“Queda prohibida la Navidad”: así es Brunei un año después de imponer la ley islámica

El pasado mes de diciembre, muchos de los comercios de Bandar Seri Begawan, la capital de Brunei, adornaron como cada año sus escaparates con los árboles y ...

El pasado mes de diciembre, muchos de los comercios de Bandar Seri Begawan, la capital de Brunei, adornaron como cada año sus escaparates con los árboles y las guirnaldas típicas de Navidad. Sin embargo, varios de ellos recibieron una visita de las autoridades que les instaron a retirar los motivos decorativos.

“Se prohíbe a los musulmanes imitar las costumbres y prácticas de otras religiones que estén relacionadas con asuntos de aqidah (fe)”, aseguró el Ministerio de Asuntos Religiosos en un comunicado de prensa a finales de diciembre. En febrero fueron los tradicionales leones danzantes los que tuvieron que quedarse al abrigo durante las procesiones del Año Nuevo Chino debido a la prohibición oficial.

Las restricciones a las creencias no islámicas en Brunei son una de las primeras consecuencias de la imposición hace un año de la sharia, o ley islámica, en el país asiático. El nuevo código penal, impuesto por decreto por el sultán, se diseñó en tres fases y su implantación se extenderá hasta el año 2016, cuando entrará en vigor la nueva legislación en su totalidad.

Durante la primera fase de la nueva norma, que se completó el pasado 1 de mayo, se contemplan sólo multas y penas de cárcel para los que no vayan a los rezos del viernes, los que tengan comportamientos indecorosos o las mujeres que se queden embarazas fuera del matrimonio.

En la segunda fase, que ha entrado en vigor el mismo 1 de mayo pasado, se contemplan amputaciones y latigazos por consumir alcohol o robar, mientras que en una tercera fase, prevista para mayo de 2016, se añadirán las lapidaciones en los casos de adulterio y de relaciones sexuales con personas del mismo sexo.

La Guardia personal del príncipe Abdul Malik (Reuters).La Guardia personal del príncipe Abdul Malik (Reuters).

Vida nueva

Sam ya ha comenzado a sentir los efectos de la nueva legislación en su vida. Nacido en Brunei hace 30 años, tiene una vida acomodada gracias a su trabajo en una empresa energética. Pero no forma parte de la mayoría musulmana del país.

“Ya había restricciones antes, pero ahora se han añadido nuevas. Nos han limitado las antenas parabólicas y han prohibido que los restaurantes sirvan comida durante el día en Ramadán”, explica Sam, quien no quiere desvelar su verdadera identidad por temor a las represalias. “Ahora están prohibiendo todas las festividades que no sean musulmanas”, continúa.

Brunei ha sido considerado durante años uno de los lugares con menor libertad religiosa del mundo, incluso antes de la aplicación de la sharia. Así, el Pew Research Centre lo sitúa entre los 18 países con mayores restricciones religiosas en su ranking de 2013, el último disponible y anterior a la implementación de la sharia.

Las autoridades aseguran, sin embargo, que la pluralidad religiosa está asegurada, pero en la privacidad. “Aquellos seguidores de otras religiones que vivan bajo el mandato de un país islámico –según el islam–podrán practicar su religión o celebrar sus festividades religiosas entre su comunidad, con la condición de que las ceremonias no sean mostradas públicamente a los musulmanes“, rezaba el mencionado comunicado de prensa.

El 8 de enero pasado el Gobierno fue más contundente y anunció en otro comunicado que se considerará crimen “propagar” otras religiones, y que los insultos al Corán o al profeta Mahoma se castigarán con la lapidación.

La comunidad de gais, lesbianas, homosexuales y transexuales será otra de las grandes afectadas por la nueva legislación. Aunque la lapidación para comportamientos homosexuales no entrará en vigor hasta mayo de 2016, un funcionario ya fue multado el pasado mes de marzo con 1.000 dólares por vestirse de mujer en un lugar público.

Ha sido esta parte de la legislación la que ha provocado el mayor rechazo internacional, especialmente desde el mundo del espectáculo occidental, y nombres como la presentadora Ellen DeGeneres o el cantante Elton John llamaron al boicot de los negocios del sultán, incluida a la lujosa cadena de hoteles Dorchester Collection.

“Es cierto que el boicot internacional no ha llevado a un cambio en la posición del sultán y su gobierno sobre la sharia, pero se ha puesto el foco en Brunei y se ha concienciado sobre (el significado de) la ley”, asegura Matthew Wolfe, administrador de la página de Facebook Boycott Brunei, en la que se comparte información sobre el nuevo código penal. “Pero sólo a través de una presión diplomática intensa y de la presión dentro de Brunei se puede conseguir un cambio”, continúa Wolfe, quien espera que la implementación de la legislación más dura lleve a una mayor presión diplomática desde el exterior.

Un niño reza durante el cumpleaños del sultán de Brunei en Bandar Seri Begawan (Reuters).Un niño reza durante el cumpleaños del sultán de Brunei en Bandar Seri Begawan (Reuters).

Una rica dictadura medieval

Cuando Hassanal Bolkiah llegó al trono en 1967, Brunei era poco más que una sombra del poderoso sultanato que había sido entre los siglos XV y XVII. Bajo control británico, estaba entonces empezando a explotar los ricos recursos petrolíferos que le han convertido hoy en día en el cuarto país con mayor renta per cápita del mundo. Tras ganar la independencia en 1984, Bolkiah basó su poder absoluto en las rentas proporcionadas por el crudo, que actualmente suponen hasta un 90 por ciento del producto interior bruto.

El sultán desarrolló así el sistema de cobertura social que ya habían puesto en marcha los británicos con nuevos programas de educación y sanidad gratuitos, pensiones mejoradas y planes de viviendas públicas. El alto nivel de vida le permitió mantener intacta la monarquía islámica de origen medieval que asegura el poder a su familia y conservar el favor de los ciudadanos a pesar de la ostentación de su familia.

Pero las restricciones están llevando incluso a algunos musulmanes, que suponen un 80 por ciento de la población, a cuestionarse la legislación. “El islam no es una religión cruel. ¿Por qué el debería castigar a alguien por ser gay y lapidarlo?”, asegura Ana, una estudiante que tampoco se atreve a proporcionar su verdadero nombre.

Ana, que ha sido compañera de universidad de uno de los hijos del sultán, denuncia además el ostentoso modo de vida de la familia real, “que en ningún caso respeta la sharia“, dice. “Los conciertos están prohibidos para el público en general, pero ellos los celebran en el palacio a menudo para los cumpleaños. ¿No es hipócrita?”, se queja Ana. “Los locales, especialmente las minorías, están con una inquietud constante debido al incremento de la opresión y de la intolerancia. Nos parece que hay una grave supresión de los derechos humanos, y muchos disidentes están empezando a hablar”, añade Sam.

El alto nivel de vida permite mantener intacta la monarquía islámica de origen medieval que asegura el poder al Sultán 

El nuevo código penal se añade al ya restrictivo marco legislativo del país asiático. Brunei se encuentra así bajo Estado de Emergencia desde 1962, lo que permite al sultán aprobar cualquier ley o modificar cualquier ley sin necesidad de aprobación parlamentaria.

Además, la Constitución prohíbe a los tribunales fiscalizar cualquier decisión o acción realizada por el sultán, que tampoco puede ser criticada por los medios o la sociedad civil debido a la limitada libertad de expresión.

“Es muy difícil obtener información sobre la situación en Brunei, porque incluso los medios se autocensuran. Tampoco hay ningún grupo independiente dentro de la sociedad civil que vaya a hablar públicamente sobre las violaciones de derechos humanos allí”, explica Emerlynne Gil, consejera jurídica para el Sudeste Asiático de la Comisión Internacional de Juristas.

Brunei es el primer país asiático en implementar la sharia, aunque algunos temen que pueda servir de ejemplo para sus vecinos de mayoría musulmana, como Indonesia o Malasia. En este último, el Partido Islámico Panmalasio ha propuesto recientemente en el estado de Kelantan una legislación similar que también permitiría la amputación de miembros y la lapidación por adulterio.

Fuente: ElConfidencial.com