¿Mercado Único o coto a la inmigración? He aquí la cuestión

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Tiene usted el carisma de un andrajo mojado y la apariencia de un empleado de banca de baja categoría”. Las palabras que Nigel Farage dedicó a Herman van Rompuy en pleno debate en Bruselas en 2010 no pasaron desapercibidas. Ocuparon titulares y le convirtieron en héroe de los grupos antisistema. Muchos le vaticinaron tan solo 15 minutos de gloria, pero lo cierto es que, seis años más tarde, el líder del euroescéptico UKIP, el hombre que al fin y al cabo forzó la convocatoria del histórico referéndum del Reino Unido, se ha convertido en uno de los vencedores indiscutibles del Brexit.

Su llegada este martes a la Eurocámara fue todo un acontecimiento: abucheos, insultos… Cualquier esperanza de que adoptaría un tono más conciliador ante las difíciles negociaciones que se avecinan se desvanecieron con un beligerante discurso que solo encontró apoyo en la extrema derecha francesa de Marine Le Pen. Quien quiera leer entre líneas, puede hacerlo. Al fin y al cabo, Farage ya ha vaticinado que el Reino Unido no será el único país que abandonará el bloque.

Celia Maza. Londres

Lo que es seguro es que el referéndum no es vinculante y que, a día de hoy, no se ha activado aún el artículo 50 del Tratado Europeo para comenzar el divorcio con Bruselas

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La primera bofetada con guante vino del propio presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker: “Usted estaba luchando por la salida, el pueblo británico votó a favor de la salida. ¿Qué hace ahora aquí?”.

Sin dejar de sonreír, Farage se levantó y dio las gracias sarcásticamente sus colegas “por la cálida bienvenida” antes de entrar en acción: “Cuando vine aquí hace 17 años y dije que quería llevar una campaña para conseguir que Reino Unido abandonara la Unión Europea, todos se rieron de mí. Bueno, tengo que decir que ahora no se está riendo nadie”. El tono fue subiendo y en su particular monólogo Farage dijo a los allí presentes: “Ninguno de ustedes ha hecho un trabajo adecuado en su vida”.

¿Mercado Único o coto a la inmigración? He aquí la cuestión

El espectáculo continuó por la noche durante la cena de la primera cumbre europea tras el Brexit. Francamente, ver al aún ‘premier’ David Cameron compartiendo sala con 27 personas que le acusan de haber roto el proyecto por cuestiones partidistas fue todo un poema. En Bruselas están los focos, pero es en Londres donde la maquinaria se ha puesto ya a funcionar. Y la pregunta es: ¿comercio o inmigración?

Boris Johnson, uno de los candidatos a suceder al ‘premier’, comienza a enfrentarse a acusaciones de traición por parte de sus propias filas (quién le iba a decir que iba a padecer lo mismo que Cameron tan rápido). Le reclaman poner fin al derecho de los comunitarios a vivir y trabajar en Reino Unido. Durante la campaña, fue el mismo Johnson quien dijo que había que acabar con ese “derecho automático”, pero ahora parece que el que fuera alcalde de Londres apuesta más por garantizarse el acceso al mercado único. Entre otros, Andrea Leadsom, secretario de Estado de Energía, asegura que poner fin a la libre circulación debe ser “una línea roja en las negociaciones”. Pero no es una voz unánime.

Boris Johnson, líder 'de facto' de la campaña por el Brexit, sale de su domicilio en Londres. (Reuters)Boris Johnson, líder ‘de facto’ de la campaña por el Brexit, sale de su domicilio en Londres. (Reuters)

Los ‘tories’ están completamente divididos entre los que quieren dar prioridad a un mercado que representa el 44% del total de las exportaciones británicas y los que quieren reducir la migración neta -actualmente, en 333.000- por debajo de los 100.000. Recuperar el control de las fronteras fue el lema de la campaña euroescéptica, pero ahora se está viendo que abandonar el club no es el remedio al problema.

Una de las opciones que se barajan ahora en la capital británica es implantar para los recién llegados de la UE un sistema de puntos similar al australiano para abrir las puertas solo a aquellos cualificados. Sin embargo, tal y como recalca Raoul Ruparel, codirector del reputado ‘think tank’, Open Europe, “es inconcebible plantear que los ciudadanos británicos puedan vivir y trabajar en el bloque si no existe una reciprocidad”.

Johnson se encuentra ahora contra las cuerdas. Aunque cada día que pasa parece más improbable que sea él finalmente quien sustituya a Cameron. Las últimas encuestas dan como favorita a Theresa May, actual ministra del Interior, quien ha tenido un perfil más bien bajo durante la campaña.

Juncker ha “prohibido” a los funcionarios de la institución establecer conversaciones sobre el Brexit con representantes británicos

Sea quien sea el nuevo ‘premier’, los asesores en Downing Street insisten en que hay que tener un plan antes de activar el artículo 50 del Tratado de Lisboa. Según los rotativos, se estaría preparando una “brigada de negociadores” para ir allanando el camino. Pero Juncker ha “prohibido” a los comisarios y funcionarios de la institución establecer conversaciones sobre el Brexit con representantes británicos hasta que no haya una notificación oficial por parte del Reino Unido para comenzar los trámites de divorcio. “Sin notificación, no hay negociación”, remarcó.

La canciller alemana, Angela Merkel, también ha recalcado que no habrá negociaciones “ni formales ni informales”, pero pidió seguir mirando a ese país como “amigo y socio”. “De muchas maneras estamos entrelazados”, explicó.

El presidente de Francia, François Hollande, se mostró mucho más pragmático, consciente del empuje que puede dar ahora el Brexit a Le Pen en las elecciones del año que viene, y, a modo de advertencia, recalcó: “Es una suerte estar en Europa”.

¿Mercado Único o coto a la inmigración? He aquí la cuestión

Por su parte, el primer ministro belga, Charles Michel, pidió avanzar el trámite: “Esto no es Facebook, donde se puede definir el estado de las relaciones como complicadas. Aquí estamos casados o divorciados, pero no algo intermedio”.

En definitiva, el clima está tenso y, de momento, los ánimos no son los mejores para llevar a cabo un divorcio amigable. El último mensaje que se quiere transmitir desde Bruselas es que tras la ruptura hay una vida mejor.

Fuente: ElConfidencial.com