'Networking' en los pasillos de Davos

23.01.2016 – 05:00 H. Si uno tiene tomando un café en la mesa de al lado a David Cameron, y en la siguiente a Richard Branson, ¿a quién abordar? Algunas ...

23.01.201605:00 H.

Si uno tiene tomando un café en la mesa de al lado a David Cameron, y en la siguiente a Richard Branson, ¿a quién abordar? Algunas elecciones no son fáciles, aunque Isaac Castro -definámoslo por ahora como un mostoleño de 31 años- lo vio claro: mejor hablar con el “ídolo”, con el segundo. Más difícil fue para él llegar a uno de los pocos sitios donde es posible para un joven de Móstoles codearse con un primer ministro británico y el fundador de Virgin: el Foro Ecónomico Mundial de Davos, que se celebra hasta este sábado.

Cameron departía agitadamente con algunos colaboradores; Branson escuchaba música, y Castro salía de uno de los dos ‘paneles’ en los que ha participado en Davos. Y es que Castro no es sólo un joven orgulloso de haber crecido en Móstoles (Madrid), también se puede decir de él que cuenta con un premio en innovación biomédica del Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT) -el mismo que lo incluyó en 2013 en el ‘top ten’ de los jóvenes españoles más innovadores-, que ha pasado por la Singularity University de Google y la NASA y que acaba de fundar en Silicon Valley una compañía, Emerge, que aspira a “eliminar las barreras que nos impiden comunicarnos de forma completa”. Por ahora, ya tienen un prototipo que abre las telecomunicaciones al sentido del tacto. Castro es, además, uno de los más de 5.000 ‘global shapers’ (una red de jóvenes líderes que tienen voluntad de producir un impacto positivo en sus comunidades, repartida en más de 400 ‘hubs’ o ciudades) del Foro Económico Mundial, y uno de los 50 privilegiados que, entre ellos, están invitados a Davos.

Isaac Castro, en el panel 'Construyendo la paz desde la base'. Isaac Castro, en el panel ‘Construyendo la paz desde la base’.

Él, por dos razones. Por su labor en Emerge, que casa con uno de los grandes ‘leitmotif’ de Davos este año, la cuarta revolución industrial, un “tsunami” -la expresión es de Klaus Schwab, fundador del Foro-, en que tecnologías como la inteligencia artificial, la robótica o la nanotecnología borrarán los límites entre lo físico y lo digital y transformarán los modos de comunicación, producción, liderazgo empresarial y político (arrasando de paso a los países que no se preparen para afrontarlo). También por su apoyo, desde Colombia -donde Castro ha trabajado los último tres años, para Siemens, uniéndose al ‘hub’ de Bogotá-, a la reintegración de los ‘desmovilizados’ de las FARC tras el proceso de paz. Castro ha participado, de hecho, en dos sesiones del Foro, una sobre la construcción de la paz desde la base y otra sobre tecnologías del futuro.

“Soy muy consciente de las críticas que se refieren a Davos como el lugar donde se reúne el 1% más poderoso de la tierra para hablar de dinero. Pero el foro se está esforzando por incluir temas sociales, y se están tratando temas como el de los refugiados, la desigualdad, la paz…, Yo me he encontrado aquí con una realidad diferente, con la inclusión de más mujeres y también de jóvenes. A los grandes CEO les interesa nuestro punto de vista, porque una de las cosas que más les preocupa ahora es comprender a los ‘millennials'”.  

Dice Castro que en Davos la actividad (del alba a la noche) tiene tres patas. La primera, la más pública, la de las sesiones organizadas, a las que asiste cerca de un centenar de personas, como la que le ocupó el miércoles con el CEO de Microsoft, Satya Nadella, y la directora de operaciones de Facebook, Sheryl Sandberg. La segunda, basada en encuentros más o menos privados, reuniones o desayunos cara a cara (o casi) con los grandes líderes. Pongamos, por ejemplo, el desayuno que Castro y una decena de personas más iban a mantener con Bill Gates en la mañana del viernes. Gates lo canceló finalmente, aunque Castro quedó contento porque entre croasanes y zumos de naranja conoció a toda la cúpula de Gavi. Este sábado, por otro lado, tiene otra cita con Melinda Gates. Pongamos, también, los que sí ha mantenido con el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, con Klaus Schwab, fundador del Foro, con el neurocientífico Edward Boyden, con el Nobel de la Paz Muhammad Yunus, etc. 

La tercera de las patas, quizá la más relevante, es “vivir en los pasillos“. Por los pasillos o en ‘lounges’, ahí Castro ha hablado con Ignacio Sánchez Galán, CEO de Iberdrola, con Al Gore, con Branson. El ‘networking’ es la esencia de Davos, un foro en el que los participantes utilizan una herramienta interna para acordar citas con quien les interesa (Castro contactó así con el director del MIT, Rafael Reif) más allá de las necesariamente fugaces charlas de pasillo.

Colas ante el Palacio de Congresos de Davos. (Reuters)Colas ante el Palacio de Congresos de Davos. (Reuters)

Una vez se está en Davos -tras la invitación formal a participar en alguna de las sesiones, que a Castro le llegó 15 días antes del foro- y cuando se han sorteado los muchos controles en la que probablemente es estos días la ciudad más segura del planeta -“aquí se dice que hay más guardias que participantes en el foro”- todo son facilidades para el encuentro. Encuentros con los líderes consolidados (en Davos, aparte de Castro y Sánchez Galán, están acreditados los españoles José María Álvarez-Pallete, CEO de Telefónica; Ana Patricia Botín, presidenta de Banco Santander; Javier López Madrid, vicepresidente Ejecutivo de FerroglobeJosé Manuel Entrecanales, Presidente de Acciona; Xavier Sala i Martin, Profesor de Columbia University; Josu Jon Imaz, CEO de Repsol; Francisco González‎, presidente de BBVA; Gloria Fluxà, CEO de Iberostar; Luis Álvarez, CEO de BT Global Services; y Fernando Carro, CEO de Arvato) y con quienes (aún) no lo son. Con los que innovan adelantando esa cuarta revolución que Castro no deja de mencionar y los que lo hacen para llevar electricidad a quienes aún no la tienen. Es el objetivo del compañero de habitación de hotel de Castro en Davos, Jaideep Bansal, del ‘hub’ de Chandigarh, una localidad al norte de India. 

Bansal no aparecerá en las grandes fotos de este Foro, pero también es Davos. Tampoco estará en ellas Isaac Castro, un mostoleño de 31 años afincado ya en Silicon Valley y consciente de que está viviendo estos días un raro privilegio que no olvidará jamás. Y que advierte, por cierto, de que España “no está formando a los jóvenes” en las disciplinas (o mejor, en la interdisciplinariedad) que están cambiando el mundo, las de esa cuarta revolución que lo transformará todo. O eso dicen en Davos.

Fuente: ElConfidencial.com