Masticando ‘khat’ en Etiopía: así son 'las hojas del paraíso' que ya han llegado a España

02.11.2015 – 18:20 H. A simple vista podría parecer perejil, pero no lo es. Recientemente, tres ciudadanos británicos y un etíope aterrizaron en la T1 del ...

02.11.201518:20 H.

A simple vista podría parecer perejil, pero no lo es. Recientemente, tres ciudadanos británicos y un etíope aterrizaron en la T1 del Aeropuerto del Prat con 170 kilos de una extraña droga en su equipaje. Estaba envuelta en bolsas de plástico. Se trata de una planta con sustancias psicoactivas, similar a las anfetaminas, que se utiliza desde hace siglos en el Cuerno de África. Allí no se considera una droga, sino un ritual diario, como el café o el té. En Europa es ilegal. El precio en el mercado negro europeo podría haber alcanzado los 300 euros el kilo. Visitamos el terreno de cultivo del llamado ‘oro verde’ de África, en el este de Etiopía. Hablan vendedores, consumidores, detractores del ‘khat’ y, al final, a lo Hunter S. Thompson, la probamos.

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La cita tiene lugar un jueves de octubre, a las 13:30, en Dire Dawa, al este de Etiopía. Fuera, los rayos del sol se cuelan entre las nubes como espadas. En la habitación, ligeramente a oscuras y que refresca un ventilador, están preparadas unas colchonetas en el suelo, con cojines, junto a una bandeja con vasos de agua, el mando de la televisión y un bolsón de tallos verdes. Zerihun* toma Coca-Cola, “porque aumenta el efecto estimulante de la hoja”, apunta. Emiten un programa deportivo que comenta el empate del Real Madrid y el Paris Saint-Germain. Es la hora del ‘khat’.

El ‘khat’ (o ‘chat’) es una planta con sustancias psicoactivas que se utiliza desde hace siglos como pasatiempo, en bodas y funerales, con fines espirituales, para concentrarse en los estudios o para engañar al estómago entre los que no tienen nada, en Etiopía, Yemen, Somalia, Yibuti, Eritrea y algunas partes de Kenia. En esta región del mundo, el ‘khat’ es inherente a la cultura y no se considera una droga, sino un ritual diario como el café o el té. Fuera del Cuerno de África, está clasificada como una droga ilegal, que acaba de llegar a España.

Entre los pasados 11 y 13 de octubre, la Guardia civil española intervino 170 kilogramos de ‘khat’ en el Aeropuerto de El Prat de Llobregat y detuvo a tres británicos y un etíope. Llevaban la droga oculta en bolsas de plástico en su equipaje. En el mercado negro europeo, podrían haber conseguido hasta 300 euros por kilo. No es la primera vez que alguien intenta introducir esta planta en España. En enero de 2014, los agentes interceptaron 300 manojos de ‘khat’ (unos 32 kilos) en el aeropuerto valenciano de Manises, que también transportaba un hombre británico. ¿Pero qué son esas hojas que ellas venden y ellos mastican en el Cuerno de África?

A esta hora, Dire Dawa se sumerge en un sueño profundo. La escena se repite calle a calle. Lo primero que te golpea es el calor, después la imagen de los hombres, apaciguados en el suelo, a la sombra, que mastican hojas verdes con parsimonia junto a un bolsón de tallos frescos. Las ramitas trituradas asoman por los labios entreabiertos de viejos y jóvenes, pudientes y pobres, desempleados y trabajadores en su rato libre. Otros caminan con la bolsa hacia sus casas. Un pastor descansa bajo un árbol, mientras arranca hojas del tallo frente a sus cabras, que pastan a sus anchas por la calle.

Etíopes compran 'khat' en un mercado de la ciudad de Harar, Etiopía. (Foto: L.G. Ajofrín)Etíopes compran ‘khat‘ en un mercado de la ciudad de Harar, Etiopía. (Foto: L.G. Ajofrín)

Masticandokhat’ en Dire Dawa

13:45, tras las presentaciones cordiales, empieza el ritual. Zerihun explica su uso: primero hay que limpiar con la yema de los dedos las delicadas hojitas, arrancarlas, introducirlas en la boca y masticarlas. No hay prisa. Es un ritual que dura horas. En algunos lugares, como Yemen, las hojas se mastican hasta producir una bola que abulta las mejillas y regresa a los dientes. Él prefiere tragarla con la bebida y volver a masticar para que no sea tan agresivo para la boca. Dice que en Kenia arrancan la parte superficial del tallo y es eso lo que mastican… “Eso sí que es fuerte”, apunta. Y en algunos sitios la secan al sol, la empaquetan, para que se mantenga fresca cuando la exportan, y después la hierven. “El efecto estimulante de esta planta apenas dura 24 horas, un día y medio como mucho”, aclara.

Las hojas suponen un mercado millonario, que en Etiopía, principal exportador, generó en 2014 ingresos de 272 millones de dólaresEl sabor que desprende la hoja al masticarla es amargo como la piel de una almendra. Hay quien lo camufla con frutos secos. “Los musulmanes la toman con leche y hay quienes la usan con fines espirituales”, explica otro de los acompañantes de la sala. Ellos, cristianos, se duchan antes de consumirlapara estar limpios” y lo hacen martes, jueves y sábados, “porque los miércoles y viernes son días sagrados para nosotros”, puntualizan. Esos días tampoco toman carne.

14:20. La charla se anima y a Zerihum se le suelta la lengua. Presume de la Historia de Etiopía: “Toda una civilización que no tiene nada que envidiar a la de Egipto o a la de Oriente”. En la tele, empieza ‘Cifras y letras’, en un canal canadiense, y la conversación se desvía a adivinar la palabra del programa: R, I, T… ‘¿Réalité?’ (¿realidad?). No, al final es ‘trivialité’ (trivialidad). Ha transcurrido algo menos de una hora. Sentimos calor y nos encontramos alerta como el que toma tres o cuatro cafés de golpe.

“El ‘khat’ es una tradición asentada en Etiopía, todos lo hacen”, aclara Joseph, un profesor de unos 60 años, que solía consumir ‘khat’ en sus ratos libres. Dejó de hacerlo tras sufrir un cáncer. “Los que no tienen nada, lo usan desde temprano, porque uno de sus efector es mermar el apetito; y los estudiantes lo toman para concentrarse en fechas de exámenes”, aclara. “Ya veréis en un rato”, apunta divertido.

A Tesfaye no le gusta: “Ya la tomé muchas veces, en el pasado, te ayuda a estar concentrado pero después te da depresión, eso no es para mí”. Días antes, en la terraza de un bar en la capital, Addis Abeba, un joven con rastas critica el consumo de esta sustancia como responsable del desempleo del país: “Eso es lo que quieren algunos, que estemos atontados sin hacer nada”, cuestiona, entre tragos de cerveza Saint George y trocitos de carne e ‘injera’ -una masa similar a un crep-, que introduce con la mano derecha en la boca de su novia. Una costumbre que se conoce como ‘Gursha’. Es de buena educación darle de comer tres veces a tu acompañante.

John Kalunge, un granjero, en un árbol de 'khat' en su plantación de Meru, en el este de Kenia. (Reuters)John Kalunge, un granjero, en un árbol de ‘khat‘ en su plantación de Meru, en el este de Kenia. (Reuters)

El ‘oro verde’ de África

“Las hojas del paraíso” suponen un mercado millonario, que en Etiopía, el principal exportador de ‘khat’ del mundo, generó solo en 2014 unos ingresos de 272 millones de dólares, según cifras de ‘Ethiopian Observer’. Una cifra poderosa pero algo menor que la del año pasado pese al aumento de su consumo, debido a la prohibición de su entrada en Reino Unido, Países Bajos y China. Se trata del cuarto mercado de Etiopía, a nivel de ingresos, por detrás del café, las semillas oleaginosas y el oro. Es el ‘oro verde’ de África.

La mayoría del ‘khat’ que exporta Etiopía se empaqueta en la localidad de Aweday y se envía directamente al aeropuerto de Dire Dawa, narra el libro ‘La controversia del ‘khat’, estimulando el debate sobre las drogas’, de Susan Anderson y otros, que cifra la venta de ‘khat’ entre Etiopía y Yibuti durante la década 1990-2000 en 34.647.283 kilos. Esto supuso para el país unos ingresos de más de 180 millones de dólares. En la temporada de lluvias (de junio a octubre), se vendieron hasta 15.000 kilos al día y unos 8.000 en la temporada seca. Los autores estiman que, en los momentos álgidos, las compañías áreas Air Djibouti y Ethiopian Airlines ganaron unos 10.000 dólares diarios por el envío de ‘khat’ a ese país.

El ‘khat’ procede de un arbusto perenne que se cultiva en el este de África y suroeste de la Península Arábica. En Etiopía, los principales cultivos se sitúan en las inmediaciones de Harar, la cuarta ciudad santa del Islam, tras La Meca, Medina y Jerusalén. Viajamos hasta allí.

Hacia la cuarta ciudad santa del Islam

Una cruz de madera bailotea bajo el espejo retrovisor del taxi compartido que recorre los 54 kilómetros que separan Dire Dawa de Harar. En la luna del coche hay una imagen de la Última Cena junto a pegatinas de frutas de colores.

La carretera serpentea las verdes montañas, meticulosamente trabajadas en escalones para su cultivo. Los verdes del paisaje podrían ser los de una postal suiza en primavera. Las cabras que campan a sus anchas por la vía, las casitas de piedra y lodo que se salpican entre bares de paredes rojas con el letrero de Coca-Cola y niños de marcha rápida junto a sus asnos devuelven al viajero, de sopetón, a África. Uno de los ocupantes del taxi también viaja con su bolsa de ‘khat’.

Las coloridas callejuelas de Harar, un reducto musulmán en la cristiana Etiopía, huelen a café tostado, a incienso y a hierba fresca, y suenan al traqueteo de las máquinas de coser con que los hombres tejen velos de colores y a la algarabía de las mujeres llegadas del campo para vender los bolsones de ‘khat’. Los cubren con hojas de plátano para mantenerlos frescos. El precio de la bolsa varía desde los 30 birrs (unos céntimos de euro) a los 100 birrs (cuatro euros), explica una vendedora.

Etíopes compran 'khat' en un mercado de la ciudad de Harar, Etiopía. (Foto: L.G. Ajofrín)Etíopes compran ‘khat‘ en un mercado de la ciudad de Harar, Etiopía. (Foto: L.G. Ajofrín)

Día de resaca

Dia dos. 10:50 de la mañana, Dire Dawa. Han pasado casi 24 horas desde que consumimos el ‘khat’. Dicen que la resaca suele producir bajón. De momento no sentimos nada.

“Los principales componentes activos del ‘khat’ son la catinona y la catina (norpseudoefedrina)”, define el Centro Europeo de evaluación para las Drogas y la Adicción en su página web, en la que explican que tanto la catinona como la catina están estrechamente relacionadas con la anfetamina y “sus efectos farmacológicos son cualitativamente similares a los de las anfetaminas, aunque menos potentes”. Es decir, aumento de la presión arterial, un estado de euforia y júbilo con sentimientos de mayor estado de alerta y excitación, al que puede seguir: depresión, irritabilidad, falta de apetito y dificultad para dormir. En altas dosis, puede provocar reacciones psicóticas.

En las calle, el ritual se repite como una película rebobinada: mujeres con bolsas de tallos frescos, hombres aferrados a sus hojitas a la sombra y un sol de justicia. “Y mi posada era la Osa Mayor”, escribió el poeta francés Arthud Rimbaud, antes de pisar la bella ciudad amurallada de Harar, donde pasó cinco años, durante tres etapas. No volvió a escribir nada.

* Nombre modificado para este reportaje.

Fuente: ElConfidencial.com