“Perdí mi trabajo y mi casa, pero votaré que 'sí' para que las cosas no empeoren”

La señora Pithsirikov va a votar que “sí” en el referéndum de mañana. Tiene miedo a que las cosas empeoren, lo que es mucho decir para alguien que en los ...

La señora Pithsirikov va a votar que “sí” en el referéndum de mañana. Tiene miedo a que las cosas empeoren, lo que es mucho decir para alguien que en los últimos cinco años ha perdido su trabajo, su casa y la custodia de sus hijos. 

“Ahora estoy muy bien, feliz y muy agradecida”, dice. Mide en kilogramos todo lo que ha pasado desde 2009, cuando fue despedida de la empresa de limpieza para la que trabajaba. “Cuando llegué a este albergue, después de vivir un mes en la calle, no pesaba más de 60. Ahora ya me ves, estoy guapísima, paso los 80 de largo”, dice muy seria, comprimiendo sus voluminosos pechos en la tela de su vestido negro.

La señora Pithsirikov vagabundeó por estaciones y parques hasta que encontró la asociación de Ioannis Maronitis, un funcionario ya jubilado, tipo renacentista al que le gusta hablar de todo, que ha creado una insólita cadena de albergues para desahuciados a la que ha llamado “Club UNESCO del Pireo y las Islas”. 

La señora Pithsirikov. (Á.V.)La señora Pithsirikov. (Á.V.)

“En realidad los de la UNESCO no me han dado nada ni un euro. Nos financiamos con donaciones privadas. He trabajado como voluntario con ellos desde hace años y por eso lo incluímos en el nombre, pero ahora mismo es sólo eso, el nombre. Hasta el logotipo se lo he cambiado”, dice.

Maronitis mantiene cuatro albergues en diferentes puntos deprimidos de la ciudad. Sus trabajadores y voluntarios reciben diariamente a 1500 desahuciados, a los que ofrecen servicios médicos, comida… y cama, siempre que quede libre alguna de las 250 literas

En el puerto del Pireo, frente al mercado del pescado, ocupa una pequeña parte de la Torre del Pireo, un esqueleto de cemento, símbolo del fracaso de la dictadura que gobernó entre 1967 y 1974.

Una familia

Dentro están bien organizados. En un portal ha creado una zona de fumadores, en una de las habitaciones una consulta médica con farmacia, en un rincón una sala de lectura, en otra una cocina comunitaria con una despensa llena de pasta, arroz, cajas de cereales para el desayuno y verduras frescas. 

“Intentamos que tengan una dieta equilibrada, una vida lo más normal posible, que vayan recuperando el tono que les permita volver al mercado. La crisis ha sido como un huracán, gente que vivía una vida normal se ha encontrado en la calle, totalmente vulnerable y sin preparación para ese estilo de vida. Sufren más que los vagabundos de toda la vida porque no están acostumbrados. Y se vuelven locos. Aquí se recuperan poco a poco, son una familia”, dice.

A él tampoco le gusta demasiado la idea del referéndum. Dice que el gobierno de Syriza ha perdido mucho tiempo con palabras y gestos y que la cuenta pendiente la tiene con los parados. “Es curioso pero dentro del albergue hay de todo, aunque son desheredados verás que algunos votarán por el ‘sí’, otros por el ‘no’. Las personas somos imprevisibles”, bromea.

(Á.V.)(Á.V.)

Maria es una de las últimas en llegar, hace apenas un mes. A sus 82 años, se inclina por votar ‘no’, aunque no lo tiene claro. “Mis hijos no tienen sitio para mi en casa y no pueden pagar un lugar donde dejarme, así que me trajeron aquí. Pero estoy bien. Trabajé como enfermera en hospitales y orfanatos durante 50 años y este sitio es algo parecido”, dice. 

Imprevisibles

Ioannis, otro desahuciado, perdió su trabajo en 2009. Educado en la universidad cuando no era algo al alcance de todos, estuvo contratado durante 18 años como técnico para la aerolínea Olympic Airways, después de una década en la embajada de Grecia en Bucarest. “Nunca ahorré y me quedé sin nada”, resume. De su vida anterior conserva un teléfono con el que escucha canciones y hace fotos que manda a sus familiares. “Aún no sé qué voy a votar, tengo que decidirlo esta noche”. 

Frente a la Torre Pireus, la vida se abre paso. En el mercado de pescado se mantienen puestos con viandas frescas y restaurantes tradicionales. Las paredes de uno de ellos son un álbum de historia política griega. Entra otras, cuelgan fotos de los propietarios abrazados a los últimos cuatro primeros ministros de Grecia: Lucas Papademos, Panagiotis Pikramenos, Antonis Samarás y, por supuesto, Alexis Tsipras

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Aunque es poco más que un comedor (ocho mesas dentro y cinco fuera), ‘La Casa de Artemio’ es una auténtica institución en el puerto. Resistente a la crisis y a la austeridad, han conocido tiempos mejores, cierto, pero sigue siendo un negocio rentable, que recibe tanto a turistas como a griegos, y que sigue dando de comer a políticos y funcionarios de primera fila.

La respuesta de sus propietarios sorprende tanto como la de los desahuciados del albergue de Maronitis. “Nosotros votaremos por el ‘no’. Esto es un chantaje y no nos vamos a dejar engañar. Están intentando asustar a todos los europeos dando una lección a Grecia. Nosotros tenemos que defendernos”, dicen. Varios comensales asienten y la camarera se acerca a ampliar las explicaciones en un inglés perfecto. “Aquí vamos a votar todos que ‘no’. Los griegos somos orgullosos y no necesitamos que nadie nos diga lo que tenemos que hacer. Somos parte de Europa y no necesitamos que nos digan que lo somos en Bruselas”.

Fuente: ElConfidencial.com