Pep Guardiola vuelve al Camp Nou y los barcelonistas escogen trinchera

No hace falta poner el ejemplo de “si viene un marciano”  para ilustrar la sensación de extrañeza con la que vive todo aquel que no sea culé, o habite ...

No hace falta poner el ejemplo de “si viene un marciano”  para ilustrar la sensación de extrañeza con la que vive todo aquel que no sea culé, o habite entre ellos, por la amalgama de sentimientos que ha provocado la próxima eliminatoria de Champions entre Bayern y FC Barcelona. O, mejor dicho, entre el Barça y Pep. Desde luego, es lo contrario a “anecdótico”, como calificó el directivo Jordi Mestre el enfrentamiento ante el Bayern de Guardiola. La declaración unos se la tomarán como una torpeza ante los medios, una falta de destreza para hablar en público, y otros como un desaire, otro más, ante ‘el mite’-el mito-, así se le nombra en Barcelona: Pep Guardiola. Y esto no ha hecho más que empezar. Escojan trinchera. La equidistancia no está bien vista.

En el club azulgrana se sufre (ya incluso antes de que Pep se fuera, cuando se temía) de melancolía. De un cierto estado permanente de tristeza, una añoranza de una época esplendorosa y feliz donde el Barça lo ganó todo, más que nunca, y lo ganó maravillosamente, con un estilo virtuoso, apabullante y estético. El culé nunca se sintió más orgulloso de serlo. “La melancolía es una manera, de tener; es la manera de tener no teniendo, de poseer las cosas por el palpitar del tiempo, por su envoltura temporal”, resumía María Zambrano. Y en ese tener no teniendo ya, pasado el tiempo, se explica que el Barça siga padeciendo melancolía a pesar de que el equipo de Luis Enrique tenga posibilidades de ganar, hoy por hoy, ya casi en mayo, los tres títulos. El actual Barça es un martillo pilón, brillante a ratos, con ‘los tres pepinos arriba’, pero sólo arrecian los elogios siempre que se parece, aunque sea un poco, al ‘de Pep’, como sucedió en la primera parte ante el PSG en el Camp Nou.

No enamora este Barça, no al menos con la unanimidad con el que lo conseguía el de Guardiola. Y, curiosamente, en las trincheras están más los periodistas que el aficionado en general. Desde hace ya tiempo hay una especie de correspondencia epistolar entre las firmas de la ciudad, todos culés. Para restar gravedad al asunto, hay encuentros, con una caña delante, en los que incluso se bromea al respecto. Uno escribe una cosa y el otro la contraria. Y todos lo esperan. Sin citarse, eso sí, pero aquí todo el mundo entiende el duelo. Duelo de plumas, de estilos, de diferentes maneras de entender el club, el juego, la vida incluso.

Entre los muchos atractivos que tiene la eliminatoria entre el Barça y el Bayern estará el comprobar hasta qué punto tienen unos y otros razón y ascendencia en el empecinamiento a través de las palabras o si al aficionado de a pie le viene al pairo el blablabla de los columnistas. Hablando en plata: ¿Cuál será el recibimiento del Camp Nou a Guardiola? Me permito una concesión y apuesto por ovación, alguna pancarta de “Gràcies Pep” y al lío, que hay una final de Champions en juego.

Los protagonistas antes de que empiece el partido, los dos técnicos, estuvieron ayer a la altura una vez conocido el resultado del sorteo. Luis Enrique admitió que será especial la vuelta de Pep al Camp Nou y siguió defendiendo que es el mejor, entre otras cosas “porque es mi amigo y siempre creo que mi amigos son los mejores”, mientras que el técnico del Bayern reconoció que será muy especial “porque es una vida en Barcelona” sin huir del factor sentimental. Desveló por ejemplo que su hija mayor, María, le había enviado un mensaje toda contenta por el sorteo porque así podría ver de nuevo a los abuelos.

No hay tampoco cuentas pendientes en el vestuario azulgrana con Guardiola. Hubo un hastío, un querer perderse de vista. Obsesivo hasta el extremo, Pep se fue diciendo aquello de “pendrem mal” (nos haremos daño). No se lo hicieron. Se marchó antes. Así que el Messi al que fue el primero en tratarle como alguien diferente, que lo era, Busquets y Pedrito a los que subió al primer equipo, Xavi e Iniesta a los que dio galones, Piqué al que rescató para la casa con la insistencia de Tito Vilanova, cuando hoy se cumple el primer aniversario de su muerte, sólo quieren demostrar que se merecen estar en la final de Berlín, y no pasar facturas.

Jordi Mestre erró ayer en su diagnóstico de que la vuelta de Guardiola es “anecdótica”. Mira si no lo es que si el Barça gana hoy el derbi en Cornellà tiene media Liga en el bolsillo y ayer sólo se hablaba de Pep.

Fuente: ElConfidencial – Deportes

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