¿Qué pasa si el Gobierno chino se enfada contigo? Nada, o casi nada

¿Qué ocurre cuando el Gobierno chino inicia una ofensiva diplomática contra otro país? En su último libro (La imparable conquista china, Crítica), Juan ...

¿Qué ocurre cuando el Gobierno chino inicia una ofensiva diplomática contra otro país? En su último libro (La imparable conquista china, Crítica), Juan Pablo Cardenal y Heriberto Araújo se hacen la pregunta. Y llegan a una conclusión sorprendente: no pasa nada, o pasa muy poco. La ira del gigante asiático genera más ruido mediático que otra cosa. Aunque la pose sí resulta efectiva: es suficiente para acobardar a la mayoría de los políticos occidentales.

“Entre los gobernantes occidentales hay un miedo escénico a tener una bronca con China, un miedo que ha calado ente los burócratas y los políticos. Los chinos han triunfado en eso. Y lo cierto es que Pekín puede tomar represalias, pero en asuntos menores, como la concesión de visados o en la exportación de productos puntuales, como hicieron con el salmón en el caso de Noruega”, asegura Cardenal en entrevista con El Confidencial.

“Las trifulcas entre los países –continúa– existen y existirán siempre, pero duran un tiempo y luego se solucionan. Al final China va a invertir o no invertir en función de sus intereses económicos y no hay que tenerle tanto miedo a enfadar al Partido Comunista”,

En su primer libro, La silenciosa conquista china (Crítica, 2011), los periodistas firmaron un ensayo que ha sido traducido a varios idiomas y ha tenido un notable recorrido internacional. Fue fruto de una extensa investigación recorriendo el mundo en vías de desarrollo para entender el alcance de la brusca irrupción del gigante asiático en la arena internacional. En este segundo volumen, que sale ahora a la venta en España, nos acercan a la relación entre Pekín y el “primer mundo”.

“El fenómeno es el mismo, pero la novedad está en el ámbito geográfico. Ahora nos centramos en ver cómo están reaccionando los gobiernos occidentales a la expansión de China. Es importante saber quién hay detrás de estas inversiones, que en muchos casos son empresas estatales chinas o incluso fondos soberanos chinos, o sea el Estado Chino, o sea el Partido Comunista, un régimen autoritario”, comenta Cardenal.

Rajoy recibido en Pekín por el ministro chino, Li Keqiang (Efe).Rajoy recibido en Pekín por el ministro chino, Li Keqiang (Efe).

España, complaciente

“En los gobiernos occidentales se ha interiorizado –analiza Cardenal– que Pekín tiene un papel clave, con sus inversiones y su mercado de 1.300 millones de consumidores, y esto tiene un impacto en la forma de proceder de los gobiernos”. “Se está acomodando el auge de China de muchas maneras, incluido el acomodo legislativo, y ya se está pagando un precio político altísimo”.

Hay formas y formas, sostiene el autor, de reaccionar ante el desafío. En el extremo más pusilánime se coloca España, uno de los aliados más fiables de China en Europa, con gobiernos tendentes a complacer a Pekín. Y en el lado opuesto sitúa a Noruega, país responsable del peor bofetón que ha recibido la imagen internacional del gigante asiático en los últimos años: el premio Nobel, en 2010, al disidente Liu Xiabo.

“España ha tenido actuaciones humillantes, por ejemplo, al realizar un procedimiento de urgencia, hecho casi con nocturnidad, para bloquear la aplicación de la justicia internacional en respuesta a las presiones de Pekín. He intentado averiguar las razones de este comportamiento, porque China no tiene un gran impacto económico para España. Y mi conclusión es que piensan que a los chinos es mejor no cabrearlos, aunque no se sepa muy bien por qué. En el fondo creo que son decisiones motivadas por la ignorancia. Si (el gobierno) hubiera sido un poco más duro, España no habría sido tan penalizada como ellos creen”, asegura.

Juan Pablo Cardenal. Frente a los países que “se arrugan ante la sombra del Partido Comunista Chino“, Cardenal contrapone las naciones que, como Noruega, Canadá, Reino Unido o los propios Estados Unidos, al menos plantan cara. “Y a pesar de ello, les siguen lloviendo las inversiones millonarias. Hay muchos ejemplos de cómo los chinos siguen invirtiendo en países donde han tenido enormes follones. Por ejemplo, el caso de Reino Unido, un mercado que acechan, al que quieren meterse a toda costa, y todo a pesar de las trifulcas y las tensiones históricas. Tener una relación diplomática tensa con China no significa perder inversiones”, subraya.

“Con España”, argumenta Cardenal, “se les llena la boca diciendo lo maravillosa que es la relación, pero cuando analizas las inversiones chinas aquí te das cuenta de que apenas es nada. De mi experiencia, y esto es pura opinión, les diría a los gobernantes occidentales que los chinos respetan más y tratan mejor a quien se mantiene firme que a quien se somete”.

La imparable conquista china radiografía también los intereses del gigante asiático en el primer mundo. ¿Que qué busca China del primer mundo? “De manera general busca convertirse en una potencia global, hacer que sus empresas sean jugadores globales. En lo concreto, busca por un lado tecnología, la pieza que les falta en su puzle. Por otro, adquisiciones estratégicas, como el puerto griego del Pireo. También van detrás de recursos naturales, en lugares como Canadá, Groenlandia, a los que viajamos para documentar el alcance de su penetración”.

Fuente: ElConfidencial.com