Ni escotes, ni raps: Pekín refuerza la censura para proteger la “moralidad” de China

No es de sorprender que cuando Luo Ye decidió dejar sus estudios de informática para empezar una carrera como modelo, eligiera instalarse en Shanghái, la ...

No es de sorprender que cuando Luo Ye decidió dejar sus estudios de informática para empezar una carrera como modelo, eligiera instalarse en Shanghái, la ciudad más elegante y cosmopolita de China. Pero ahora, después de más de tres años ejerciendo la profesión, la joven afirma indignada que nunca antes se había encontrado con una normativa tan conservadora como la de la última edición de la feria China Joy, la principal muestra de ocio digital del país, que se celebró a finales de julio en la metrópolis.

“El código de vestimenta estipula que la zona del pecho debe estar completamente cubierta con materiales opacos, no se puede mostrar más de dos terceras partes de la espalda, y los ombligos deben quedar cubiertos”, detallaba el periódico estatal China Daily. Luo concreta aún más: las trabajadoras del evento tenían prohibido lucir ningún vestido que dejara a la vista un escote que midiera más de dos centímetros, o se exponían a recibir una multa de 5.000 yuanes (700 euros). Las modelos también fueron advertidas de que debían evitar mostrarse “excesivamente amigables” con los visitantes. “Se trata de unas normas muy retrógradas, y nadie nos ha explicado por qué han decidido implanatarlas”, se queja Luo a El Confidencial.

En China, es habitual que los atrevidos vestidos de las modelos de las ferias internacionales se conviertan en la principal atracción del evento, y que algunos visitantes terminen arremolinándose alrededor de las chicas para tomar fotos desde todos los ángulos posibles sin ningún tipo de pudor. Sin embargo, durante los últimos meses, el Partido Comunista de China (PCC) ha tomado distintas medidas para acabar con esta y otras situaciones que considera moralmente inaceptables.

Una modelo de la firma Quick Response Code durante una feria en Pekín (Reuters).Una modelo de la firma Quick Response Code durante una feria en Pekín (Reuters).

Sociedad sin moral

“Creo que el nuevo Gobierno, y especialmente el propio presidente de China, Xi Jinping, piensan que la regulación sobre la moralidad social fue en el pasado muy laxa […] y los líderes del PCC intentan ahora enfocar el desarrollo cultural y moral del país hacia la dirección ‘correcta’ con más mano dura”, explica Zhengxu Wang, experto en política china en la Universidad de Nottingham. Desde su llegada al poder hace tres años, Xi se ha mostrado ante el público como un líder dispuesto a terminar con los abusos de poder y el escandaloso estilo de vida de distintos altos cargos del Ejecutivo.

Wang explica por qué ahora Pekín se ve obligado también a luchar contra algunas “malas conductas” sociales: “El PCC se considera parte de la propia sociedad, y si detecta un deterioro en la misma, esto también supone un deterioro para el PCC y para China”.

Entre otras medidas, el pasado 10 de agosto, el Ministerio de Cultura del país prohibió un total de 120 canciones chinas, muchas de ellas raps, alegando que “promueven la obscenidad, la violencia, el crimen o dañan la moralidad social”, informaba la agencia de noticias oficial Xinhua. Así, los propietarios de todo tipo de karaokes, bares y cafeterías, y los proveedores de música online tenían hasta el día 25 de agosto para borrar de sus listas de reproducción temas con títulos como “Pedo”, “No quiero ir a la escuela”, “Me gustan las chicas de Taiwán” o “Diario de un suicida”. El organismo afirmó que la lista será actualizada regularmente.

Mientras que algunos internautas apoyaban la medida, otros se reían de la misma sin tapujos. “Doy gracias al Ministerio de Cultura por darme una lista de canciones para escuchar”, decía un mensaje de Weibo, el Twitter chino, recogido por el South China Morning Post.

La lucha contra los “virales”

Pekín también se ha mostrado determinado a eliminar todo tipo de vídeos y mensajes “virales” de internet que considere perniciosos para la moral nacional. El julio pasado, los censores de la red tuvieron que trabajar a contrarreloj para hacer desaparecer un vídeo sexual grabado por una joven pareja en los vestidores de una tienda de la popular marca de ropa japonesa Uniqlo, que en pocas horas fue visto y compartido por millones de usuarios. La Administración del Ciberespacio de China, encargada del control sobre la red, afirmó que la grabación “iba en contra de los valores socialistas principales”, según recogía la cabecera Global Times

Las nuevas regulaciones reflejan ‘el análisis del PCC sobre la realidad y las fronteras que fija para actores sociales y empresariales’ que crean productos culturalesPocos días después, la policía de Pekín detenía a cuatro personas acusadas de “difundir contenidos obscenos” a través de internet, según Xinhua. La ley del país prohíbe la pornografía, y estipula que la distribución de materiales “obscenos” puede llegar a ser castigada con hasta dos años de cárcel. Pero el nuevo control moral no se limita a creaciones pornográficas amateur. La serie de televisión “La emperatriz de China”, protagonizada por la estrella Fan Bingbing (la cuarta actriz mejor pagada del mundo, según Forbes) fue retirada de la programación a los pocos días de su estreno el pasado diciembre, sin que se ofreciera ninguna explicación a los televidentes. Cuando se reinició la emisión de la intriga palaciega, la causa del parón se hizo evidente: el canal había editado las imágenes para evitar que ninguno de los pronunciados escotes de las cortesanas aparecieran en pantalla. Finalmente, las autoridades explicaron que los capítulos habían sido retocados porque contenían imágenes “no saludables para los menores”, recogía China Daily.

Los internautas, de nuevo, no tardaron en ridiculizar la medida, y a modo de protesta recortaron innecesariamente las fotografías de numerosos famosos y políticos, para que no se viera su cuerpo por debajo del cuello. Los más iconoclastas llegaron a difundir por Weibo una foto de Mao Zedong sin camiseta, con el pecho del Gran Timonel también censurado.

Una modelo guarda su móvil en la bota antes del Gran Premio de Shanghái, China (Reuters).Una modelo guarda su móvil en la bota antes del Gran Premio de Shanghái, China (Reuters).

Una sociedad más dinámica

Pese a las nuevas prohibiciones, China cuenta con una población más plural e informada que nunca, y los expertos no creen que las restricciones consigan cambiar la situación. “Es indudable que se seguirá avanzando hacia una sociedad más abierta y más dinámica a nivel cultural y en la esfera pública”, garantiza Wang. Para el profesor, las nuevas regulaciones reflejan “el análisis del PCC sobre la realidad y las fronteras que intenta fijar para los actores sociales y empresariales” a la hora de crear productos culturales.

Por su parte, los ciudadanos están cada vez más acostumbrados a quejarse, y cada nueva medida adoptada por el Gobierno ha venido acompañada de numerosas críticas y bromas por internet. Sin embargo, el nuevo énfasis en la “moralidad” por parte de Pekín afecta directamente a trabajadoras como Luo, que explica que ella y las demás modelos temen que los organizadores de eventos dejen de contratarlas. El abril pasado distintas compañeras ya realizaron una pequeña protesta ante la retirada de animadoras del Salón Internacional del Automóvil de Shanghái. “Si las nuevas normas ponen en peligro nuestra empleo, no cabe duda que cada vez más y más modelos saldrán a manifestarse”, comenta.

Fuente: ElConfidencial.com