Malasia, el país de las detenciones arbitrarias que incluyen a españoles

07.01.2016 – 05:00 H. Sara estaba de vacaciones en Malasia el pasado mes de agosto cuando le propusieron un plan diferente a los circuitos turísticos: un ...

07.01.201605:00 H.

Sara estaba de vacaciones en Malasia el pasado mes de agosto cuando le propusieron un plan diferente a los circuitos turísticos: un festival alternativo en la capital Kuala Lumpur. Lo que empezó como una interesante opción de ocio terminó en un arrestro de tres días en una comisaria malasia. El eslogan del festival, “Party today, revolution tomorrow” (Fiesta hoy, revolución mañana), tuvo buena parte de culpa. Un lema demasiado provocativo para un país que ha endurecido durante el último año su política de represión contra cualquier conato de activismo o de oposición política.

Junto a Sara, otras 162 personas fueron arrestadas ese 28 de agosto. Durante los tres días siguientes, esta española de 32 años tuvo que dormir en el suelo de una incómoda celda, fue interrogada varias veces y vigilada continuamente, incluso para ir al baño o para cambiarse las compresas higiénicas para la regla. “Teníamos que cambiarnos en frente de las oficiales mujeres. Me dolió el cuerpo durante varios días, desde las caderas a los huesos de la cabeza y tenía más picaduras que en la jungla. Siempre [nos daban de comer] arroz con pez seco”, cuenta.

Malasia ha implentado durante décadas leyes para restringir la libertad de expresión, que está supuestamente protegida por la Constitución, pero activistas y organizaciones de derechos humanos aseguran que el declive en libertades ha sido pronunciado durante el último año. “La libertad de expresión y de asamblea en Malasia están actualmente bajo ataque debido a la existencia de leyes amplias y vagas que el Gobierno puede utilizar para arrestar, investigar y enviar a prisión a sus críticos”, aseguró Human Rights Watch en un informe publicado a finales de 2015.

El grupo de defensa de los derechos humanos Suara Rakyat Malaysia (Suaram) ha calificado por su parte a Malasia como un ‘estado policial’. “La sociedad malasia se está convirtiendo rápidamente en una distopía orwelliana en la que etiquetas como ‘moderados’, ‘extremistas’ o ‘seguridad nacional’ se han convertido en relativas e imprecisas, según en la definición que les dé el Estado y los jueces”, afirmó la organización en un comunicado.

Durante décadas, el Gobierno se ha apoyado en la armonía entre etnias para restringir algunas libertades básicas en el país. Malasia es un país multiétnico donde conviven una mayoría musulmana de etnia malaya, muy protegida social y económicamente por la legislación, con los descendientes de los inmigrantes chinos e indios traídos por los colonizadores británicos. En 1969, las tensiones entre grupos estallaron y las violentas protestan se cobraron al menos 200 víctimas.

Un seguidor del grupo prodemocrático Bersih durante una marcha de protesta en Kuala Lumpur, en agosto de 2015 (Reuters).Un seguidor del grupo prodemocrático Bersih durante una marcha de protesta en Kuala Lumpur, en agosto de 2015 (Reuters).

Sin embargo, los activistas aseguran que este nuevo recorte de libertades se debe más a razones políticas. De hecho, el primer ministro Najib Razak fue en un primer momento un defensor de la libertad de expresión. Durante su primer mandato, entre 2009 y 2013, el Gobierno abolió varias leyes represivas, incluida el Acta de Seguridad Interna, que permitía arrestos extrajudiciales. En su campaña electoral de 2013, Najib prometió además seguir derogando otras leyes similares.

Las críticas al primer ministro, acusado de desviar dinero de un fondo cuyo objetivo era convertir Kuala Lumpur en una plaza financiera internacional, están detrás del endurecimientoEl partido de Najib, el UMNO, que ha dominado la política malasia desde la independencia, obtuvo entonces los peores resultados electorales de su historia, mientras la oposición en la calle se multiplicaba. El mismo festival al que acudió Sara se organizó dos días antes de que una gran manifestación organizada por el movimiento ‘Bersih’ (limpio en el idioma malayo), sacara a las calles a miles de personas para protestar contra el Gobierno.“Fuimos el día menos oportuno, la moneda de Malasia ha caído un montón y el país está que trina. Hay manifestaciones y protestas a saco. Y nosotros no teníamos ni idea, estuvimos en Malasia menos de una semana”, cuenta Sara.

Las críticas al primer ministro, que ha sido acusado de desviar dinero de un fondo financiero cuyo objetivo era convertir Kuala Lumpur en una plaza financiera internacional, similar a Singapur, ha sido otra de las razones que han llevado al endurecimiento de las restricciones, dice Human Rigths Watch.

Un ley draconiana heredada de los británicos

Sara fue arrestada, entre otros cargos, bajo la draconiana Ley de Sedición, una legislación heredada de la época colonial británica que pena cualquier supuesta insurrección contra la autoridad. La legislación, sin embargo, no define con claridad qué significa la palabra sedición y habla de delitos como promover la “desafección contra el Gobierno” o “la hostilidad entre razas”.

Esta imprecisión ha sido utilizada por el gobierno para arrestrar de forma indiscriminada a miles de opositores políticos. “En el último año más de 100 personas han sido detenidas bajo la ley de sedición”, asegura María Chin, presidenta el movimiento ‘Bersih’. “Es un atropello total a los derechos humanos”. La ley de sedición no ha sido, sin embargo, la única que ha utilizado el Gobierno para atacar a sus oponentes. Uno de los casos más conocidos es el del líder de la oposición Anwar Ibrahim que el pasado mes de febrero fue condenado a cinco años de prisión por sodomía, algo que está también penado por las leyes del país. El arresto fue considerado por Grupo de Trabajo perteneciente al Alto Comisionado para los Derechos Humanos como “arbitrario”. Otros arrestos similares han sido sufridos por dibujantes y académicos, después de que el gobierno endureciera la ley de sedición el pasado mes de abril.

Mientras, Sara se ha quedado con un recuerdo amarga de Malasia. “Era como la quinta vez que iba a Malasia y siempre había ido bien. De hecho lo consideraba mi país favorito hasta que viví en Japón”. De la comisaría fue directamente al aeropuerto, sin que nadie le diera explicaciones de por qué había pasado tres días en una celda malasia por asistir a un concierto.

Fuente: ElConfidencial.com