Radiografía de una radicalización: cómo un europeo vira hacia el yihadismo

El 16 de octubre, en una polvorienta carretera de las afueras de Raqqa, la oficiosa capital del Estado Islámico, un misil estadounidense puso punto final a la vida de Abu Talha al-Almani, un hombre a punto de cumplir 40 años, medio ghanés medio alemán, que cuatro años antes había abandonado su vida en Europa para marchar a Siria y sumarse a la yihad. Su transformación es ejemplo de cómo un ciudadano europeo puede virar bruscamente hacia al radicalismo islamista más violento.

No era una figura clave dentro de ISIS. El Departamento de Defensa de Estados Unidos no le consideraba un objetivo de gran valor ni se le estaba persiguiendo específicamente. Pero Denis Cuspert tenía su relevancia. El Consejo de Seguridad de la ONU le había acusado personalmente el pasado febrero de participar en distintas actividades delictivas con ISIS, de la búsqueda de financiación a la perpetración de actos terroristas, pero sobre todo de contribuir al aprovisionamiento de armas y a la captación de nuevos reclutas para la rama más violenta del islamismo yihadista.

El Estado Islámico le estaba explotando para dirigirse a los países germano hablantes. Dentro de su cuidada estrategia mediática, lo esgrimía consciente de que no era un ciudadano anónimo más. Por eso apareció en varios vídeos del Daesh. A menudo amenazaba a Alemania y a su Gobierno, pero también a Estados Unidos y al presidente Barack Obama, pasándose el dedo índice significativamente por el cuello. En una grabación difundida en noviembre de 2014, aparecía sosteniendo la cabeza degollada de un supuesto combatiente enemigo.

El exrapero Denis Cuspert.

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El exrapero Denis Cuspert.

Pero la principal función de sus mensajes era tratar de ganarse adeptos para la causa. En muchos vídeos animaba a los musulmanes a reunir todo el dinero del desempleo y marchar a Siria con sus familias, lejos de los ‘kuffar’, un término despectivo para referirse a los no musulmanes. “¡Hermanos, os animo a la yihad! ¡Aquí encontraréis la libertad!”, asegura en un vídeo. “¡La yihad es muy divertida!”, grita después de que se oigan unos disparos.

La portavoz del Pentágono, Elissa Smith, explicó en un comunicado que Cuspert “empleaba las redes sociales para aprovecharse de la juventud decepcionada y de potenciales reclutas occidentales”. Él era “sin ninguna duda el más interesante propagandista de este movimiento en idioma alemán“, aseguró por su parte Bernd Palenda, de los servicios de inteligencia de Berlín, en declaraciones a SpiegelTV.

Peleas, drogas y cárcel

Curiosamente, su relevancia se debía exclusivamente a su vida previa, esa que repudiaba, cuando era un pandillero violento y un cantante de rap con cierto nombre en el mundillo musical de Berlín. De hecho, llegó a aparecer en un extraño ‘reality show’ de la televisión alemana RTL II llamado ‘Der Bluff’, en el que un estudiante modélico de Baviera era incluido en una pandilla berlinesa.

Denis Cuspert, conocido artísticamente como ‘Deso Dogg’, fue una vez un rostro público en Kreuzberg, epicentro de la escena cultural de Berlín. Tras una juventud plagada de peleas y de problemas con la justicia por delitos relacionados con las drogas -que le hicieron pasar varias temporadas en la cárcel-, Cuspert se centró en la música.

Entre 2006 y 2009 grabó tres discos, entre ellos uno doble titulado ‘Todos los ojos sobre mí’. Pero el éxito que buscaba, y que premiaba a compañeros suyos como Bushido, se le mostró esquivo. Fue entonces cuando le dijo a un trabajador social: “Algún día haré algo grande”, según el diario berlinés ‘Tagesspiegel’.

Musulmanes alemanes rezan en la mezquita Merkez Buyuk Cami, en Dortmund, en julio de 2015. (Reuters)Musulmanes alemanes rezan en la mezquita Merkez Buyuk Cami, en Dortmund, en julio de 2015. (Reuters)

Un giro radical

Entonces, en 2010, la vida de Deso Dogg dio un giro radical. En febrero, tras sufrir un accidente de tráfico que casi le cuesta la vida, desapareció del mundillo que hasta entonces había frecuentado. Según varios relatos, comenzó a frecuentar la mezquita de Al Nur del barrio de Neukölln de Berlín, conocida por su especial conservadurismo. Meses después peregrinó a la Meca. En noviembre, colgó un vídeo en la red anunciando su conversión. Pasaba a llamarse Abu Maleeq. Siguió cantando por un tiempo, en el que combinó canciones de contenido religioso con otras especialmente violentas.

Lo decisivo aquí es que no es la ideología lo que lleva al extremismo, sino su oferta social: el sentimiento de pertenencia al grupo, de tener una tareaPoco después, esto ya no fue suficiente. En un nuevo vídeo colgado en YouTube, Cuspert anunció que renunciaba por siempre a la música, que tachaba de ‘haram’, pecado para el islam, y pedía a sus hasta entonces compañeros del mundo del rap y musulmanes que hiciesen lo propio. Empezó a frecuentar a extremistas conocidos en el país, como Pierre Vogel. Poco después, marchó a la ciudad de Solingen, conocida como un punto caliente del islamismo radical en Alemania, para ahondar en su radicalización.

En 2011 se afilió a la organización salafista Millatu Ibrahim, que desde entonces ha sido prohibida, y realizó una gira por Alemania, pero ya no de escenario en escenario, sino de mezquita en mezquita, de la mano de varios predicadores radicales. Sus charlas resultaban incendiarias y poco a poco se hizo un nombre tanto para los servicios secretos como para los medios de comunicación.

“A Merkel, el ministro del Interior y el ministro de Exteriores: estáis librando una guerra en nuestros países y nosotros vamos a llevar la yihad a vuestros países. No estáis seguros. No vais a volver a vivir seguros. Y es por eso por lo que este país, la república federal de Alemania, es zona de guerra“, aseguró entonces en una entrevista en la televisión pública ZDF.

Durante su proceso de radicalización en Alemania siguió teniendo tropiezos con las autoridades. En agosto de 2011 fue condenado a pagar 1.800 euros de multa por haber esgrimido un arma cargada en un vídeo subido a YouTube. La fiscalía federal de Berlín le investigó en dos ocasiones a lo largo de 2012 por incitar al odio contra ciertos sectores sociales a través de varias ‘nasheed’, cantos tradicionales árabes. Ese mismo año, el Despacho Federal para Contenidos Peligrosos para la Juventud (BPjM) incluyó tres de sus canciones sobre la yihad en su lista de contenidos prohibidos.

https://cms.elconfidencial.com/front/list/Agentes%20de%20la%20Polic%C3%ADa%20Federal%20alemana%20patrullan%20una%20estaci%C3%B3n%20de%20tren%20en%20Berl%C3%ADn%20(Reuters).https://cms.elconfidencial.com/front/list/Agentes%20de%20la%20Polic%C3%ADa%20Federal%20alemana%20patrullan%20una%20estaci%C3%B3n%20de%20tren%20en%20Berl%C3%ADn%20(Reuters).

Rumbo a Siria

La policía alemana asegura que estaba estudiando detenerlo cuando desapareció del país. Era junio de 2012. Según las investigaciones, Cuspert viajó a Egipto, entonces gobernado por los Hermanos Musulmanes, y de ahí saltó a Siria. En un principio parece que se unió al Frente al Nusra (filial de Al Qaeda en el país), pero ya en 2014 se integró en ISIS, animado por el éxito del grupo islamista más sangriento. El Ministerio de Exteriores alemán advirtió de que podría haber estado involucrado en un ataque con coches bomba. En varias ocasiones se informó de su muerte, tanto en operaciones suicidas como por ofensivas enemigas.

“Lo decisivo aquí, claramente, como demuestran muchos estudios, es que no es la ideología lo que lleva a la gente al extremismo, sino su oferta social: el sentimiento de pertenencia al grupo, de tener una tarea y tener el reconocimiento del grupo”, explica Uwe Klemmensies, de la Oficina Federal de lo Criminal (BKA).

Por su parte, Abdul Adhim Kamouss, imán de la mezquita Al Nur y conocido de Cuspert, sale en defensa de su religión en unas declaraciones al canal de televisión Deutsche Welle: “Creo que lo que Cuspert tenía era un pasado y que simplemente le puso una capa encima. Una capa de islam. Quizá tenía esa capa, pero ciertas partes de su carácter se quedaron firmemente enraizadas en él“.

Hans-Georg Maaßen, presidente de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), los servicios secretos del interior, ha alertado de que “precisamente la gente joven es objetivo fácil de la propaganda dirigida” del Daesh a través de internet y que se dejan llevar por un cierto romanticismo. En total, según el BfV, más de 600 alemanes han marchado a Siria para unirse a ISIS, de los que unos 90 han regresado al país. Una bomba de relojería.

Fuente: ElConfidencial.com