Miedo en Londres: así conviven los británicos con la amenaza terrorista

No ha sido un ataque terrorista. Éste es el primer veredicto que arroja la investigacion que Scotland Yard está llevando a cabo sobre los apuñalamientos que ejecutó un joven noruego de origen somalí en Russell Square, causando la muerte de una ciudadana estadounidense. El subcomisario de Scotland Yard, Mark Rowley, ha admitido que la investigación no está revelando que el sospechoso tuviera ninguna motivación particular para llevar a cabo sus acciones. “No hemos encontrado pruebas que demuestren la radicalización del sospechoso”, apostillaba el comunicado de la Policía Metropolitana de Londres.

Sin embargo, el ataque ha recordado a los londinenses que el nivel de amenaza terrorista en la capital británica es muy notable. “Cuando me enteré del incidente en Russell Square lo primero que me vino a la cabeza es que habíamos sufrido un ataque terrorista”, admite Jim, mientras hojea el Evening Standard en un tren de la Northern Line de Londres. “Parece que ha sido un incidente aislado, pero creo que el dar por hecho que ha sido un ataque terrorista es muy significativo”.

El comisario jefe de la policía metropolitana de la ciudad fue claro en un artículo reciente: ‘La pregunta no es si habrá un ataque terrorista en suelo británico, sino cuándo se producirá’Y parece que Jim tiene toda la razón, ya que su reflexión expresa un sentir muy compartido por muchos londinenses: el terrorismo como concepto general va más allá de las trágicas consecuencias de los propios ataques; es la convivencia con un estado de alerta más excitado. “Yo tengo que reconocer que tengo más miedo, que convivo más con el temor a que algo pueda suceder”, reconoce Margot, una sanitaria del Hospital de Neurología, que se encuentra muy cerca de la calle de Russell Square donde tuvieron lugar los apuñalamientos.

“Siempre voy a comer en mi hora libre al parque, pero tengo que reconocer que hoy tenía más presente lo que sucedió y tenía más reparos. No me gusta que sea así, pero no lo puedo evitar”, comenta cuando es interrumpida por Nathan, su marido: “conviene no exagerar la situación; creo que en líneas generales nos sentimos seguros, aunque es verdad que tal vez noto un poco más de desconfianza en la gente”.

Nivel de amenaza “severa”

Desde 2014 el nivel de amenaza terrorista es “severo”, el penúltimo escalón de cinco en la escala conformada por el M15, el servicio de inteligencia británico. La descripción de dicha amenaza reza que el ataque es “altamente posible”. En este sentido, el comisario jefe de la policía metropolitana de la ciudad, Bernard Hogan-Howe, no se anduvo por las ramas en un artículo reciente en el ‘Mail’: “la pregunta no es si habrá un ataque terrorista en suelo británico, sino cuándo éste se producirá”.

Más sensación de amenaza, más agentes a la calle. La Operación Hércules colocará 600 nuevos agentes de alto nivel, armados con pistolas semi-automáticas y rifles de asalto, en el espacio público londinense. La intención del dispositivo es la de tener una respuesta más rápida y contundente en caso de ataque, pero también la de incrementar la percepción de seguridad en el ciudadano de a pie.

Agentes de policía tras el ataque en Russell Square, en Londres, el 4 de agosto de 2016 (Reuters). Agentes de policía tras el ataque en Russell Square, en Londres, el 4 de agosto de 2016 (Reuters).

La protección de los ciudadanos se ha convertido en la “primera prioridad” del alcalde de Londres, Sadiq Khan. Y parece que no son solo palabras, ya que incluso ha acortado sus vacaciones en el Mediterráneo después del ataque de Russell Square, poniendo de relieve que la sensibilidad en materia de seguridad está muy a flor de piel en la capital británica.

Por lo general los ciudadanos de Londres han aplaudido la decisión de que más agentes armados ocupen las calles londinenses, aunque tanta preocupación por parte de las autoridades les pone la mosca detrás de la oreja. Colin supera los 80 años de edad y dice confiar mucho en los cuerpos de seguridad de la ciudad, “para mí no es un problema ver más policía patrullando; más bien al contrario, me relaja saber que en caso de un incidente alguién con capacidad de respuesta va a estar cerca”.

600 agentes armados a la calle

Uno de los emblemas de los cuerpos de seguridad de la policía londinense es el mínimo uso de la fuerza. “Deberíamos estar orgullosos de esto”, aseguraba Mark Rowley, después de relatar que no se produjo ningún disparo en la detención del supuesto autor de las puñaladas en Russel Square. Aunque la elevada sensación de riesgo que han producido los recientes ataques en Francia, Bélgica y Alemania podrían variar el modus operandi de la policía londinense.

“Hay que tener cuidado con entrar en un estado paranoico”, dice Matilde, una ciudadana irlandesa que lleva viviendo en Londres 20 años, “creo que es importante que ni la amenaza terrorista ni el alto nivel de alerta causen un sentido erróneo de la autoridad”. Matthew parece estar de acuerdo con esta aseveración y lo hace contando una experiencia personal reciente: “ayer salía de una tienda que está en el pasaje que comunica Charing Cross con Covent Garden y me topé de frente con dos agentes patrullando, armados hasta los dientes; me asusté un poco y rápidamente los policías me saludaron amablemente y me dijeron que no preocupase, que todo estaba en orden, aunque ya no pude dejar de mirar a mi espalda hasta que salí del pasaje a la calle”.

La historia de Matthew parece la metáfora perfecta del dilema al que se están enfrentando las sociedades occidentales: cómo encontrar el equilibrio para luchar contra la amenaza terrorista sin limitar los derechos de los ciudadanos. En la terraza de un pub del barrio de Bloomsbury seis amigos debaten sobre tan controvertido asunto. Leslie viene de Nueva York y dice estar muy acostumbrado a vivir con agentes armados, “alto que a mí nunca me ha coartado mi manera de vivir”. Aunque Rasheed es más escéptico: “Londres no tiene mayor amenaza que otras capitales europeas. La amenaza existe, eso está claro, pero la mejor manera de combatirla es no permitir que nos cambie ni un ápice nuestro estilo de vida”.

Fuente: ElConfidencial.com