No hay una heredera europea clara para la City de Londres

05.03.2017 – 05:00 H. La sabiduría popular asegura que “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Pero sin conocer aún ni la fecha, ni el contenido del ...
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05.03.201705:00 H.

La sabiduría popular asegura que “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Pero sin conocer aún ni la fecha, ni el contenido del acuerdo de divorcio entre Reino Unido y la Unión Europea, es difícil calcular qué podrían pescar las ciudades europeas que están tratando de desplegar sus redes sobre la City londinense.

En un momento en el que las negociaciones para la salida del país comunitario están aún por empezar, los incentivos que tienen las entidades y empresas financieras basadas en Londres tienen para mudarse al continente son, como poco, discutibles. Pese a la dura retórica del Gobierno británico, cabe la posibilidad de que el Reino Unido acepte finalmente mantener el código normativo único (Single Rulebook) europeo y que logre mantener el pasaporte europeo que permite operar con una sola licencia en toda la UE, como apunta Garrigues en un informe reciente.

Manifestación a favor del Brexit a las puertas del Parlamento de Londres en noviembre. (Reuters) Manifestación a favor del Brexit a las puertas del Parlamento de Londres en noviembre. (Reuters)

Hasta que el Brexit no tome forma y no se defina qué tipo de acceso tendrá Reino Unido al mercado único europeo, incluido el mercado financiero y los mercados de capitales, es difícil calcular qué podrían necesitar de un hipotético nuevo país de acogida. Las mudanzas tienen costes, en términos de tiempo y monetarios, pero también de capital humano, y suponen un riesgo. Hasta que no se pueda ponderar el riesgo de quedarse en Londres frente al riesgo de cambiar el Támesis por el Sena, el Meno o el Manzanares será difícil valorar qué opciones tiene cada candidata de convertirse en la sucesora de la City. Aunque muchas de ellas han comenzado ya una campaña para hacerse valer.

Madrid, pros y contras

Madrid, que ni siquiera entra en todas las quiniela, puede jugar bazas como su calidad de vida, su vida cultural atractiva y su clima. España también puede presumir de haber acometido un saneamiento de su banca tras la crisis financiera y de una economía que mantiene un crecimiento por encima del 3%.

Pero sobre todo la capital española cuenta con una legislación laboral más flexible y unos impuestos más reducidos que los que se aplican en otras ciudades como París. Por tamaño, también podría albergar un número alto de trabajadores desplazados desde Reino Unido y ampliar su centro financiero en áreas urbanas por desarrollar cercanas a su barrio financiero, como Chamartín.

David Fernández

Preparan un viaje antes del verano o en septiembre para vender las ventajas competitivas de la comunidad y convencer a inversores que quieran dejar Londres tras el Brexit

Sin embargo, Madrid presenta importantes debilidades frente a otras rivales, como su posición periférica respecto al centro de Europa; el idioma, que podría suponer una barrera para los trabajadores desplazados desde Londres; y su menor relevancia como centro financiero respecto a otras plazas.

Mudarse al otro lado del canal de la Mancha

París, donde HSBC ha anunciado que prevé trasladar 1.000 puestos de trabajos, es la ciudad que ha mostrado una mayor determinación por convertirse en el nuevo centro financiero europeo. Además de su encanto y su atractivo cultural, la capital francesa se encuentra a tiro de piedra de Londres, cuenta con una conexión ferroviaria que permite desplazarse del continente a la isla en apenas dos horas y media, lo que facilita una mudanza gradual o parcial. Pero, ante todo, París es un centro financiero ya bien desarrollado, en el que muchas empresas y bancos ya están presentes, lo que facilita su deslocalización.

Sin embargo, pese a las palabras de bienvenida del Elíseo, la ‘mairie’ de París y el centro financiero de la Défense, pocos se han olvidado del “superimpuesto” del 75% a los ingresos de más de un millón de euros con el que el presidente, François Hollande, provocó una fuga de ejecutivos, a los que Reino Unido tendió una alfombra roja. La rigidez del mercado laboral francés también juega en su contra, así como la compleja situación de seguridad que atraviesa Francia en los dos últimos años.

El presidente francés, François Hollande. (EFE)El presidente francés, François Hollande. (EFE)

Fragmentación

Otras candidatas como Dublín, Milán, Amsterdam o Fráncfort, sede del Banco Central Europeo (BCE), cuentan también con sus pros y sus contras. Por lo que una hipotética disputa para heredar la importancia de Londres está lejos de estar resuelta. Aunque, ante todo, la clave es si realmente el Brexit hará perder a la City tanto terreno como algunos esperan o no, y en ese caso, en beneficio de quién.

Como poco, el miembro francés del comité ejecutivo del BCE, Benoit Coeuré, ya ha avisado de que si Reino Unido abandona el mercado único será un “reto” lograr negociar con el país unas regulaciones que ofrezcan las salvaguardas necesarias para que el resto de socios europeos acepten que las cámaras de cambio y compensación basadas en la isla sigan llevando a cabo operaciones en euros. Esto podría suponer un importante revés para los británicos, ya que podría suponer también la pérdida de su dominio en las operaciones con derivados. Además, lo más probable es que Londres sí pierda su papel predominante en la actividad denominada en euros, que la eurozona desde hace tiempo preferiría ver localizada en su territorio, bajo la supervisión del BCE.

Aunque la City siga siendo la City -el centro financiero más importante de Europa- si queda fuera del mercado interior es probable que parte de su actividad se desplace al continente. Pero no necesariamente a una misma ciudad. “Existe un riesgo de fragmentación. Todas las ciudades candidatas tienen ventajas y desventajas, pero ninguna tiene la capacidad para asumir el ecosistema financiero de Londres”, explica el analista de Open Europe Vincenzo Scarpetta a El Confidencial. Y esta fragmentación, advierte Scarpetta, podría tener consecuencias sobre la estabilidad financiera y suponer un aumento de costes para el sector. Algo que no va en el beneficio de nadie, tampoco de los 27, que aún no pueden dar por enterrada la crisis financiera -especialmente con la fragilidad que arrastra el sistema italiano y la incertidumbre sobre el futuro del rescate griego-, ni por conquistada la recuperación económica.

Fuente: ElConfidencial.com