ser la primera gran operación de esta organización en suelo latinoamericano.

Puestos en conjunto, los datos, como se ve, son muy reveladores acerca de la agresiva estrategia de expansión del grupo, que cada vez recurre menos a la persuasión y el ‘soft power’ y más al terrorismo para ganar influencia. Tampoco hay que entrar en pánico: el número de víctimas de estos ataques es muy escaso en términos porcentuales, y ciertamente manejable sin grandes traumas para la mayoría de las sociedades. No obstante, conviene ser conscientes del grado de amenaza que supone el Estado Islámico no ya para los países occidentales, sino también, y sobre todo, para otras regiones de (casi todo) el planeta

Fuente: ElConfidencial.com