Maduro rompe un tabú de Chávez: recorrido por las gasolineras de Caracas

19.02.2016 – 05:00 H. “Es una grosería vender la gasolina como la estamos vendiendo. Mejor sería regalarla”. Lo dijo el presidente Hugo Chávez en ...

19.02.201605:00 H.

“Es una grosería vender la gasolina como la estamos vendiendo. Mejor sería regalarla”. Lo dijo el presidente Hugo Chávez en 2007, cuando jugaba con la idea de subir el precio de la gasolina más barata del mundo. Pero nunca lo hizo. A pesar de tener más popularidad en su día que la que hoy tiene Nicolás Maduro, nunca se atrevió. El pasado miércoles, en cadena nacional, y después de 3 horas y media de un discurso que se alargó por 2 horas más, Nicolás Maduro anunció el aumento de la gasolina porcentualmente más alto de la historia de Venezuela, un 1.328% para la de 91 octanos y 6.085% para la de 95.

En el caso de la gasolina de 91 octanos pasa a costar de Bs 0,070 a Bs 1 y la de 95 octanos, de Bs 0,097 a Bs 6. Pero no dejará de ser la gasolina más barata del mundo y llenar el tanque completo seguirá siendo más barato que un almuerzo sencillo. Por ejemplo, para un coche tipo turismo, variará entre Bs 38 (gasolina de 91 octanos) a Bs 228 (de 95). En este caso, incluso más barato que una botella de refresco.

Al poco de hacerse el anuncio, a las 5.30 de la tarde (hora de Caracas), eran muchas las gasolineras que ya tenían colas de coches esperando para tener la últimatanqueadita barata”, a pagar con el billete de menor denominación del país -con el que ya no se compra ni un caramelo-, en el peos de los casos. Por la mañana, Caracas presentaba un cuadro similar. En gasolineras de toda la ciudad, coches y coches en fila para una inversión que no durará muchos kilómetros.

‘No es suficiente el aumento. Según los cálculos de PDVSA, se sigue produciendo a pérdida’, dice Luis Oliveros, economista“Vine a llenar el tanque porque, bueno… Para aprovechar. Igual tampoco la subida es mucha, deberían haber subido más”, cuenta Pedro, dentro de su camioneta, esperando en una gasolinera del este de Caracas. Vanessa va a echar gasolina porque ya le tocaba, ve bien el aumento, “aunque deberían aumentarla más de modo progresivo y ver dónde van esos reales, porque hay mucha ‘mano pelúa’ (que roba, que hace trampas) en el Gobierno”.

Mariam trabaja en otra gasolinera. Cuenta que en la mañana llegaron muchos más coches que de costumbre y que todos preguntan lo mismo, que cuándo aumentan. El presidente Nicolás Maduro anunció que este viernes se haría efectiva la medida. Pero no dijo nada de algunas consecuencias “invisibles” que tendrá. Marian, como todos los ‘bomberos’ (asistentes de gasolinera) del país, redondea su salario con las propinas. “Me puedo hacer al día 700 bolos”, dice. Eso, que al día no supone sino un almuerzo, al mes puede llegar a ser Bs 14.000, más que el nuevo monto del salario mínimo que también el presidente anunció en cadena nacional y que pasará los 11.500 bolívares. “Ahora seguro que las propinas bajan, la gente no deja tanto porque tiene que pagar mucho más”, dice. Para hacernos una idea, ahora es como esperar la vuelta de 10 céntimos de euro. Con el aumento, la de 2 euros.

En una gasolinera del oeste de Caracas trabaja Roberto. Él hace al día Bs 1000 de propina. Además de este sobresueldo, le preocupa la posible escasez que haya. “Como la gasolina de 91 octanos es tan barata, la gente va a querer echar de esa. Y de esa es la que menos hay”, pronostica.

Un grupo de transportistas discute sobre el aumento, si es bueno o no. Y las opiniones están divididas. Hay quien dice que “es insuficiente, todavía sigue siendo demasiado barato y que eso no soluciona nada”. Otro le contesta que “el aumento se debería haber hecho hace años, no ahora, en plena crisis. Es un golpe más”. Aunque todos coinciden en algo, en que no repercutirá a nivel social al venezolano: “ya estamos demasiado golpeaos con otras cosas”.

Nicolás Maduro dijo que el aumento sería para ayudar a sanear la economía de PDVSA, la petrolera del Estado, y pagar la producción de la gasolina. Pero añadió que los fondos recaudados irán al Fondo de Misiones, creado mediante Ley Habilitante en 2014. No queda claro cómo será el reparto, ni si el dinero para misiones se empezará a destinar desde el momento cero del cambio de precio.

Un trabajador en una instalación operada por la estatal PDVSA, en Morichal.(Reuters)Un trabajador en una instalación operada por la estatal PDVSA, en Morichal.(Reuters)

No es suficiente el aumento. Según los cálculos de PDVSA, la producción de un litro de gasolina está en 1,87 bolívares, por lo que la de 91 octanos se sigue produciendo a pérdida. La de 95 sí da ganancia, pero que haya precios tan diferenciados va a generar un movimiento de demanda hacia la de menor octanaje. Es un error esta diferencia porque genera más distorsión en el mercado”, dice a El Confidencial Luis Oliveros, economista.

Aún así, el también experto en comercio de petróleo ve como una buena noticia este aumento. “Esperemos que el destino de los ingresos sea PDVSA y hay un destino óptimo. Del Fondo de Misiones no se ha aclarado mucho, no se sabe quien lo maneja, cómo o a quién irá”.

Sobre este fondo, Oliveros opina que es posible que se haya anunciado para aumentar el colchón del golpe del aumento de la gasolina, mentalmente hablando, para amortizar el miedo a un estallido social. Aún así, dice que es improbable que la violencia se desate como en El Caracazo. “Arrancó a partir de la sumatoria de muchas cosas, pero quedó en la mente de la gente. Ahora la gente está con otros muchos problemas como para pensar en el aumento”.

Un miedo político y social

Sobre el aumento de la gasolina pesa el fantasma del Caracazo, el estallido social que se dio el 27 de febrero de 1989, duró varios días y dejó decenas de muertos y desaparecidos. En el imaginario colectivo quedó que fue el aumento de la gasolina del 100% propuesto por el entonces presidente Carlos Andrés Pérez en su segundo mandato (CAP II), lo que originó estas revueltas.

Siempre, en cada una de las alocuciones de Maduro donde se juntaban las palabras gasolina y aumento, mucho temple, mucha palabra de por medio. Como quien no quiere despertar a un titánLa medida no fue la única. Vino acompañada de un paquete de medidas que eliminaban los controles estatales y los subsidios. A todo esto se le llamó “El gran viraje” y, además de tener consecuencias nefastas en la sociedad venezolana, debilitó políticamente a Pérez, que en 1992 sufrió dos golpes de Estado. Uno de ellos, el 4 de febrero, aquel día de plomo en el que un desconocido teniente coronel, rendido, pero sin esposas, limpio y pulcro, con verbo claro y ante las cámaras de televisión, dijo aquello de “lamentablemente, por ahora los objetivos que nos planteamos no fueron cumplidos”. En 1999 sería presidente del país.

Aunque los políticos se han encargado de recordar 1989 como el del aumento de la gasolina y son muchos en la calle los que al hablar del tema recuerdan el Caracazo; después de él hubo otro aumento. El último hasta ayer. Hace 20 años, con el entonces presidente Rafael Caldera, se impuso la “Agenda Venezuela”, donde se dispuso que la gasolina aumentaría de modo progresivo desde el momento de su aplicación, en 1996, hasta alcanzar un incremento del 550% en 1998. Entonces no hubo estallido, a pesar de que las condiciones financieras y políticas no eran estables y la inflación rondaba el 103%, bastante alejado del 180% develado hoy por el Banco Central de Venezuela para el cierre de 2015.

Tanto era el temor, que el tiempo desde que Maduro dejó asomar por primera vez la medida hasta que la ha tomado ha sido de un año y medio. En diciembre de 2013, el entonces ministro de Energía y Petróleo y presidente de PDVSA Rafael Ramírez decía que el aumento debía ser del 2600%. “PDVSA paga para que la gente eche gasolina”, dijo. En esos momentos, si se preguntaba a la gente del PSUV, decían que era una “medida neoliberal”. Incluso antes, en 2012, hubo quienes atacaron fuertemente a Henrique Capriles, entonces candidato presidencial, diciendo que si ganaba la Presidencia subiría el combustible y traería un “paquetazo neoliberal”.

No fue hasta julio de 2014 cuando empezaron a cambiar las opiniones dentro del PSUV. Y tuvo que ver con la celebración de su III Congreso. En una de sus sesiones, y a puerta cerrada -cual XX Congreso del PCUS-, se dijo que habría que tomar medidas para ayudar a la gobernabilidad del país. Palabras más, palabras menos, el barco hacía aguas y había que seguir a flote. Si al iniciar el Congreso, la medida no gustaba, al terminar, todos repetían como mantra aquello de “no podemos seguir regalando la gasolina, cuesta menos que una botella de agua, gastamos más que Brasil”.

Un empleado de una gasolinera de PDVSA cuenta billetes, en Caracas, el 17 de febrero de 2016. (Reuters)Un empleado de una gasolinera de PDVSA cuenta billetes, en Caracas, el 17 de febrero de 2016. (Reuters)

El 15 de julio de 2014, Nicolás Maduro anunciaba vía Twitter que en su programa semanal de radio y televisión iba a anunciar “un sacudón de la revolución dentro de la revolución”. El sacudón no quedó ni en temblor y no dijo nada sino casi hasta un mes después, el 23 de agosto de 2014, cuando dijo de la necesidad “de un debate sin complejos” para aumentar la gasolina.

Se hicieron campañas en televisión, en los programas de la cadena estatal se empezó a ver la directriz de opinión. En pocos meses, un pueblo que solía decir que el aumento traería un estallido social, repetía eso de “no podemos seguir regalando la gasolina, cuesta menos que una botella de agua, gastamos más que Brasil”.

Pero de nuevo quedó el tema en el olvido y fuera del debate político. Hasta que el 21 de enero de 2015 y frente a la Asamblea Nacional -aún con mayoría chavista-, el Presidente llamó a los sectores del país a debatir el precio y “definir una tabla de costo justa y equilibrada para obtener recursos para el pueblo”. Entonces ya dijo que el dinero sería para el Fondo de Misiones. Y siempre, en cada una de las alocuciones donde se juntaban las palabras gasolina y aumento, mucho guante de seda, mucho temple, mucha palabra de por medio. Como quien no quiere despertar a un titán.

Pasó 2015 y tampoco vino el aumento. Y llegó 2016, con Asamblea nueva ante la que Maduro también habló. El incremento ya era “inevitable”. Durante el anuncio del miércoles, Maduro dijo que no lo hicieron el año pasado porque tenían informaciones de que, al hacerlo, había preparados grupos de “guarimberos” (palabra asociada a protestantes de la oposición) para alterar el orden. No mostró pruebas. Aunque a ciencia cierta se sabe que esa medida, impopular, era mejor no tomarla en año electoral.

Fuente: ElConfidencial.com