Menos migrantes, más muertes: el lado oscuro del pacto con Turquía

23.08.2016 – 17:34 H. La pequeña isla del Dodecaneso agrupa ya a más de 7.000 migrantes y refugiados en sus 40 kilómetros de ancho por ocho de largo. 7.000 ...

23.08.201617:34 H.

La pequeña isla del Dodecaneso agrupa ya a más de 7.000 migrantes y refugiados en sus 40 kilómetros de ancho por ocho de largo. 7.000 migrantes para una población local de 30.000 habitantes. Son los supervivientes de la travesía al Norte del mundo, la mayoría de ellos refugiados sirios, que duermen por las calles de la localidad durante semanas sin cuidados médicos. Con el tiempo, serán trasladados al estadio de fútbol del equipo local para iniciar el proceso de identificación. Mientras, la tensión entre fuerzas del orden y refugiados aumenta, sobre todo tras la difusión de una imagen en la que un agente heleno abofetea a un migrante. Empiezan a usarse extintores y porras. Más de 700 personas llegan cada día y las autoridades locales no saben cómo gestionar la avalancha. Es agosto de 2015 y, en plena crisis de los refugiados en los Balcanes, la isla griega de Kos se ha convertido desde hace meses en una nueva Lampedusa

Ahora, en verano de 2016, el escenario ha cambiado por completo. Tras el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía de la pasada primavera para frenar el flujo de migrantes hacia el Viejo Continente, Ankara ejerce un fuerte control sobre las aguas que dividen Asia y Europa, en el Este del Mar Egeo. De hecho, apenas cruzan ya lanchas neumáticas. “El resultado del acuerdo de la UE con Turquía es muy evidente, ya que ahora llegan muchísimos menos migrantes a Kos”, explica a El Confidencial Liza Papadimitriou, operadora de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Grecia y quien ha trabajado mucho en el Dodecaneso en el último año y medio.

Un acuerdo que muchos de los que trabajan ‘en primera línea’ siguen considerando “completamente ilegal”. “Para que las devoluciones (de migrantes) fueran legales, la firma del acuerdo ha conllevado que, de la noche a la mañana, a Turquía se le considerara un país seguro, sin serlo. Esto no es más que una externalización de nuestras fronteras, donde terceros países controlan nuestros confines, a cambio de dinero”, opina Paula Farias, responsable de operaciones de MSF en el Mediterráneo.

El número de migrantes muertos en 2016 aumentó un 23%, hasta los 3.700 casos, la gran mayoría en el Mediterráneo, respecto a 2015. Si las cifras se comparan con los datos de 2014, el incremento supera el 53%En el hospital de Kos, muchos siguen recordando lo duras que fueron aquellas primeras semanas de tensión, cuando la ola migratoria cobró una intensidad nunca vista desde la Segunda Guerra Mundial. “Tuvimos que afrontar un flujo de pacientes sin precedentes para este edificio. El pasado año asistimos a más de 6.500 migrantes, cuando aquí tenemos disponibles solo unas 70 camas. Durante todas aquellas semanas críticas, entre radiografías y análisis de sangre realizamos unas 4.500 pruebas”, explica en su despacho Ioannis Kambanis, director del centro y médico desde hace más de 30 años. “La mayoría de estas personas tenía fiebre, diarrea, traumas, gastroenteritis, hipotermia, etcétera… No tuvimos grandes problemas logísticos, pero todo fue posible gracias a la ayuda ofrecida por voluntarios locales y de organizaciones como Cruz Roja Internacional y la Cruz Roja Italiana. El Ministerio de la Sanidad griego también nos dio una ayuda extra en términos económicos”.

En la plaza principal de Kos, que acoge una mezquita, un mercado y un cine, charlan tranquilamente el matrimonio formado por Athena Feradourou y George Chartofilis, profesores de Inglés y de Física en un instituto de la isla. Ahora recuerdan como aquella avalancha humana les empujó a actuar ante la inacción de las autoridades municipales. Juntos fundaron Kos Solidarity, una ONG local cuyo objetivo era el de converger la ayuda vecinal para asistir a los migrantes. “Si la gente tiene hambre y no se le dan alimentos, termina por buscarlos en otro sitio. Por eso, nos organizamos para distribuir entre los refugiados la comida sobrante de los hoteleros y hosteleros de Kos. Muchos migrantes terminaron alojándose en hoteles abandonados, como el Oscar Hotel”, explica George mientras camina por el paseo marítimo. 

Cada vez más muertos en el Mediterráneo

Al contrario que hace un año, ahora los refugiados prefieren permanecer en Turquía para no quedarse atrapados en tierra de nadie. Todo tras pagar considerables cantidades de dinero para escapar de la guerra, como es el caso de los sirios. No obstante, la aparente calma no implica que actualmente no haya migrantes que lo arriesgan todo para alcanzar Kos. Todo lo contrario. Desde comienzos de año más de 161.000 migrantes -la mitad de ellos sirios- han llegado a Grecia. Otra prueba de que los flujos migratorios Sur-Norte o Este-Oeste son, para Europa, estructurales.

Así pues, los migrantes que todavía consiguen llegar a la isla de Kos terminan atrapados en un limbo. Basta una visita al ya célebre Oscar Hotel para comprobarlo. El lugar ha dejado de ser un refugio temporal para migrantes. Los refugiados, a día de hoy, están repartidos entre un centro de acogida cada vez más grande, los calabozos de la policía local -según fuentes locales hay migrantes que llevan ahí meses sin ningún tipo de atención legal– y el Zikas Hotel, gestionado por ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y la ONG humanitaria global Mercy Corps.

Las risas de los niños se escuchan a 50 metros de la entrada del Zikas Hotel. En su interior, el estado de ánimo de los adultos ya es otro cantar. “Llevo aquí varias semanas y no sé cuándo podré marcharme”, explica Ahmed (nombre ficticio), un ingeniero sirio de 32 años, acompañado por su hermana y su madre. Al tomar fotografías se nota claramente que los afganos son mayoría. No entienden por qué no se puede retratar a los niños e intentan posar con sus hijos, para mostrar su “orgullo” porque hayan superado “un viaje tan largo”. Un viaje que, por el momento, les mantiene bloqueados hasta que les concedan el estatus de refugiado.

Una pareja de afganos en las inmediaciones del Zika Hotel, en la isla de Kos (Foto: Manuel Tori).Una pareja de afganos en las inmediaciones del Zika Hotel, en la isla de Kos (Foto: Manuel Tori).

Entre los 161.000 migrantes que han llegado este año a Grecia -el 60% del total de llegadas a Europa por vía marítima- los sirios lideran el ranking de nacionalidades (79.800), seguidos de los afganos (40.900), iraquíes (25.600), paquistaníes (8.500) e iraníes (5.200). Ello evidencia que el Mediterráneo Oriental es una etapa crucial de los flujos migratorios asiáticos. Sin embargo, aunque la ruta Turquía-Grecia sigue siendo actualmente la más ‘traficada’ del Mediterráneo, es infinitamente menos peligrosa que la de Libia-Italia.

El número de migrantes muertos en 2016 en su intento de buscar una vida mejor aumentó un 23%, hasta los 3.700 casos, la gran mayoría en el Mediterráneo, respecto al mismo periodo de 2015, según la Organización Internacional de las Migraciones. Si las cifras del primer semestre de 2016 se comparan con los datos de 2014, el incremento supera el 53%. La dramática evolución en el número de fallecidos se explica, según la OIM, por un crecimiento de las muertes en el antiguo Mare Nostrum, el Norte de África, Oriente Medio y el Cuerno de África. La gran mayoría de los casos se produjeron en la ruta del Mediterráneo Central (Libia-Italia), que comprende varios cientos de kilómetros, mientras que la del Mediterráneo Oriental (Turquía-Grecia) tiene tan sólo una docena de kilómetros.

Fuente: ElConfidencial.com