“Nuestra relación con el Islam determina el futuro de Europa”

22.04.2017 – 05:00 H. Alemania ha dejado de ser un oasis a salvo del avance de la extrema derecha y los movimientos ultras que recorren Europa. La razón ...
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22.04.201705:00 H.

Alemania ha dejado de ser un oasis a salvo del avance de la extrema derecha y los movimientos ultras que recorren Europa. La razón responde a las siguientes siglas: AfD (Alternative für Deutschland – Alternativa para Alemania), un partido de posiciones netamente ultraderechistas, euroescépticas e islamófobas que se presenta ante el electorado germano con una opción votable. Con poco más de cuatro años de edad, AfD ha entrado ya en 11 de los 16 parlamentos regionales del país y apunta a conseguir una fracción propia en el Bundestag en las elecciones federales del próximo septiembre. Con un discurso antiestablishment y gracias a un electorado claramenente transversal, AfD incluso podría convertirse en el tercer partido más votado.

Sin embargo, el joven partido ultraderechista vive actualmente las horas más difíciles desde su fundación debido a duros enfrentamientos internos. Recientemente, su actual líder, Frauke Petry, renunció a encabezar la candidatura para los próximos comicios federales. Este fin de semana, AfD celebra en la ciudad de Colonia un congreso decisivo para apaciguar las aguas. La eurodiputada Beatrix von Storch, integrante de la dirección que llegó a insinuar la necesidad del uso de las armas de fuego para frenar la entrada de refugiados a Alemania, participará en él. Von Storch concedió esta entrevista exclusiva a El Confidencial en sus oficinas de Berlín.

Pregunta: Poco después de su fundación hace cuatro años, AfD se presentó como un partido liberal, nacional y conservador. ¿Seguiría usted calificando así al partido?

Respuesta: Sí, como liberal, conservador, de los ciudadanos comunes y patriótico. Así lo calificamos nosotros. Eso es algo que no ha cambiado con nuestro programa. Ahora contamos con un programa que representa todos esos valores y parámetros.

P. ¿Es el concepto “patriótico” algo que llegó al partido tras la salida de la formación de Bernd Lucke, el líder de AfD hasta 2015 y ahora exmiembro del mismo?

R. No, eso es algo que siempre estuvo presente en la base. Los miembros de nuestro partido son muy de la opinión de que en Europa deberíamos vivir con amistad y una buena relación con nuestros vecinos, pero también de que cada país tiene el derecho a representar sus propios intereses. Y al final el resultado de esa combinación es lo mejor para todos. A diferencia del nacionalismo, el patriotismo significa amar a tu propio país pero sin imponerse al resto de países. El nacionalismo supone elevar a tu país por encima del resto. Y eso es algo que nosotros no queremos.

P. Usted y otros miembros de AfD definen a su formación como un partido de trabajadores, de la gente sencilla…

R. Somos un Volkspartei [partido popular], y ello significa tener diversidad tanto en los temas que cubrimos como en el tipo de gente al que nos dirigimos. Ello también lo vemos en nuestros votantes y en nuestros potenciales votantes. Es decir, nosotros nos dirigimos a la gente sencilla pero también a la burguesía situada en el centro de la sociedad, y también al sector de centro y conservador. Ahí está nuestra diversidad. Los datos muestran que recibimos votos de antiguos votantes socialdemócratas del SPD, también muchos del partido de La Izquierda y de los democristianos de la CDU, como fue el caso en las recientes elecciones regionales del Sarre; sin embargo, recibimos poco apoyo de votantes de Los Verdes, porque este último partido está situado ideológicamente en otro lugar. También movilizamos a abstencionistas.

P. ¿Encuentra usted que Los Verdes son un partido demasiado poco patriótico?

R. Los Verdes me dan igual, no son nuestra clientela. Sólo intento aclarar que los votantes de La Izquierda apuestan por nosotros porque son personas muy normales con problemas muy normales. Saben que no podemos ofrecer solidaridad a todo el planeta; saben que no podemos ofrecer apoyo social a personas de todo el mundo; saben que ello va en detrimento de los más débiles en nuestro país; saben que esa postura es una ficción, que la solidaridad con todo el planeta es un proyecto ideológico y que un país sin fronteras ya no es un país, sino algo así como una superficie. Los izquierdistas de Los Verdes intentan vender sus postulados, pero los votantes de La Izquierda no compran gran parte de ese programa.

Andreu Jerez. Berlín

Movimientos y partidos de ultraderecha avanzan electoralmente en Alemania, pero ya no son los marginales de antaño. Su viejo sueño, formar un Frente de Derechas, parece hoy algo plausible

P. ¿Cree usted que AfD es la única oposición real actualmente en Alemania?

R. Creo que eso es algo indiscutible. Incluso diría que es algo que ni siquiera niegan los grandes partidos como la CDU, el SPD e incluso Los Verdes. Hace poco le pregunté al jefe de la fracción parlamentaria socialdemócrata en el Bundestag cuáles eran las principales cinco diferencias entre su partido y los democristianos. No pudo ofrecer ni una. Dijo que el SPD quería hacer las cosas diferente en cuanto a los contratos laborales temporales, que su partido, a diferencia de la CDU, quería invertir más en educación, dijo algo sobre la familia… y es que todos los partidos políticos alemanes, con la excepción de AfD, están de acuerdo en que hay que entregar de manera paulatina la soberanía nacional, que hay que construir la UE como un Estado en detrimento de los Estados soberanos europeos, con la destrucción final del Estado nación, y que el euro debe ser rescatado cueste lo que cueste, primero en Grecia, luego en Italia y por último también España.

No tenemos que enseñar a niños de dos años cuáles son las diferencias entre 80 géneros ni ofrecerles una educación sexual prematura Todos comparten la opinión de que el ‘brexit’ es algo malo. No hay ningún partido que esté dispuesto a hacer política para la familia normal, y la familia normal está compuesta por padre, madre e hijos, y no por dos padres, dos madres y que funciona como un piso compartido. Esa posición sobre la familia era antes normal, pero ahora se ha convertido en una postura radical, pero no porque sea radical, sino porque el resto de partidos se ha apartado de ella. Tenemos sentencias del Tribunal Constitucional alemán que establecen que la familia normal está siendo discriminada de manera anticonstitucional. Por eso nosotros decimos que somos el abogado de la familia normal, una posición representada antes por la CDU, pero que hoy parece radical. Somos quienes decimos que hay mujeres y hombres, y no 80 géneros diferentes que tienen que ser igualados. Y tampoco tenemos que enseñar a niños de dos años cuáles son las diferencias entre esos 80 géneros ni ofrecerles una educación sexual prematura. Esas son todas cosas que no necesitamos. Todo eso debe ir a la basura. Todas esas posturas fueron defendidas en el pasado por la CDU, ahora las ha abandonado y para representarlas estamos nosotros.

P. El pasado enero, su colega Marcus Pretzell, eurodiputado por AfD, organizó un congreso en Coblenza al que fueron invitados partidos como el Frente Nacional de Marine Le Pen, PVV de Geert Wilders, FPÖ austriaco y la Liga Norte italiana. Todos esos partido presentaron una postura común contra la UE. Usted no participó en ese congreso. ¿Por qué?

R. Sí, es cierto, no estuve allí. Creo que tenemos un común denominador con todos esos partidos: nuestra crítica a la Unión Europea. Y ese es un gran denominador común, puesto que nosotros queremos que los españoles hagan política para España, los italianos para Italia, los griegos para Grecia y los alemanes para Alemania. No queremos que los alemanes hagan política para los griegos, pero tampoco que los españoles decidan lo que tiene que ocurrir en Alemania. No queremos este sistema, por eso queremos mantener los Estados. Nosotros decimos que la democracia sólo puede tener lugar en el marco de un Estado nación. Democracia significa gobierno del pueblo sobre sí mismo y no el gobierno del pueblo sobre otros pueblos. Por eso decimos que queremos mantener el Estado nacional y aseguramos que una democracia europea no puede funcionar, y eso lo vemos claramente en el caso de Grecia. Sobre ese país se toman decisiones en lugares situados fuera de Grecia, decisiones que los griegos deben aplicar y que rechazan porque consideran que no son sus propias decisiones. Y en eso tienen razón. No son sus decisiones y no tienen por qué aplicarlas. Pero nosotros, los alemanes, tampoco tenemos por qué pagar por esas decisiones incorrectas.

P. ¿Y por qué no participó usted en ese congreso si considera que hay tantos puntos en común con los partidos allí representados?

R. Como usted sabrá, yo no pertenezco a la fracción parlamentaria europea que organizó ese congreso y por eso no tenía por qué ir.

P. ¿Pero le gustó en congreso? ¿No está usted en contra de apariciones conjuntas con partidos como Frente National, que más que patriotas son directamente nacionalistas?

R. Reconozco que tenemos un común denominador con esos partidos, pero no participé en el congreso porque algunas de las cosas que allí se dijeron tal vez me parecen un poco fuertes. A pesar de todo, hay que observar cómo se desarrollan las cosas. Si miramos hacia delante, seguramente no podemos imaginarnos cómo será el mundo dentro de cinco años, más aún cuando nos damos cuenta de como ha cambiado en los últimos cinco. Pero en cuanto a lo me pregunta, soy un poco cauta porque sé cuál es la percepción en Alemania de algunos de esos partidos. Además, conozco a Nagel Farage desde muchos años, mucho antes de que existiera AfD, así que tenía muy claro que me integraría en la fracción del Parlamento Europeo en la que él era presidente.

Antonio Martínez. Berlín

Frauke Petry ha viajado a la capital rusa para reunirse con estrechos aliados del presidente Vladímir Putin, sin decírselo siquiera a algunos altos cargos de su partido. ¿Qué busca en Rusia?

P. ¿Están usted y su partido a favor de la disolución de la Unión Europea como proyecto?

R. No, nosotros estamos a favor de la Unión Europea tal y como fue acordada. Y lo acordado, la idea de la Unión Europea era una Europa de las patrias. No queríamos acabar con nuestros Estados ni entregar nuestra soberanía. Queríamos tener una Europa con un mercado libre en el que pudiésemos viajar lo más libremente posible, pero sin que esas libertades tuvieran que ser algo sagrado por lo que tengamos que sacrificar, por ejemplo, nuestra seguridad. Tampoco pensamos que podamos compartir una moneda común con países que no son económicamente igual de fuertes que Alemania. Las monedas no pueden ser construidas por encima de fronteras políticas. Eso es algo que nunca antes en la historia funcionó y esta vez tampoco funcionará. De hecho, es algo que ya no funciona. Es decir, queremos que Europa vuelva a ser lo que fue. Como potencia exportadora, Alemania tiene un interés elemental en que nuestros socios europeos también sean fuertes económicamente. Nosotros no sólo sacamos provecho de un euro débil, sino que al final nosotros somos los que más sufrimos si a nuestros socios no les va bien porque para ellos la moneda común es demasiado fuerte.

P. Planteemos la pregunta de otra manera: ¿considera AfD que la disolución de la Unión Europea como un escenario posible?

R. Consideramos como un posible escenario que cada vez más países tengan el impulso de abandonar la UE. Ya hemos visto como lo ha hecho el primer país, porque no quería aceptar el dirigismo de Bruselas. Vemos en diferentes países como, cuanto mayor es la fuerza del poder central, mayores son las tendencias de diferentes regiones de deshacerse de esa intervención centralista. Eso es lo que estamos viendo, y la tendencia de la UE es ahora fortalecer aún más ese poder central. Ahora quieren un ministerio económico europeo, un ministerio de defensa europeo, un sistema fiscal europeo… es decir, quieren construir un Estado europeo.

Nosotros estamos a favor de la Unión Europea tal y como fue acordada. Y lo acordado, la idea de la Unión Europea, era una Europa de las patriasHace poco hubo una declaración común de los presidentes de los parlamentos de Alemania, Luxemburgo, Italia y Francia a favor de un Estado europeo, de una federación europea. Eso significa el fin de los Estados nación. Yo siempre intento expresar esas tendencias con la siguiente frase: en la próxima Copa del Mundo, jugaremos todos juntos, vamos a construir una selección común. Alemania ya no jugará contra España, sino que haremos un equipo con los mejores de cada país. Y eso es algo que nosotros no queremos. Estamos en contra de ello con total claridad. No queremos convertirnos en un Estado federado dentro de un Estado comunitario que tenga un Gobierno cuyo lenguaje no seamos capaces de hablar.

P. Usted y su partido saludaron en numerosas ocasiones que Gran Bretaña pudiese decidir su permanencia o salida de la UE. ¿Impulsaría un Gobierno alemán de AfD también un referéndum sobre la permanencia de Alemania en la UE?

R. Sí, es algo que recoge nuestro programa y que queremos. Pero antes necesitamos un amplio debate sobre lo que queremos respecto a la UE y también respecto al euro. Nosotros queremos la UE que fue acordada en un primer momento, y ahí es adonde tenemos que volver. Pero las cosas se han desarrollado de manera muy diferente durante los últimos tiempos. Nosotros queremos una reforma de la UE. Sabemos que si Alemania abandona la UE, ello supondría el fin del proyecto europeo. Lo mismo ocurriría si Francia la abandonase y lo mismo vale para el euro. ¿Qué es el euro sin Alemania? Nada. Así que tenemos que tener un debate sobre la reforma de la UE bajo la premisa de que si no se reforma, Alemania abandonará el bloque. Ello debería ser un acicate para la reforma. Por eso necesitamos un debate en el que podamos exponer nuestras demandas.

Un votante de AfD con un cartel que reza: 'En las manos de Merkel hay sangre de nuestra gente'. (Reuters) Un votante de AfD con un cartel que reza: ‘En las manos de Merkel hay sangre de nuestra gente’. (Reuters)

P. ¿Considera usted que el fin del euro es una cuestión de tiempo?

R. Sí, de hecho puedo decir que el euro ya no existe. ¿Qué es el euro? El euro es un contrato. Y ese contrato tiene dos partes: la primera establece que todos pagan con la moneda común; la segunda, que cada Estado miembro paga sus propias deudas. Esto último es muy importante. Nuestro Tribunal Constitucional ha dicho que, en realidad, el euro es anticonstitucional. Muchos sabían que el euro no podía funcionar porque algunos Estados se endeudarían cada vez más a través de la moneda común sin la posibilidad de devaluar su divisa, como lo hicieron en el pasado, y así acabarían destrozando sus economías. El Tribunal Constitucional alemán aceptó el euro porque cada uno de los Estados miembro pagaba sus propias deudas. Pero esto último tampoco es ya más así: lo que tenía que ser un sistema solidario europeo se ha convertido en un sistema en el que Alemania paga por las deudas del resto, o por lo menos las avala. Por eso decimos que el euro, tal y como existió, ya no existe más.

P. ¿Por qué el Islam no pertenece a Alemania?

R. El Islam tiene en la mayoría de sus interpretaciones una pretensión de régimen político. Es una religión que no solo reglamenta la creencia personal, sino que también tiene la pretensión de reglamentar el derecho, las leyes. La sharia es el elemento integral del Islam. La sharia no solo reglamenta la creencia personal, mi relación con dios, sino también el derecho civil, el código penal, la sociedad, la familia, la vida pública, todo. Y eso, por principio, es incompatible con nuestra separación de religión y Estado. Y los valores de la sharia son en su mayor parte incompatible con nuestra sociedad, ni con nuestra Constitución ni con nuestras leyes ni con la dignidad humana ni con muchas otras cosas.

P. ¿Cree usted que Alemania sufre un problema de islamofobia? ¿Es Pegida, por ejemplo, una expresión de islamofobia o simplemente una expresión política más? Le pregunto esto porque algunos miembros de su partido han participado activamente sus marchas…

R. Yo pienso que decir que el Islam no pertenece a Alemania es una expresión política normal. Nunca perteneció a Alemania. Ello no significa que no pueda haber musulmanes que individualmente pertenezcan a Alemania y que se declaren en acuerdo con nuestro ordenamiento jurídico y de valores y que se han integrado en él. Sobre esto último no hay dudas. Pero el Islam, que en su mayoría de interpretaciones tiene una pretensión de establecer un régimen político, no encaja con nosotros.

El Islam tiene en la mayoría de sus interpretaciones una pretensión de régimen político. No solo reglamenta la creencia personalY lo que yo encuentro a faltar son manifestaciones masivas de musulmanes que salgan por miles a las calles y digan, primero, que no quieren lo que está haciendo Erdogan en Turquía y, segundo, que los ataques terroristas no los representan. Y esas manifestaciones no existen. Tras el atentado de Berlín hubo una marcha. Sobre ella, el semanario Der Spiegel escribió: “Docenas de musulmanes se manifiestan…”. En la foto de noticia se podían ver una veintena de manifestantes. Veinte musulmanes se manifestaron. Tras los atentado de París, el Gobierno federal alemán apoyó una concentración ante la Puerta de Brandeburgo para condenar los atentados y se invitó a musulmanes a participar en la misma. Al día siguiente algunos diarios titularon: “Más ministros que musulmanes”. No hay un levantamiento en la sociedad musulmana que deje claro que la violencia y el yihadismo no tienen que ver nada con ellos.

P. Pero, ¿considera usted que Pegida es un movimiento islamófobo?

R. Conozco Pegida demasiado poco.

P. Usted conoce bien Pegida, además algunos miembros de su partido han participado en sus marchas…

R. Sí, y creo que están en su derecho de ir a una manifestación. Nuestro partido tomó la clara decisión de no tener nada que ver con Pegida para evitar que los locos que participan en sus marchas vengan hacia nosotros. Con ellos no queremos tener nada que ver. Lo que los miembros de nuestro partido sí comparten con Pegida es la preocupación sobre la creciente influencia del Islam en Alemania. Y esa es una preocupación que yo también comparto. Yo digo que todos los problemas que nosotros tenemos, ya sea el euro, el cambio de modelo energético, la relación con Rusia, la familia y la educación, son todos problemas importantes, pero ninguno lo es tanto como la cuestión del Islam. Nuestro destino se decide respecto al Islam. Esa es la cuestión que determina el destino de Europa. Si nosotros vivimos en la edad moderna y cerramos compromisos con la edad de piedra, entonces volveremos a la Edad Media. Y eso es algo que no queremos. No llegaremos a compromisos con el Islam, defenderemos nuestros valores y enviaremos una clara señal de freno. No queremos hacer compromisos con el Islam político. Y quien quiera vivir bajo las reglas del Islam, lo puede hacer pero no en Alemania.

Fuente: ElConfidencial.com