Operación Red del Cielo: China persigue a sus corruptos incluso en el extranjero

“Me odio por haber sumido a mi mujer y a mí mismo en ese abismo”, decía Wang Guoqiang, un fugitivo chino que, después de pasar más de dos años en Estados ...

“Me odio por haber sumido a mi mujer y a mí mismo en ese abismo”, decía Wang Guoqiang, un fugitivo chino que, después de pasar más de dos años en Estados Unidos, decidió volver a China y entregarse a las autoridades. Según Wang, el matrimonio pasó su temporada en el extranjero cambiando constantemente de casa, saliendo solo por la noche y temerosos de ser descubiertos al solicitar ayuda médica. “Una vez, estuve a punto de morir debido a un ataque al corazón”, aseguraba el delincuente.

Su confesión, un sombrío relato sobre las dificultades que sufren aquellos que deciden burlar la justicia china, fue publicada en internet el pasado marzo por la Comisión Central de China para la Inspección Disciplinaria del Partido Comunista de China (PCC), el principal órgano de lucha contra la corrupción del país, y posteriormente difundida a modo de aviso por los principales medios estatales.

Desde su llegada al poder, el presidente chino, Xi Jinping, ha convertido la lucha contra la corrupción en una de sus prioridades, y el Gobierno intenta dar caza ahora a aquellos presuntos criminales económicos fugados al extranjero. El pasado abril, el país puso en marcha una campaña llamada Red del Cielo (“El cielo puede parecer delgado y disperso, pero es inmenso y no podrás escapar de él”, reza un refrán chino), que tiene como objetivo capturar a aquellas personas que hayan huido a otros países y perseguir a las compañías que les permiten lavar su dinero y enviarlo a sus nuevos hogares.

A su vez, la oficina de la Interpol en China emitió un listado de 100 fugitivos económicos, la mayoría de ellos funcionarios de rango medio o empresarios. Algunos de los destinos más populares para huir son Canadá, Australia o Estados Unidos, naciones que no cuentan con un tratado de extradición con Pekín.

Una campaña similar de 2014, apodada Caza del zorro, finalizó con el retorno de 500 sospechosos a China, y el Gobierno consiguió recuperar más de 3.000 millones de yuanes (unos 422 millones de euros) transferidos más allá de sus fronteras, según recogía el ‘South China Morning Post’. Sin embargo, estos resultados parecen solo arañar la superficie del problema: un estudio del centro de investigación estadounidense Global Financial Integrity cifraba en cerca de 520.000 millones de euros el total de salidas de capital ilícitas del país entre 2000 y 2011.

Falta de transparencia judicial

Pekín busca la colaboración internacional para proseguir con su campaña, y durante su visita oficial a Estados Unidos la semana pasada, Xi se aseguró de que el presidente norteamericano, Barack Obama, se comprometiera a seguir cooperando en la “extradición de fugitivos económicos e inmigrantes ilegales”. Días antes de la llegada de Xi, Washington repatrió a Yang Jinjun, el primer miembro de la lista de Red del Cielo que es devuelto a China desde Estados Unidos.

Sin embargo, la falta de transparencia del sistema judicial chino y la necesidad de probar que los presuntos criminales han violado leyes norteamericanas complican la situación. “Los investigadores estadounidenses se quejan de que la parte china no quiere mostrarle sus pruebas, simplemente esperan que les crean cuando dicen que ese dinero proviene de un desfalco”, explica Andrew Wedeman, experto en economía política china y corrupción del China Research Center, en Estados Unidos.

Por otra parte, este mismo septiembre, España también extraditó a Ding Qingping, otro fugitivo chino que, después de trasladarse a Canadá en 2008, fue finalmente detenido en nuestro país el diciembre pasado. En declaraciones a EFE, el embajador español en China, Manuel Valencia, transmitió su “satisfacción” por la colaboración judicial y explicó que quizás en las próximas “semanas o meses” puedan autorizarse desde el país tres extradiciones más, “siempre que se cumplan todos los requisitos legales”.

Pero los analistas descartan que la lista de 100 presuntos criminales económicos contenga a ninguno de los grandes ‘tigres’, el nombre que reciben en China los gobernantes de alto nivel. “Menos de la mitad de personas en el listado son funcionarios, y la mayoría de ellos de niveles bajos de la Administración. Pekín no ha mencionado a ningún ‘tigre’ escondiéndose fuera del país, puede que porque no existan, o sencillamente porque su existencia les avergüence demasiado”, asegura Wedeman.

El presidente chino, Xi Jinping, y el estadounidense, Barack Obama, se estrechan la mano durante una conferencia de prensa en Washington. (Reuters)El presidente chino, Xi Jinping, y el estadounidense, Barack Obama, se estrechan la mano durante una conferencia de prensa en Washington. (Reuters)

Presión a los familiares

La lentitud de la justicia extranjera y las dificultades burocráticas han llevado a las autoridades chinas a recurrir a otros métodos para conseguir hacer volver a los presuntos criminales.

El pasado agosto ‘The New York Times’ informó de que el Departamento de Estado de Estados Unidos advirtió a China de que dejara de enviar a agentes encubiertos al país para presionar a los fugitivos. Citando a funcionarios norteamericanos, el artículo explica que distintos empleados del Gobierno de Pekín con visado de turista recurren a “tácticas intimidatorias” para convencer a los sospechosos de que vuelvan a su país de origen. La agencia oficial de noticias de China, Xinhua, respondió afirmando que Washington había acordado colaborar con la operación Red del Cielo, y que había demostrado su “falta de sinceridad” al pedir al personal chino que abandonara el país.

El rotativo ‘China Daily’ recogía que, entre julio y diciembre de 2014, al menos 154 presuntos criminales se entregaron a la justicia china después de ser “persuadidos” para regresar al gigante asiático.

“Creo que hay personas chinas en Estados Unidos cuyo trabajo es localizar a estos fugitivos para presionarles a ellos y a su familia, para intentar que regresen de manera voluntaria”, explica Wedeman. Sin embargo, el experto admite que es más probable que las autoridades prefieran intimidar a aquellos parientes que permanecen en China, ya que la detención de cualquier agente chino en el extranjero “empeoraría considerablemente las condiciones para seguir colaborando”.

Por otra parte, el analista apunta a que factores como la imposibilidad de disponer de la totalidad de sus recursos económicos o el nivel de vida en países “menos lujosos”, como Camboya o Tailandia, pueden también influir en la decisión de entregarse a las autoridades en China. “Además, saben que hay funcionarios chinos persiguiéndoles, y la presión constante de sentirse vigilado supone un fuerte desgaste psicológico”, resalta Wedeman.

Fuente: ElConfidencial.com