Muere el excanciller Helmut Schmidt, icono de la entereza del Estado

10.11.2015 – 15:30 H. Eran poco más de las 11.30 de la mañana del 13 de octubre de 1977. El vuelo de Lufthansa LH181 llevaba media hora en el aire. Había ...

10.11.201515:30 H.

Eran poco más de las 11.30 de la mañana del 13 de octubre de 1977. El vuelo de Lufthansa LH181 llevaba media hora en el aire. Había salido puntual de Palma de Mallorca con 86 pasajeros y cinco tripulantes a bordo, y tenía previsto aterrizar en Fráncfort apenas dos horas más tarde. Entonces, cuando sobrevolaban Marsella, el palestino de 23 años Zohair Youssif Akache, que pasaría a la historia como “Capitán mártir Mahmud”, irrumpió a gritos en la cabina con una pistola cargada. Empezaba el secuestro del “Landshut”, el culmen del denominado “Otoño alemán”.

El Boeing 737 fue desviado a Roma. Allí los cuatro secuestradores, miembros del Frente Popular para la Liberación de Palestina, exigieron la puesta en libertad de diez miembros de la banda terrorista alemana Fracción del Ejército Rojo (RAF) y de dos compatriotas palestinos encarcelados en Turquía. Además, demandaban 15 millones de dólares por la liberación de los rehenes. El avión voló luego a Lárnaca en Chipre, para saltar posteriormente a Baréin, Dubai y Adén, en Yemen, y aterrizar, tras un juego de nervios y amenazas, en Mogadiscio, la capital de Somalia, en la madrugada del 17 de octubre. Aquel era su destino final.

Un portavoz del Gobierno alemán aseguró por radio desde la torre de control a Akache que los prisioneros de la RAF habían sido liberados y volaban hacia Mogadiscio. Que llegarían al día siguiente. Los palestinos accedieron a esperar. Entonces, a las 2 de la madrugada del 18 de octubre, se desató un incendio en las cercanías del aparato. Mientras los secuestradores lo observaban intrigados desde la cabina, 30 hombres de la unidad antiterrorista alemana GSG 9 irrumpieron en la aeronave en una operación coordinada. Reventaron todas las salidas de emergencia de forma simultánea y dispararon sobre los secuestradores. En el fuego cruzado murieron dos terroristas. Otro falleció a causa de las heridas poco después. Tan sólo cuatro pasajeros resultaron heridos.

Horas más tarde, tres de los terroristas alemanes a quienes pretendían liberar los palestinos -los líderes de la primera generación de la RAF Andreas Baader, Jan-Carl Raspe y Gudrun Ensslin- se suicidaron. En represalia, la banda terrorista asesinó ese mismo día al presidente de la patronal, Hanns Martin Schleyer, al que tenía secuestrado desde hacía cinco semanas. Un tiro en la cabeza. Su cuerpo fue descubierto al día siguiente, 19 de octubre, en el maletero de un Audi 100 aparcado en una pequeña calle de Mulhouse, un pueblo de Francia en la frontera con Alemania.

Esta concatenación de siniestros sucesos en apenas seis días marcó a Alemania. Y forjó un mito. Tras cada una de las decisiones que tomó el Gobierno alemán en aquellas horas interminables sazonadas de horror se encontraba la firma del canciller socialdemócrata Helmut Schmidt, fallecido hoy a los 96 años.

El excanciller Schmidt en una exposición sobre su carrera política, en Berlín (Reuters).El excanciller Schmidt en una exposición sobre su carrera política, en Berlín (Reuters).

Icono de la entereza del Estado

Su negativa a ceder a las demandas de los terroristas, pese a la posibilidad de víctimas mortales, y el fuerte sentido de la responsabilidad de Estado que demostró en aquellos días se convertirían en el principal legado de su mandato. Su gestión pragmática pero íntegra del “Otoño alemán” le convirtió en icono de la entereza en su país, en incorruptible instancia moral, un papel que siguió ejerciendo décadas después de abandonar la Cancillería. Para el recuerdo, la seria dignidad con la que presidió el entierro de Schleyer, junto a la viuda del empresario asesinado.

Schmidt nació en Hamburgo, en el noroeste de Alemania, el 23 de diciembre de 1918, apenas un mes después del fin de la I Guerra Mundial. Hijo de profesores, uno de ellos con ascendientes judíos mantenidos en secreto, Schmidt llegó a ser líder de grupo en las Juventudes Hitlerianas, pero en 1936 fue relevado por sus posturas contrarias al nacionalsocialismo.

Ya durante la II Guerra Mundial se casó con su amor de juventud, Hannelore “Loki” Glaser (con quien tendría dos hijos poco después, aunque uno falleció al año de meningitis), y luego fue enviado al frente. Al término de la contienda ingresó en el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), lideró por dos años la Liga Alemana de Estudiantes Socialistas y prosiguió con sus estudios universitarios, para graduarse en 1949 en Economía y Ciencias Políticas.

Schmidt entró en el Bundestag por primera vez entre 1953 y 1958. En la cámara baja alemana, entonces en Bonn, se hizo un nombre por su capacidad retórica y su franqueza. En aquellos años hizo campaña en contra de las armas nucleares y su posible empleo por parte de la Bundeswehr, pese a encontrarse inmerso en la lógica de la Guerra Fría. El SPD lo ascendió primero a un cargo ejecutivo dentro del grupo parlamentario y luego a la dirección federal.

En 1967, tras unos años centrado en la política local de su Hamburgo natal, volvió al Bundestag para liderar el grupo parlamentario socialdemócrata. De ahí pasó sucesivamente a encabezar los Ministerios de Defensa (69-72), Economía (1972) y Hacienda (72-74) bajo su correligionario Willy Brandt.

Helmut Schmidt durante una ceremonia en la Universidad de las Fuerzas Armadas Alemanas, en la ciudad de Hamburgo, el 29 de enero de 2009 (Reuters).Helmut Schmidt durante una ceremonia en la Universidad de las Fuerzas Armadas Alemanas, en la ciudad de Hamburgo, el 29 de enero de 2009 (Reuters).

Canciller, escritor, europeísta

La dimisión de Brandt en 1974 a raíz del escándalo Günther Guillaume, el consejero personal del canciller que resultó ser un espía de la República Democrática Alemana (RDA), llevó a Schmidt a la jefatura del Gobierno. Dos años después ganó las elecciones y formó gobierno con el Partido Liberal (FDP). En el marco de la crisis del petróleo, la legislatura se preveía principalmente enfocada a la recuperación económica, pero el turbulento “Otoño alemán” fue lo que dio forma a su mandato. Schmidt fue reelegido en 1980, pero sus socios liberales le traicionaron a mitad de legislatura para apoyar al nuevo líder de los conservadores, Helmut Kohl.

El socialdemócrata abandonó entonces la primera línea de la política activa, pero nunca el compromiso que le llevó a la militancia. En las siguientes décadas trabajó como editor en el diario ‘Die Zeit’, arropó iniciativas, dictó conferencias, concedió entrevistas y escribió más de treinta libros, como Mi Europa y Hombres y poderes. En todo este despliegue dejó a las claras -además del hecho de ser un fumador empedernido- su pasión por Europa y su decidida apuesta por el euro mucho antes de que fuese una realidad tangible, así como su intuición política, al abordar extensamente el surgimiento de China y el cambio de paradigma que supusieron la caída del Muro de Berlín y la globalización.

Fuente: ElConfidencial.com