Mis cinco días con el 'niño salvaje' de Vietnam (II): choque con la civilización

12.07.2016 – 05:00 H. En 1972, durante la guerra de Vietnam, un veterano del Ejército norvietnamita huyó a la jungla con su bebé cuando su casa fue ...
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12.07.201605:00 H.

En 1972, durante la guerra de Vietnam, un veterano del Ejército norvietnamita huyó a la jungla con su bebé cuando su casa fue bombardeada, en un ataque en el que perdió a su esposa y a dos de sus hijos. Hace sólo tres años, el planeta quedó asombrado al conocer la noticia de que aquel hombre –ya anciano- y su hijo habían sido ‘rescatados’ en la selva de Vietnam después de haber vivido completamente aislados del mundo durante 41 años. El hijo se llama Ho Van Lang, y creció ajeno al resto de la raza humana e ignorando por completo datos esenciales sobre el hombre. El pasado mes de noviembre, mientras me encontraba en Vietnam por motivos de trabajo, tuve la suerte de vivir unos días con este ‘niño de la jungla’ que se encuentra ahora en un pueblo adaptándose a la civilización. 

[Lea aquí la primera parte de esta historia: “Regreso al Edén”]

En 1994, un campesino que se encontraba buscando madera en la jungla descubrió a dos salvajes que huían despavoridos entre la maleza. El campesino fue a informar a la gente del pueblo y Ho Van Tri, que es el hijo menor de la familia y hermano de Lang, rebosó felicidad al saber que seguramente se trataba de su padre y su hermano, que aún seguían con vida en algún lugar de la selva. A partir de entonces comenzó una larga búsqueda que acabó con el hallazgo de la casa donde vivían, y que se encontraba camuflada en lo alto de un árbol. La decepción de Tri fue mayúscula al descubrir que estaba deshabitada: Lang y su padre habían huido al verlos llegar.

Fueron años en los que estuvieron jugando al gato y al ratón. Según iban descubriendo nuevas viviendas, padre e hijo escapaban. Pero con la edad, el padre fue volviéndose más lento y empezó a resignarse a aceptar las visitas de su presunto vástago: el padre nunca se creyó que ese hombre tan cariñoso fuese su hijo, ya que pensaba –y aún sigue pensando- que todos ellos, a excepción de Lang, murieron en su casa cuando cayó la bomba. En cambio Lang, que era más receptivo, no le importó que Tri comenzara a visitarles cada año para traerles sal y especias y tratar de convencerles para que volviesen a la civilización.

A pesar de intentarlo una vez al año, Tri nunca llegó a conseguirlo. Especialmente porque el padre -que sufría serios trastornos mentales– tenía una profunda fobia a volver, ya que no se creía que la guerra del Vietnam había terminado.

Asumiendo que el padre no iba a oponer resistencia debido a su deteriorado estado de salud, la mañana del 7 de agosto de 2013 padre e hijo fueron ‘capturados’ dentro en su cabaña. Aquel día, un grupo de unos 20 hombres rodearon por sorpresa la casa en el árbol en donde habitaban. Y así fue. Según el testimonio de Mr Ton, una de las personas que subió a la cabaña, Lang -que se encontraba en ese momento dentro fabricando algo con ratán- tampoco se resistió, seguramente porque no tenía nada que perder: el padre se encontraba muy enfermo.

Ho Van Than, el padre de Lang (A. Cerezo)Ho Van Than, el padre de Lang (A. Cerezo)

La realidad es que Lang, desde hacía ya algunos años, había comenzado a dudar de todas las psicosis paranoicas de su padre, y era consciente de que tenía sus facultades metales muy mermadas y que además habían empeorado con la edad. Por eso siempre escuchó con atención aquellos discursos de su hermano Tri. Aunque nunca llegó a dar ese gran paso por el miedo que le seguía teniendo a los humanos, pero sobre todo para no dejar solo a su padre: sabía que este nunca iba a querer acompañarlo a la civilización.

Las sensaciones que Lang experimentó aquella tarde camino al pueblo tuvieron que ser impactantes, y solo igualable a las que podría tener uno de nosotros si se plantara en un nuevo planeta.

Las primeras veces de muchas cosas

Una de las personas que estuvo con él aquella tarde nos contó, que durante el camino al pueblo, Lang no dejó de mirar de un lado y a otro. Según este hombre, mientras caminaba, Lang observaba en silencio las casas, la carretera, las motocicletas, los niños -a los que vio también por primera vez-. Pero lo que más le sorprendió nada más llegar al pueblo fue el hecho de que los animales eran amigos del hombre.

Lang estaba aturdido, ya que todo el pueblo salió de sus casas para verlo. Entonces se introdujo en un coche para ir camino al hospital. Lang dice que una de las grandes experiencias que tuvo aquel día fue la de estar sentado en aquel extraño objeto metálico del que su padre le había hablado de pequeño. Dentro del coche no dejaba de mirar por la ventana, observando lo rápido que avanzaban las cosas a su paso. Nunca antes había sentido la velocidad.

Además de poder ver por primera vez su cara nítidamente con un espejo –hasta entonces solo la había visto medio reflejada en el agua-, luego por la noche quedo completamente maravillado con la luz que desprendían las bombillas. Lang nos contó que el hecho de poder disfrutar de iluminación en la noche era algo extraordinario. Momentos más tarde se encontró con su primera televisión, de la cual su padre también le había hablado de pequeño, por lo que él ya sabía que esa gente que aparecía no estaba dentro de esa caja.

Ho Van Lang, durante su breve regreso a la jungla (A. Cerezo)Ho Van Lang, durante su breve regreso a la jungla (A. Cerezo)

Aquella tarde también vio a una mujer por primera vez en su vida. En sus primeros 42 años de vida, Lang nunca supo de la existencia del sexo femenino ya que el padre siempre se lo ocultó. Pero lo más sorprendente es que hoy en día, pudiendo ya distinguir entre un hombre de una mujer, todavía desconoce la diferencia esencial entre ellos. Existe la posibilidad de que algún día hubiese avistado a alguna en la distancia mientras escapaba despavorido entre la maleza, aunque él habría sido incapaz de percibir esa variación. Sin ir más lejos, el día que Lang llegó por primera vez a la civilización, se encontró varias mujeres a su paso que incluso le atendieron amablemente. Pero él no notó diferencia alguna ni en sus caras, ni en sus voces, ni en sus cuerpos. Seguramente se encontraba demasiado ensimismado observando aquel nuevo mundo que tenía frente a sí y por eso los pequeños detalles los dejaría para más adelante…

Y ocurrió a la cuarta semana de su llegada a la civilización: Lang se quedó sorprendido al ver a una niña de 3 años que corría desnuda cerca de su casa. Corriendo fue a preguntarle a su hermano Tri qué le había ocurrido a sus genitales. Tri se limitó a explicarle que los chicos y las chicas eran diferentes principalmente en ese lugar del cuerpo, y sin dar más detalles.

El hermano considera que tal vez lo mejor sea seguir ocultándole algunos detalles sobre la vida, ya que probablemente Lang no llegará nunca a encontrar una chica en el pueblo dispuesta a formar una familia con él. La mente de Lang se asemeja en muchos aspectos a los de un bebe de un año de edad, y psicólogos del hospital así lo certificaron.

Mis cinco días con el ‘niño salvaje’ de Vietnam (II): choque con la civilización

Sin deseo sexual… hasta ahora

Lang siempre habla de este tipo de temas sin ningún tipo de pudor, ya que su mente nunca ha sido contaminada con ningún tipo de prejuicios. Por eso, después de hablar varios días con él, puedo afirmar que Lang jamás tuvo el más mínimo deseo sexual y que nunca en su vida su instinto de reproducción le hizo presencia en ninguna de sus múltiples manifestaciones.

Pero lo más sorprendente es que, desde que Lang abandonó la selva, algo ha empezado a cambiar en su cuerpo: un día nos reconoció que desde que llegó a la civilización sus genitales están experimentando cambios extraños en mitad de la noche sin saber la razón. Este hecho nos invita a realizar interesantísimas conjeturas sobre el instinto del ser humano.

Lang y un animalillo de la aldea (A. Cerezo)Lang y un animalillo de la aldea (A. Cerezo)

No sé si su hermano conseguirá ocultarle por mucho tiempo estos detalles sobre la vida, ya que Lang vive ahora rodeado de gente, y con acceso a la televisión. Mi deseo personal es que viva el resto de sus días ignorando estos temas, al igual que lo hace un niño. Creo que así podría llegar a tener una vida feliz y me temo que ‘el saber’ no le hará más libre sino que podría suponerle el comienzo de un largo tormento.

Hace tres años que Lang llegó al mundo moderno. El primero fue el más difícil para él, entre otras razones por los problemas de salud que padeció al enfrentarse a virus y bacterias nuevas. A pesar de todo, podemos afirmar que Lang se está adaptando felizmente a su nueva vida, principalmente por la libertad que ahora disfruta.

En cambio, no podemos decir lo mismo del padre, ya que sigue sin reconocer a Tri como a su hijo –todavía cree que también murió en el bombardeo de su casa-. Además aún piensa que la guerra continúa, por lo que permanece la mayor parte del tiempo sentado en cuclillas en una esquina de su habitación. Cuando el padre me vio llegar a la casa por primera vez, se le pudo ver estresado y con miedo: probablemente yo era para él un soldado americano. No obstante se mostró amable a mis aproximaciones, aunque siempre mostrando cierta sonrisa nerviosa. Según su hijo Tri, la mayor obsesión de su padre es regresar algún día a la selva.

Lang vive ahora con su familia en una casa recién construida y donada por el gobierno vietnamita, por ser su padre un veterano de guerra discapacitado –anteriormente el hermano Tri vivía en una casa muy básica de bambú-. Lang trabaja cada día las tierras junto a Tri, quien afirma que las habilidades de su hermano en la naturaleza son de gran utilidad para el campo. El padre, en cambio, permanece siempre en la casa, ya que sus facultades auditivas y mentales están muy mermadas.

Dinero, televisión y coches

Lang, poco a poco, va aprendiendo las reglas que existen en la sociedad. Por ejemplo, ya distingue entre el bien y el mal, pero ahora además conoce sus posibles castigos, entre ellos la prisión. También entiende el significado del dinero, e incluso ha comenzado a usarlo, aunque los billetes los distingue solo por su color ya que sigue sin poder contar más allá de10.

Lang no ha conseguido –y seguramente nunca conseguirá- aprender a mantenerse balanceado sobre dos ruedas. Incluso le tiene verdadero terror al simple hecho de ir sentado de pasajero en una motocicleta. Cuando lo hace, su cuerpo se mantiene tenso durante todo el trayecto, y tan pronto como el conductor frena, Lang aprovecha para saltar de la moto y continuar caminando en solitario. Es lógico que Lang no alcance a comprender las razones por la que esas dos ruedas se mantienen en equilibrio.

Lang pasándolo mal en la parte de atrás de una moto (A. Cerezo)Lang pasándolo mal en la parte de atrás de una moto (A. Cerezo)

En cambio Lang disfruta mucho con la sensación de ir en vehículos de cuatro ruedas, aunque no posee la más mínima idea de cómo se conducen. Cuando le pregunté al respecto Lang me dijo que los coches aceleraban girando el volante hacia la derecha y frenaban girándolo hacia la izquierda.

Otra de las cosas que más me sorprendieron fue su forma de interactuar con los bebes. Un día le pedí a Lang que sujetase a uno en sus brazos para ver cómo se desenvolvía, pero en cuanto lo agarró este comenzó a llorar. Entonces en un intento de calmarlo Lang comenzó a soplarle la cara. Me pregunto si fue una imitación de un beso de alguna madre, o si fue un gesto que observó de algún animal en la selva.

Lang sigue sin hablar ni entender el idioma vietnamita, y esto le impide seguir lo que ocurre en la tele. No obstante, dedica varias horas al día a ver imágenes a través de la pantalla. Desconoce que las películas son en realidad ficción, y seguramente la mitad de las cosas que aparecen no son asimilables para él.

Sobre gastronomía, su gran descubrimiento ha sido pescado del océano, que afirma que es su comida favorita. Lang aún no ha visto el mar, aunque tampoco tiene curiosidad por ello. Ni siquiera comprende aún el concepto de nación, ni tampoco es consciente de la esfericidad de la tierra. Pero Lang disfruta del amor de Tri y sus vecinos, y parece feliz en su nueva vida.

Álvaro Cerezo es el creador de Docastaway, la primera empresa del mundo en ofrecer experiencias de náufrago por islas desiertas. Ha creado una web sobre Ho Van Lang y actualmente prepara un documental sobre su historia.

Fuente: ElConfidencial.com