Los soldados del fútbol de Putin

17.06.2016 – 05:00 H. Viéndolos gritando en la grada, lanzando objetos en las calles y cantando estrofas racistas resulta complicado averiguar qué mueve ...

17.06.201605:00 H.

Viéndolos gritando en la grada, lanzando objetos en las calles y cantando estrofas racistas resulta complicado averiguar qué mueve los violentos hinchas rusos a malgastar un visado Schengen en una batalla campal que durante los últimos días de la Eurocopa 2016 ha acabado en comisaría en decenas de casos.

Quieren una Rusia grande de rostros blancos, sin ojos rasgados ni pieles morenas. Batallan para que el Gobierno ruso no prohiba la cerveza en las instalaciones de su próximo Mundial. Y se ven como la avanzadilla de un país heroico en una Europa debilitada por el liberalismo y la homosexualidad.

El incidente más violento ocurrió en Marsella durante el fin de semana cuando simpatizantes rusos atacaron a hinchas ingleses. Rusia fue multada (150.000 euros) y amenazada con una descalificación, lo que significa que el equipo sería expulsado del torneo si sus seguidores crean más disturbios dentro de los estadios. Este ‘despido’ de los rusos sería un monumental traspiés para un país que va a acoger el siguiente Mundial de Fútbol en 2018. La Copa del Mundo se decidirá en 12 estadios de 11 ciudades rusas, Moscú, San Petersburgo, Kaliningrado, Kazán, Volgogrado, Nizhni Nóvgorod, Samara, Saransk, Ekaterimburgo, Rostov del Don y Sochi.

Las tensiones acumuladas entre Rusia y Occidente (principalmente por la actitud de Moscú en Ucrania pero también por la rivalidad en el conflicto sirio y por su influencia en Europa Central) se han trasladado al ámbito deportivo, donde Moscú hace tiempo que se siente maltratada.Un gran interrogante se cierne sobre la convocatoria futbolística de 2018 en Moscú y otras ciudades rusas. “Las autoridades de Rusia están poniendo en marcha un modelo de seguridad”, ha dicho la FIFA intentando tranquilizar a los medios. Pero la reputación de Rusia potencia deportiva lleva ya muchos meses sufriendo: el país está en la picota por los escándalos de dopaje de sus atletas, unas trampas que algunos medios como el ‘The New York Times’ han calificado como tramas orquestadas con ayuda del Estado ruso. Esta semana es decisiva para saber si los atletas rusos pueden tomar parte en los Juegos Olímpicos de Río. Y mientras tanto sigue la investigación sobre si la elección de Rusia como sede del próximo mundial de fútbol fue limpia o no.

Los cánticos racistas que han resonado en Francia estos días son habituales en muchos países, entre ellos Rusia, donde incluso se lanzaron plátanos a un jugador del Zenit de San Petersburgo, que habitualmente es recibido con gruñidos de mono.

Hinchas rusos en la puerta de un bar poco antes de que la prohibición de vender alcohol se haga efectiva en Lille, Francia (Reuters).Hinchas rusos en la puerta de un bar poco antes de que la prohibición de vender alcohol se haga efectiva en Lille, Francia (Reuters).

Moscú no se ha quedado de brazos cruzados. El Parlamento ruso está tramitando un proyecto de ley que obliga a organizadores de eventos deportivos a comprobar en la web del Ministerio del Interior los datos de hinchas a los que los tribunales hayan prohibido la asistencia a los encuentros oficiales: deberán impedir su acceso a las gradas aunque tengan entrada. Esto supondrá una pérdida económica para los clubes, que con frecuencia pasan apuros para lograr llenar dignamente el graderío, “pero la seguridad es lo más importante”, ha dicho Dimitri Svishchev, jefe del comité parlamentario dedicado a los deportes, a la agencia R-Sport.

El fiscal general de Marsella ha dicho que algunos de los rusos detenidos habían sido entrenados para pelear. Aunque Moscú ha condenado los incidentes, desde la élite rusa han llegado algunas palabras de aliento para los energúmenos eslavosBrian Glanville, analista deportivo en ‘Worldsoccer’ cree que el evento puede convertirse en “un desmadre de hooligans con muertes y todo”. Por eso Rusia está en un cruce de caminos. Por un lado quiere abrirse a los visitantes, rebajar las barreras burocráticas que encorsetan su sector turístico. Pero la invasión de hinchas violentos (ingleses, rusos, turcos y de otros países) que ha sufrido Francia estos días supone un toque de atención.

El vicepresidente del Gobierno ruso, Arkadi Dvorkovich, ha recordado esta semana que la exención de visados prometida por Rusia para el Mundial 2018 no excluye la anunciada idea de redactar listas de hinchas violentos. En total, la policía francesa ha arrestado a más de 300 personas desde que la Eurocopa comenzó. El fiscal general de Marsella ha dicho que algunos de los rusos detenidos habían sido entrenados para pelear.

Aunque Moscú ha condenado los incidentes, desde la élite rusa han llegado algunas palabras de aliento para los energúmenos eslavos. Igor Lebedev, un diputado nacionalista y conservador que ocupa una de las vicepresidencias del Parlamento ruso, escribió en su perfil en las redes sociales: “No veo nada de malo en que los hinchas peleen. Al contrario, ¡seguid!”, dijo animando a nuevas gestas radicales sobre el asfalto ajeno.

Hinchas rusos sospechosos de estar involucrados en los enfrentamientos, en Mandelieu, cerca de Cannes (Reuters).Hinchas rusos sospechosos de estar involucrados en los enfrentamientos, en Mandelieu, cerca de Cannes (Reuters).

Lo más pertubador ha sido la detención de Alexander Shprygin (o Sasha, como le llama el presidente ruso, Vladimir Putin, en confianza), un famoso líder de los hinchas rusos que ha sido vinculado con posturas de extrema derecha. Circulan fotos suyas con el presidente, y también ha sido fotografiado haciendo el saludo nazi: una mezcla de documentos algo incómoda para el Kremlin, que suele repartir lecciones de antifascismo. Shprygin fue uno de los 43 detenidos el pasado martes tras los violentos incidentes entre hinchas rusos e ingleses en Marsella.

“Los integrantes delegación de la Unión de Hinchas de Rusia pasó más de 24 horas bajo arresto. Veinte personas fueron liberadas y otras veinte, incluyendo al jefe de la delegación, Alexander Shprygin, fueron llevadas a un centro de deportación, donde serán expulsados de Francia en el plazo de cinco días”, explicaba ayer la Unión de Hinchas de Rusia en su página web.

Los arrestos hicieron reaccionar al Gobierno ruso, que convocó al embajador francés en protesta. Un comunicado del Ministerio de Exteriores pidió “no exacerbar aún más los sentimientos antirusos”.

La organización que lidera Shprygin es apoyada por el Kremlin, que a partir de ahora deberá elegir entre el eslavismo recalcitrante o el imperio de la ley y el orden que se espera de un país anfitrión de un mundial. Quedan dos años para borrar las manchas de anabolizantes y el amargo regusto nazi de la violencia en las calles francesas.

Fuente: ElConfidencial.com