Milán se llenó de metralletas: San Siro será una fortaleza para proteger el fútbol

28.05.2016 – 05:00 H. .En cualquier gran acontecimiento que atraiga a miles de personas, los sistemas de seguridad que despliegan los diferentes gobiernos, ...

28.05.201605:00 H.

.En cualquier gran acontecimiento que atraiga a miles de personas, los sistemas de seguridad que despliegan los diferentes gobiernos, dependiendo a quién le toque, son, por lo general, considerables. En cualquier tipo de aglomeración acaban proliferando, sin posibilidad de ser evitados, pequeños hurtos, algún delito relativamente pequeño y algunas situaciones desagradables que se tratan de evitar llenando las calles de policías. Pero en Milán está muy reciente todo lo ocurrido en París y Bruselas, dos grandes capitales europeas que sufrieron sendos atentados de gravedad extrema. Y eso se quiere evitar con militares.

[El Madrid se juega más, pero lloraría menos]

Resulta cuanto menos contradictorio que la barbarie, como se suele conocer a este tipo de actos en Occidente a pesar de ser un término frío y vacío, se quiera frenar, o evitar con la presencia de armamento pesado. En varios lugares importantes, estratégicos de la capital lombarda habían apostados soldados del ejército de tierra italiano, que portaban armas automáticas, ametralladoras, nunca con la intención de utilizarlos, sino más bien para disuadir a cualquier persona que esté dispuesta a cometer un acto vandálico en la ciudad.

[Milán es otra historia para Madrid y Atleti]

Y lo cierto es que, al menos hasta ahora mismo, Milán está muy tranquila. No tienen mucho que ver los militares armados hasta los dientes y los furgones blindados de los ‘carabinieri’, sino más bien es el ambiente festivo que se respira por la ciudad. Hay, claro, psicóticos que creen que en cualquier momento el Daesh puede aparecer por Italia y hacer algún tipo de estropicio, pero no tiene ninguna pinta. Más que nada porque Italia aún no ha bombardeado Siria.

Varios exjugadores en el partidillo (UEFA). Varios exjugadores en el partidillo (UEFA).

Milán respira olor a césped por todas partes. Y no hablamos sólo de la hierba del Meazza, sino de los jardines, parques y plazas de la ciudad. Allí donde no hay alguna bandera del Real Madrid o una bufanda del Atlético, están los jóvenes italianos disfrutando del buen tiempo que impregna toda la comarca y refrescando las prematuras altas temperaturas con cerveza y diversas bebidas digestivas la noche lombarda. Cientos de personas están en casi las 24 horas del día. Ya sea para pasear por el mediodía, para asistir a alguno de los actos de la UEFA o para disfrutar de los aperitivos típicos italianos. Milán siempre está viva. Da igual que haya final de Champions o no. Si el tiempo acompaña, todo milanés se echa a la calle.

[El gran dilema del buen culé en la final]

Es cierto que resulta complicado andar por alguna calle o moverse en algún transporte público y no ver a alguien con la indumentaria apropiada para el partido. Cientos de aficionados ‘profesionales’ ya llenan de blanco y de rojiblanco las largas avenidas. Y muchos lo hacen aún sin entrada, las cuales se acabaron hace días en la venta oficial. Lo que sirve ahora es la otra venta, la extraoficial. Un grupo de seguidores de la zona del Levante español reconocían a El Confidencial que habían acudido sin entrada con la esperanza de encontrar una entrada “a última hora”. Su intención era acercarse al estadio y toparse con algún revendedor agobiado “que esté a punto de comerse su entrada”, y entonces conseguirla a buen precio. “Unos 700€ estaría bien, pero casi seguro que no podríamos sentarnos juntos”, lamentaba un aficionado madridista.

Balones como si fuera comida en racionamiento

El fútbol es enfermizo de vez en cuando. En los momentos en los que sigue siendo un deporte sano y natural, es excelente e inigualable. Pero en otros, la euforia y la ceguera de los seguidores resulta sobrecogedora. Durante el partido de viejas glorias, disputado en el interior del majestuoso Castello Sforzesco en una pista de fútbol sala de hierba artificial, cientos de seguidores se agolparon para ver a los Figo, Suker, Abidal, Pirès, Verón, Salgado… que disfrutaron (y sufrieron del calor). Hasta ahí todo normal.

Pero cuando acabó el partido, las personas que los vieron con tranquilidad, comenzaron a gritar con cierta desesperación para que alguno los balones que lanzaban indiscriminadamente a la grada les alcanzase a ellos. Y cuando las pelotas volaban sobre ellos, se abalanzaban sin importar a quién o qué tuvieran a su alrededor. En cierto momento, tres personas sujetaron el mismo balón, y la ‘vencedora’ se lo acabó llevando a base de empujones. Consiguió su preciado tesoro, un balón de la Champions, o lo que parecía una bolsa de comida en tiempos de escasez.

Fuente: ElConfidencial – Deportes