Los tropiezos de Torres siguen siendo milagrosos para el Atlético de toda la vida

01.04.2017 – 22:48 H. La memoria es fuerte en el fútbol. Hay tantos partidos a lo largo de la temporada y equipos tan reconocibles que es difícil que la ...
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01.04.201722:48 H.

La memoria es fuerte en el fútbol. Hay tantos partidos a lo largo de la temporada y equipos tan reconocibles que es difícil que la sensación de ‘deja vu’ no aparezca de vez en cuando. El caso con el Atlético de Madrid es evidente. El intento de hacer un equipo más florido, con un fútbol más combinativo, ha estado ahí durante todo el año pero, de vez en cuando, rebrota lo que el aficionado entiende como la esencia de Simeone, que no es otro estilo que aquel que les dio una Liga hace no tanto tiempo.

A Simeone, en sus principios, se le criticaba por cicatero, por firmar el 1-0 en cada encuentro. La efectividad sacando partidos por la mínima fue la clave del éxito, en los días dorados y, también, este sábado en Málaga. Había partidos aburridos, este sin duda también lo fue. En mucho de ellos el equipo renunciaba voluntariamente al dominio del balón para controlar el juego, que no es necesariamente lo mismo. El Altético, en ocasiones, hace control de daños, calcula lo que necesita para defender su puerta y, también, lo poco que requiere para hacer daño.

Alonso Castilla

Con el Real Madrid y otros grandes pendientes de su futuro, Theo Hernández estima que si se integra la próxima temporada en la plantilla de Simeone, Filipe Luis le quitaría protagonismo

En cuanto llega el gol ese dominio viscoso se extrema. Es uno de los equipos más difíciles de remontar del mundo. Todos tienen claras sus funciones y las desarrollan con una disciplina castrense muy del gusto de Simeone. Porque el entrenador puede entender un fallo técnico, pero nunca aceptará que el jugador no se rompa el pecho buscando el balón. Sus mayores problemas con jugadores han venido por ahí, él no acepta divas, prefiere a los obreros cualificados.

Ese Atlético siderúrgico ha ido modificándose con el paso del tiempo. En parte por conveniencia, a veces por necesidad. Lo primero, quizá lo más importante, es que el éxito dio presupuestos más holgados para fichar y mantener jugadores. Se convirtió el club, además, en un destino preferente para grandes jugadores, pues más allá del dinero es importante poder ofrecer éxito para convencer a un futbolista de élite de que se enrole en tu proyecto. Carrasco, Gaitán, el propio Griezmann, Correa… jugadores que en otro tiempo igual hubieran recalado en otro equipo y que ahora ven en el Atlético el destino perfecto.

No todo ha sido un camino de rosas en la secretaría técnica. Si bien han tenido más dinero disponible para desarrollar su función, en las últimas dos temporadas han errado encontrando el delantero perfecto. El Atlético primigenio, el de la Liga, tenía a Diego Costa, que resolvía sin pensarlo mucho y cumplía la necesidad de gol de un equipo que aspira al 1-0, que es más bien escasa. Y si no era él ya había un remate de cabeza. Ahora la capacidad de un solo miembro del equipo de dar la vuelta a un encuentro es menor, pero coralmente el equipo tiene más recursos para encontrar la jugada que dé la respuesta.

Los tropiezos de Torres

Contra el Málaga la solución vino, en ambos goles, de los pies de Torres, probablemente el jugador que mejor se tropieza en la Liga española. Es un delantero potente, con una magnífica zancada, de los que aterra a los defensas, que siempre temen la arrancada porque puede dejar en ridículos a quienes no son velocistas. El de Fuenlabrada, leyenda atlética y jugador de importancia en la historia de España, nunca fue el más hábil. Son incontables las veces en las que se dejó el balón atrás en la carrera o se trastabilló cuando llegaba el momento de la verdad. Menos que las que acertó, sí, pero más que otros delanteros de relumbrón.

En ocasiones, sin embargo, vale con un tropiezo para desestabilizar un partido. El gol de Koke es un ejemplo de ello. Torres está en la frontal del área, con esas piernas larguísimas que le señalan, dos centrales del Málaga le acechan, él arrampla con ellos y no pasa de su posición… pero el balón sí. Dos centrales menos y un balón en franquía para el mediocampista madrileño, que con un sutil toque superó al portero.

Y el de Filipe, el que sentenció el partido, algo parecido. Un poco más escorado, pero la misma potencia, el mismo jugador que enfila a su rival, el mismo descontrol que hace que no se lleve el balón limpio pero que quede rondando por el área a la espera de que alguien aproveche esa situación de peligro. Esto de saber caerse también es un arte, aunque no es probable que lo empiecen a enseñar en las escuelas futbolísticas.

Gonzalo Cabeza

Torres jugó contra el Sevilla después de que el técnico impidiese su reaparición contra el Leverkusen. Son dos emblemas rojiblancos, lo que a veces obliga al aficionado a tener que elegir

Partidos como este le mantendrán toda la vida en el Atlético. El corazón de la grada ya lo tiene, siempre ha estado de su lado, pero también necesita que el fútbol no se le vaya. Quizá ya no vale para jugar todos los partidos de titular, así lo entiende también su entrenador, pero con el arte del tropiezo y todo lo demás, tiene un hueco en el arsenal de un equipo cuyas aspiraciones deportivas están disparadas. La base de todo fue aquella buena defensa, un arma efectiva que, a veces, valía tanto para ganar como para amodorrar al respetable.

Van saliendo las cosas, que hace semanas no parecían tan plácidas. El equipo ya no piensa en la cabeza, pero sí en el tercer puesto. Han visto como temblaban las piernas del Sevilla y se han tirado a por ello, no quieren dejarlos escapar. Quitarse la ronda previa de Champions es esencial para el Atlético, especialmente en un año de mudanza.

Fuente: ElConfidencial – Deportes