Preparados para el peor tifón del año

06.07.2016 – 22:34 H. Al neófito la palabra ‘tifón’ le provoca sudores fríos. “Los extranjeros se imaginan ríos de agua, coches aplastados por los árboles, ...

06.07.201622:34 H.

Al neófito la palabra ‘tifón’ le provoca sudores fríos. “Los extranjeros se imaginan ríos de agua, coches aplastados por los árboles, cristales rotos, muertos por las calles. Pero esto no es el Armageddon, sólo es el primer tifón de la temporada: lluvia, viento, alguna rama en el suelo y para mí, sobre todo, sinónimo de negocio”. Shi Cheng-Li, un veterano taxista de Taipei, se fuma un cigarro a la luz de uno de los ubicuos Seven Eleven que pueblan las calles de Taiwán y donde es posible hacer casi de todo, -desde pagar la factura del gas a sacarte un billete de tren, enviar un fax o llamar a un taxi- y explica cómo se enfrenta a la llegada de Nepartak, el nombre con el que se ha bautizado al primer tifón del verano taiwanés.

“Dicen que llegará a Taipei entre el jueves por la noche y el viernes por la mañana. Yo estaré atento, en cuanto empiece a llover me subiré al taxi y no pararé hasta que se vaya”. Este taxista, con diez años de profesión a sus espaldas, creció, como todos los taiwaneses, con veranos salpicados de tifones. “Muchos taxistas se quedan en casa y mucha gente necesita un taxi, porque no te vayas a creer que esto se paraliza, hay menos movimiento pero en Taipei la gente sigue con su vida, así que yo siempre estoy ahí. Uno nunca sabe cómo será el próximo, pero a mí no me asusta” dice con aire despreocupado. Y añade: “Y no cobro extra. Los taiwaneses somos muy honrados”.

En este caso Nepartak, que toma prestado su sugerente nombre de un guerrero semi-mítico de la isla Kosrae, en Micronesia, ha sido calificado por las autoridades taiwanesas de supertifón, al haber pasado en menos de 48 horas de tormenta tropical con vientos de 90 km por hora a poderoso ciclón con vientos de 240 km por hora, casi el equivalente a un huracán de categoría 5, la más alta de la escala. No obstante, de momento no se han suspendido ni clases ni trabajo, aunque todo podría cambiar en unas horas.

“El problema son los deslizamientos de tierra. El Gobierno ha permitido la deforestación para facilitar construcciones abusivas y muchos pueblos pagan la factura”, dice la propietaria de una pizzeríaCuando toque tierra en la costa este de la isla el jueves por la tarde, muy cerca de la ciudad de Hualien, la velocidad de sus feroces vientos podría no haber disminuido puesto que desde el pasado martes su fuerza no ha dejado de incrementarse, lo que ha llevado al gobierno a movilizar al ejército ante los previsibles desastres que podría causar, sobre todo en las zonas del interior. “Aquí en Taipei como mucho nos quedaremos sin luz y si todo va mal será como el año pasado, que muchos árboles se arrancaron de cuajo, pero el problema son los deslizamientos de tierra y las inundaciones. El gobierno ha permitido la deforestación de muchas zonas para facilitar construcciones abusivas y muchos pueblos acaban pagando la factura”. Son las palabras de Monica Yienfang, propietaria de la pizzería Papa Vito y ex residente en Málaga, donde vivió durante diez años y donde lo que más le gustaba era… el buen tiempo.

“Los días previos al tifón me recuerdan a España, el cielo limpio, azul intenso. Es lo mejor de vuestro país. Yo he crecido en Taipei con los tifones así que no me asustan, todos los vivimos como algo natural. Mucha gente se queda en su casa, compra ‘noodles’ instantáneos o pide comida a domicilio, aunque desde el año pasado el gobierno prohibió el ‘delivery’ durante el tifón, aunque muchos restaurantes hacen entregas en taxi”. ¿O sea que los restaurantes no cierran en Taipei? “¿Cerrar? Qué va. La mayoría siguen abiertos aunque si el gobierno dice que no hay que ir a trabajar porque el tifón es muy fuerte los empresarios no pueden obligar a trabajar a sus empleados, excepto en el caso del Seven Eleven, que son unos explotadores y pase lo que pase siempre están abiertos”.

Estantes vacíos en un supermercado de Taipei (B. Celis)Estantes vacíos en un supermercado de Taipei (B. Celis)

Mónica, que trabaja con su hijo, asegura que ante la llegada de Nepartak ella tampoco cerrará. “Parece que lo peor llegará el jueves por la noche así que el viernes por la mañana todos querrán salir a la calle y comer fuera. Siempre pasa, en cuanto amaina un poco los restaurantes se llenan. Sólo espero que no pase nada grave en los pueblos del interior”. El año pasado el super tifón Dujuan provocó tres muertos, centenares de heridos, y miles de evacuaciones debidas principalmente a los deslizamientos de tierra, que además destrozaron parte del sistema de transporte ferroviario de Taiwán.

Wu Wei-Cheng, del departamento de bomberos del barrio de Tianmu, en Taipei, vivía hasta hace seis meses en una de esas zonas, en el condado de Changhua, a los pies de las montañas. “Es lo que más miedo me da, cuando el barro baja como un río y se lo lleva todo por delante. Por suerte en Taipei, aunque estamos rodeados de montañas, eso no pasa. Como mucho atenderemos llamadas para recoger trozos de cristal o de algún edificio que se rompe, árboles que cortan una calle, nada grave”. El Nepatark es el primer tifón al que se enfrenta Wu Wei-Cheng como bombero pero lo vive con la tranquilidad del que se reencuentra con un viejo conocido. “Ya nos han puesto en alerta porque pronto empezará a llover pero lo peor será el jueves por la noche. El gobierno ya ha puesto en marcha el Centro de Emergencia para Tifones pero en la estación de bomberos estamos muy tranquilos, esto es casi rutina”, asegura.

“No nos preocupamos, pero nunca está de más tener comida”, dice un cliente. El tifón es también una excusa para llenar el estómagoEsa también parecía ser la sensación entre el resto de ciudadanos de Taipei, aunque el miércoles por la tarde, como ante cada tifón, habían arrasado en los supermercados con las botellas de agua mineral (por si hubiera cortes de agua), las raciones de ‘noodles’ instantáneas, la carne, la fruta y la verdura (en previsión de que el huracán cortará carreteras y la distribución de productos agrícolas se complicará). “No nos preocupamos pero nunca está de más tener comida y agua, por lo que pudiera pasar” aseguraba el padre de familia Mark Cheng mientras compraba ‘dumplings’ congelados en el supermercado. En Taiwán, donde comer es un ritual casi religioso, el tifón también es una excusa para llenar el estómago.

No obstante, al otro lado del estrecho de Formosa, los que sí que se preparan para lo peor son los habitantes del sudeste chino, en particular los de la provincia de Zhejiang, adonde Nepatark llegará previsiblemente el sábado. Aunque lo hará debilitado y ya convertido en tormenta tropical, lloverá sobre mojado: casi 200 personas han fallecido en las últimas semanas al sur y al este de China debido a la intensidad de las lluvias que este año ha traído el monzón. Hay 33 millones de personas afectadas por corrimientos de tierra e inundaciones a lo largo de 11 provincias, miles de hectáreas de cultivos anegadas, 56.000 casas derrumbadas y más de 1.5 millones de evacuados. Por eso es muy posible que mientras en Taiwán piensan en cómo mojarse lo menos posible mientras buscan un taxi para recoger su pizza, en el sudeste chino el nombre de Nepatark sí provocará más de un escalofrío.

Fuente: ElConfidencial.com