Prestigio y religión en las universidades de Irán

25.12.2015 – 05:00 H. Ofrecer a tus hijos aquellas oportunidades que nunca pudiste disfrutar en tu juventud. Es una máxima en todos los países del mundo: ...

25.12.201505:00 H.

Ofrecer a tus hijos aquellas oportunidades que nunca pudiste disfrutar en tu juventud. Es una máxima en todos los países del mundo: cada padre siempre persigue que su vástago mejore su situación económica para poder tener una vida mejor. Poder acudir a la universidad ha sido el ejemplo perfecto en la mayor parte del globo: a estudios más avanzados, mejores sueldos.

Irán vivió hace unos treinta años una explosión de la educación superior en lo que el ayatolá Jomeini denominó la ‘Revolución Cultural’, no sin antes hacer una islamización del sistema vigente. El régimen de los ayatolás supo atender aquella demanda con la construcción de nuevas universidad públicas y la entrega de permisos para la apertura de facultades privadas. Actualmente, existen alrededor de un centenar de centros repartidos en todo el país, de tamaños muy diferenciados, aunque algunas carreras no llegan a cubrir todas las plazas, especialmente en aquellas con la etiqueta de ofrecer una educación pobre.

En aquella expansión, la universidad religiosa ganó la carrera. Con cuatrocientos edificios repartidos por todo el país, la Universidad Islámica de Azad es el tercer centro de educación superior en el mundo por número de alumnos, con 1,7 millones de los 3,5 que suman todas las universidades del país. La facilidad de acceso la coloca entre las primeras opciones de los nuevos estudiantes ante la dificultad de conseguir una plaza en la carrera que se desea en las universidades públicas… A menos que tengas una adhesión al régimen probada

En el nombre de Alá

Cada mes de junio, alrededor de 1,5 millones de jóvenes de 18 años se preparan para el examen que da acceso a la educación superior. Solo el 10% conseguirá plaza en una universidad completamente gratuita. El resto deberá acceder a los centros semipúblicos de Azad o a las privadas. La controversia en la aceptación se encuadra en un sistema religioso en el que la participación en grupos paraestatales, como la Guardia Revolucionaria (Sepah), o el haber perdido a un familiar en un conflicto en la defensa de la República Islámica puede garantizar plaza en la carrera deseada. 

La participación en grupos paraestatales, como la Guardia Revolucionaria, o el haber perdido a un familiar en la defensa de la República Islámica puede garantizar plaza en la carrera deseadaUna vez completadas las 300 preguntas del ‘sanyesh’ o examen de selectividad, diferentes entre sí según la rama que desee elegirse, conseguir plaza no dependerá exclusivamente de la propia nota con respecto al resto de alumnos. Haber perdido a un padre o a un hermano en algún conflicto o en defensa del país puede suponer un aumento de la nota de un 25%. El Ministerio de Educación cuenta con tablas bien explicadas según las cuales el porcentaje en el aumento de las calificaciones puede variar entre un 5 y un 25% a tenor de las heridas sufridas por el familiar. 

Cada año la carrera de Medicina se encuentra entre las más valoradas por los jóvenes. Mariah no fue aceptada hace seis años y no disponía de los 2.000 euros que puede costar cada semestre en las universidades privadas. “No es justo. No deberías conseguir sitio en la universidad por ser hijo o hermano de mártir”, protesta. “Deben recibir indemnizaciones y ayudas, pero no por ello deben conseguir plaza en la universidad. No tienen en cuenta criterios académicos”, añade esta antigua estudiante de Filología española. 

Frente a las privadas, las universidades públicas o ‘sarasari’ cuentan con un gran prestigio en la sociedad iraní. Completamente gratuitas, ofertan principalmente carreras de Ciencias; los futuros trabajadores que el mercado iraní demanda, como ingenieros o arquitectos. Las principales diferencias radican en un seguimiento más estricto de la religiosidad islámica. Las ‘sarasari’ separan a ambos géneros durante el primer semestre de clases, en una especie de transición tras años de estudio completamente separados. Sin embargo, esta separación no continúa más allá de los seis primeros meses y no hay una especial distinción entre ambos sexos en determinadas zonas comunes, como las cafeterías. 

Una estudiante durante una clase en la Universidad de Arte de Isfahan, en noviembre de 2011 (Reuters).Una estudiante durante una clase en la Universidad de Arte de Isfahan, en noviembre de 2011 (Reuters).

Pruebas de religiosidad

El 65% de los estudiantes en todo el sistema de educación superior en Irán son mujeres, ante la clara voluntad de no depender en un futuro cercano de un marido. Sin embargo, el Irán más religioso sigue poniendo trabas a la hora de ofrecer una igualdad de oportunidades.

El pasado mes de septiembre, Sarah, profesora en la Universidad de Karaj, a las afueras de Teherán, tuvo que realizar diversos exámenes para poder ser admitida en un doctorado de Arquitectura. Siguiendo con su carrera académica, podría dar clases a los alumnos de máster y mejorar sus emolumentos. “Las pruebas fueron fáciles, apenas hubo complicaciones sobre las materias”, comenta acerca de los exámenes propiamente de Arquitectura. 

El problema llegó con las preguntas sobre religiosidad. “Dos días después, un comité formado por tres mulás me examinaron acerca del Islam, el comportamiento de una esposa y sobre mi futuro en pareja”, explica. La doctoranda vio como uno de los religiosos torcía el gesto al comprobar que a sus 32 años seguía soltera, pero finalmente fue aceptada.  “Para los hombres las pruebas de religiosidad son más sencillas. A las mujeres se las pregunta más sobre una vida familiar acorde a los preceptos de Mahoma”, atestigua Sarah. 

El 65% de los estudiantes en todo el sistema de educación superior en Irán son mujeres, ante la clara voluntad de no depender en un futuro cercano de un maridoSin embargo, muchas veces también se mezcla la política internacional con la universidad, y en un país que ha permanecido dominado por los ayatolás durante 36 años, la desconfianza hacia Occidente perdura a pesar de la normalización de relaciones con la firma del acuerdo nuclear. Narges, estudiante de doctorado sobre la salud reproductiva femenina, recibió una llamada del Ministerio de Sanidad de Irán a principios de diciembre. Esta estudiante culminó los estudios de medicina en Londres y volvió hace apenas un año para continuar con su campo de especialización en su país de origen.

“Me pidieron que no enviara información a Reino Unido acerca de la situación en Irán sobre ciertas cuestiones relacionadas con el sexo, como la mera existencia del sida en Irán o de enfermedades venéreas”, asevera Narges. “Simplemente no querían admitir que existe este problema porque no pueden aceptar que existe sexo fuera del matrimonio”, razona esta estudiante de una universidad privada. 

La islamización de la educación superior pública ha venido a tenor de esas cuotas que permiten que los adheridos al régimen puedan optar más fácilmente a la educación gratuita, pero los estudiantes, profesores e investigadores de los centros que no se rigen por este sistema nunca olvidan en qué país están estudiando: todo por y para el régimen

Fuente: ElConfidencial.com