Preparados para el desastre

27.05.2016 – 05:00 H. Jason Charles domina cuatro formas diferentes de encender fuego, aunque reconoce que la original, la de friccionar un palo sobre ...

27.05.201605:00 H.

Jason Charles domina cuatro formas diferentes de encender fuego, aunque reconoce que la original, la de friccionar un palo sobre hierba seca en una tabla de madera más dura, aún requiere práctica. Este bombero de 115 kilos parece capaz de atravesar una pared de carrerilla, y guarda, en su apartamento de Harlem, un auténtico arsenal de supervivencia. Mochilas, arneses, cuerdas, raciones de comida, navajas, bengalas… Jason Charles es un ‘prepper’. Alguien que se prepara, diariamente, para el desastre.

“Un ‘prepper’ tiene que ser consciente de lo que ocurre en las noticias y en la calle”, dice a El Confidencial. “Hoy en día la mayoría de la gente va a lo suyo. El buen prepper siempre aprende cosas nuevas; se adapta”. Charles dirige la asociación New York City Preppers Network, que se reúne cada mes para compartir nuevas técnicas de supervivencia y divisar, en los medios de comunicación, potenciales amenazas, como un ciclón tropical, un ataque terrorista o el colapso financiero.

Charles comenzó a prepararse hace seis años, cuando leyó el libro ‘One Second After’, en el que el autor, William R. Forstchen, alerta sobre el peligro del pulso electromagnético: ondas de energía causadas por una llamarada solar o una explosión nuclear en la atmósfera superior que pueden inutilizar el tejido eléctrico de un territorio como el de Estados Unidos. “Cuando lo leí entré en pánico. ¡Mierda, esto va a pasar! Y durante los dos o tres primeros meses compré demasiado equipamiento”. 

Cuando leí sobre el peligro del pulso electromagnético entré en pánico. ¡Mierda, esto va a pasar! Y durante los dos o tres primeros meses compré demasiado equipamientoDesde entonces, su lado ‘prepper’ ha crecido hasta copar gran parte de su vida familiar y de su apartamento. Primero compró una pequeña mochila color caqui, que fue creciendo hasta devenir en un ballenato de 27 kilos. Luego, ya que sus hijos se hacían mayores, sustituyó el ballenato por cuatro mochilas: una para cada miembro de la familia. Y otra para el perro. Su modesta vivienda parece un almacén de artículos militares, con sacos, tiendas, macutos, linternas, chalecos y un hacha. Con raciones militares, bidones de agua alineados en el pasillo y cajas de arroz y legumbres llenando un armario empotrado.

El hijo de Charles, de ocho años, sabe construir cosas con un cuchillo. La hija, de seis, aprende cuidados médicos y de primeros auxilios. “Ella es muy lista, lo entiende todo muy rápido. Hay que saber identificar los puntos fuertes de cada uno”, explica en la cocina de su casa. La familia sale de la ciudad un fin de semana al mes para practicar la obtención de agua o la construcción de un refugio.

El movimiento ‘prepper’ se hace cada vez más visible en Estados Unidos gracias a la proliferación de páginas web y grupos en las redes sociales. El programa Doomsday Preppers, en National Geographic, los dio a conocer al gran público durante cuatro temporadas donde preppers de todo el país cavaban túneles, diseñaban artefactos y ponían a sus hijos a hacer flexiones. Algunos ‘preppers’ han protestado por el tono caricaturesco de la serie e insisten en las virtudes de su afición: la independencia, las habilidades físicas o el respeto al medio ambiente. Y dicen que la mayoría lleva una vida tradicional.  

Un niño junto a su padre, miembro del North Florida Survival Group, durante un entrenamiento de campo en Old Town (Reuters).Un niño junto a su padre, miembro del North Florida Survival Group, durante un entrenamiento de campo en Old Town (Reuters).

Los campeones de la supervivencia

La escritora Lynda King, autora del libro ‘Preppers: History and the Cultural Phenomenon’, establece tres categorías de preppers: para empezar, los “prácticos”, “cuya preparación se limita a planear emergencias básicas, normalmente relacionadas con el hogar, como incendios o clima extremo”, dice a este diario por correo electrónico. Los prácticos suelen tener un kit para sobrevivir 72 horas en caso de desastre, como recomienda el Gobierno. Luego están los “preppers a tiempo completo”, gente que “tiene un pie en el mundo real del siglo XXI, donde tienen trabajo, un hogar y una familia, y otro pie en un mundo donde se esfuerzan en hacerlo todo ellos solos, como cultivar y preservar su propia comida”. 

La tercera categoría, según King, la conforman los “preppers de dificultades sociales” o campeones de la supervivencia. A estos se les conoce, también, como “survivalistas” y son auténticos Rambo capaces de perseverar en las condiciones más extremas. “Están muy centrados en amenazas y acontecimientos específicos que pueden traer un serio desorden civil. Sus esfuerzos de preparación seguramente incluyen cosas como la supervivencia en la naturaleza o defensa personal”. 

La tercera categoría la conforman los ‘preppers de dificultades sociales’ o campeones de la supervivencia, auténticos Rambo capaces de perseverar en las condiciones más extremasLa escritora reconoce que la imagen del ‘prepper’ está perjudicada por ejemplos dañinos como el Ted Kaczynski, alias Unabomber, el anarquista hermitaño que estuvo 17 años atentando con bombas caseras. Grupos armados radicales como la secta de Waco, en Texas, que esperaba el fin del mundo; o Timothy McVeigh, terrorista radicalizado en el mundo de las armas y el survivalismo antigobierno, culpable de matar a 168 personas en Oklahoma City en 1994. “El término ‘prepper’ parece conjurar imágenes de ermitaños de ojos salvajes atrincherados en una cabaña remota, rodeados de armas”, dice King. “Esta gente probablemente está ahí fuera, en algún lugar, pero creo que son la excepción, más que la regla”.

Según el escritor y periodista James Coats, el padre del movimiento “survivalista” es Robert DePugh, bioquímico y líder anticomunista de los años 50 y 60. DePugh fundó el grupo Minutemen, formado por activistas convencidos de que el comunismo estaba a punto de implantarse en Estados Unidos y que por tanto había que prepararse. DePugh diseñó latas de comida compacta que aún se venden, tuvo constantes problemas con la justicia y publicó el manual ‘Can you survive?’. 

Otra manera de entender al ‘prepper’ es remontarse al origen pionero de EEUU, fundado por colonos solitarios, o al clima paranoico de la Guerra Fría, cuando se popularizaron los refugios nucleares. El movimiento también ha sido considerado una consecuencia del alarmismo que practican los medios de comunicación estadounidenses. “Entre los medios e internet, mucha gente ha desarrollado la sensación de que ahí fuera hay una calamidad que tiene que ser evitada”, declaró a Newsweek Art Markman, psicólogo cognitivo de la Universidad de Texas. Un estudio dirigido por la Universidad de Brown probó una relación entre el miedo y la ideología política: la mayor propensión al medio, dice el documento, suele ir ligada a posiciones más conservadoras “en cuestiones como la inmigración”. 

James Blair, un 'prepper', limpia pollos en la cocina de la casa de su familia en Warrenton, Carolina del Norte (Reuters). James Blair, un ‘prepper’, limpia pollos en la cocina de la casa de su familia en Warrenton, Carolina del Norte (Reuters).

Los ‘preppers’ demuestran una imaginación sorprendente en los pequeños detalles de la supervivencia y en sus teorías. Un miedo popular, por ejemplo, concierne al “supervolcán” del Parque de Yellowstone; si estallase, cubriría de ceniza a tres millones de personas en los alrededores y la nube podría cegar el cielo de una buena parte del país. Las carreteras se volverían impracticables, la ganadería moriría al no poder acceder a los pastos y la ceniza se pegaría a la humedad de nuestros pulmones y nos ahogaría. 

Otra posible amenaza es la extinción de las abejas, que podría traer el colapso de la agricultura; el hundimiento del dólar o una crisis del petróleo. No faltan las teorías políticas: el miedo a un golpe de Estado, a una guerra racial o a supuestos planes del Gobierno para controlar a la población introduciendo drogas en el abastecimiento de agua. Las teorías más extremas incluyen un apocalipsis zombi

Lynda King enfatiza el concepto de ‘normalcy bias’ o “parcialidad de la normalidad”: estamos tan acostumbrados a vivir en la normalidad que, cuando ocurre algo, como un terremoto, un apagón nacional o un ataque terrorista, nos quedamos bloqueados e indefensos. Porque no lo esperamos. A ella le preocupa la vulnerabilidad de la red eléctrica de EEUU, por ejemplo. “El pasado diciembre, un ciberataque dejó sin electricidad a 700.000 personas en Ucrania. Esto tenía que haber sido un enorme toque de atención para el mundo desarrollado”, explica. “Me parece más que preocupante que nuestra red eléctrica siga siendo tan vulnerable, pero se le da muy poca prioridad, o ninguna, en el Congreso”. 

Pese a la sorna que despiertan entre sus amigos o compañeros de trabajo, los ‘preppers’ neoyorquinos han visto sus temores trágicamente confirmados en algunas ocasiones: los atentados del 11 de septiembre de 2001, y, en otro registro, el Huracán Sandy de 2012. El miedo al presunto colapso informático del año 2000 y al fin del mundo, según, supuestamente, el calendario maya, los colocó de nuevo en el foco. 

Jason Charles lo puso todo a punto para el ébola en 2014. Antes incluso de que muriese el primer estadounidense, él y sus compañeros se reunieron en una iglesia para intercambiar información sobre el virus y discutir cómo prepararse. Durante sus explicaciones, Charles se recuerda que debe practicar esto o aquello y maneja cifras y datos muy concretos sobre materiales, peso y distancias. Reconoce que se ha gastado más de 10.000 dólares en equipamiento. “A mi mujer no le gusta oír esta cantidad”. 

Fuente: ElConfidencial.com