Marcelo, el arma secreta contra Simeone está con la pólvora mojada

publicado por
ElConfidencial Noticias avatar photo
hace karma
0,10

Lisboa, año 2014. La primera mitad se juega en los términos futbolísticos del Atlético de Madrid. Un partido táctico, trabado, con poca vida y con un gol de premio, Iker Casillas mediante. Todo está saliendo conforme al plan del Cholo Simeone, que cada vez ve más cerca la primera Champions del Atlético. En el segundo tiempo el Madrid coge el balón, tiene que ser así, al fin y al cabo se están jugando el premio más gordo. Pasan los minutos y el dominio no parece ser fructífero. Entonces Ancelotti se vuelve al banquillo y con la mirada encuentra a Isco y a Marcelo. Entran al campo, cambia la dinámica. Sí, todo esto termina en la épica de un cabezazo, pero no se hubiese llegado a ese punto si los blancos no hubiesen empezado a asediar el área del Atlético.

Isco, que encuentra los pases. Marcelo, que es Marcelo. Probablemente el jugador más doloroso para Simeone, el único que le sobrepasa una y otra vez. El brasileño es el antídoto perfecto a la cholina, aunque solo sea porque es un futbolista indescifrable. El orden táctico se basa en la previsión, en saber por qué zonas jugará cada uno de los rivales y cuáles son los movimientos que hay que hacer para detenerlos. En poner un mediocentro más porque el interior sube o reforzar una banda por el peligro que supone algún jugador concreto. Simeone, como los grandes entrenadores, especialmente los defensivos como él, es excelente en todo eso.

José Manuel García

Considerado como uno de los mejores centrales del mundo, su gen competitivo encaja perfectamente tanto como compañero de Sergio Ramos como de Piqué

El problema se desencadena cuando enfrente tienes algo que no puedes entender porque no se inscribe en ningún patrón de juego conocido. La anarquía. A Marcelo no se le puede prever porque no se le ve venir. Es un magnífico conductor de balón, pasa bien y es listo. Ve bien por dónde puede hacer daño y poco le importa que su posición sea la del lateral izquierdo, eso es pura teoría academicista, algo demasiado serio para alguien que lleva el pelo como el actor secundario Bob.

Todo esto está sujeto a un factor que ahora mismo no se da y es muy problemático para el Madrid. Marcelo solo es efectivo si está bien físicamente. En los últimos partidos el brasileño parece desdibujado, no tiene el fuelle que le caracteriza y, consecuentemente, no sorprende. Peor aún, en ocasiones se convierte incluso en una rémora para el equipo, porque tampoco es un secreto muy bien guardado ese que dice que, en defensa es como mucho servicial y más frecuentamente incapaz.

Peor aún, claro, cuando las piernas no responden. En el partido contra el Leganés se volvió a notar, Marcelo se perdía en defensa, necesitaba de ayudas. Sus conceptos tácticos son los que son y la falta de fuerzas no la puede compensar con un gran posicionamiento o la capacidad para anticiparse a la jugada, porque ninguna de esas cosas aparecen en su hoja de servicio.

Marcelo defiende a Gabi en la final de la Champions. (Reuters) Marcelo defiende a Gabi en la final de la Champions. (Reuters)

La tara defensiva

El Madrid asume desde hace años, desde que empezó a ser un jugador importante en el club, que alinear a Marcelo supone un sobreesfuerzo defensivo para sus compañeros. Sus cabalgadas por la banda, esa capacidad de aparecer de repente como mediapunta sin avisar, obliga a que el sistema defensivo tenga previsto que el jugador que tiene que ocupar el flanco defensivo izquierda bien podría no estar ahí. Se asume porque en ataque aporta como pocos laterales se recuerdan.

O aportaba. En las últimas semanas Marcelo está medroso, como si hubiese perdido el ángel y su infinita imaginación se hubiese quedado en el fondo del trastero. Tiene que ver con lo mismo por lo que hace agua en defensa: el físico. Ir a la aventura es solo posible cuando las piernas responden y las ideas son menos limpias si el ácido láctico duele en las pantorrillas e impide el movimiento fluido.

Simeone sabe que un buen Marcelo le obliga a tirar de imaginación. El Madrid es uno de esos extraños equipos en los que incluso el lateral izquierdo es capaz de quitar el sueño del entrenador rival. Pero si el brasileño no está a tope el problema se diluye, con eso el técnico rojiblanco puede poner sus soldaditos de plomo para atenazar al Real Madrid, como tantas veces hizo antes, unas veces con suerte, otras sin tanta.

Alonso Castilla

Este periódico desveló hace semanas el interés del Real Madrid en el lateral del Atlético. Pagar los 24 millones estipulados en la cláusula de rescisión es la salida

Marcelo es un caso más en el Real Madrid. El equipo está lleno de jugadores de importancia que no parecen estar a su mejor nivel. Le pasa a él, a Modric o a Bale. Y, sin embargo, funciona. Igual no como sueña su entrenador, muchos días el equipo juega como si las piernas pesasen y el fútbol no estuviese afinado. Pero por el momento da resultado, son muy fiables, sacan partidos tediosos con tres puntos. La Liga, el objetivo prioritario según dice Zidane, siempre se gana en la agonía. Hay un montón de tardes que no son de gloria y en las que un mal resultado es lo único que no puedes permitirte. Los partidos de la rutina.

Nada de eso ocurre contra el Atlético. Era un partido de tensión en tiempos en los que el rival de la ciudada no pasaba sus mejores momentos, razón de más en los días en el que los rojiblancos son ultra competitivos. Zidane sabe que en las próximas tres semanas se juega buena parte de su temporada. Entra en abril con buenas notas, pero también con dudas. Hace demasiado tiempo que no juega su equipo un partido crucial y ahora le vienen cuatro de golpe. El derbi, el clásico, el Bayern. Si el fútbol, la suerte y el físico se alían pueden salir de abril con una inmensa facilidad. Si sale cruz se espera el caos. Y todo eso lo tiene que hacer con jugadores en duda. Y con Marcelo, la sonrisa que confunde a los rivales, en un nivel que no es el suyo. Esas son las cartas que tiene ¿le saldrá la jugada?

Fuente: ElConfidencial – Deportes