Rastreadores de armas: la historia oculta de una guerra contada a través de un rifle

28.12.2015 – 19:01 H. “Por favor, jamás volváis a llamar a esto AK-47”, dice Nic R. Jenzen-Jones ante la fotografía de un rifle kalashnikov. “Eso ...

28.12.201519:01 H.

“Por favor, jamás volváis a llamar a esto AK-47”, dice Nic R. Jenzen-Jones ante la fotografía de un rifle kalashnikov. “Eso significaría que está fabricado en Rusia en esa fecha [1947], cuando puede ser de fabricación china en 2005”, explica a modo de ejemplo ante una audiencia repleta de periodistas y cooperantes. Jenzen-Jones participa en un panel informativo sobre armamento en Estambul, en el que los asistentes reciben sus primeras nociones en técnicas de identificar qué armas están siendo utilizadas en las diferentes guerras que asolan el planeta.

“En un conflicto, toda arma cuenta una historia”, asegura el belga Damien Spleeter, de la empresa Conflict Armament Research. “Los números de serie nos pueden indicar cuál es su origen”, dice, lo que suele aportar mucha información: por ejemplo, qué países están suministrando determinado material bélico a un grupo armado, o cuándo se está violando un embargo. A veces, estos números han sido borrados. “Eso también nos dice algo, significa que alguien no quiere que se pueda seguir la cadena de suministro”, afirma este investigador, que en los últimos meses ha viajado en varias ocasiones a Irak y Siria para determinar con qué armas cuenta el Estado Islámico.

Spleeters sabe lo que dice: a partir de fotografías de un lote de fusiles de asalto Steyr AUG tomadas durante la revuelta en Libia en 2011, cuyos números de serie eran claramente visibles en los cajones de embalaje, su compañía pudo determinar que habían sido suministrados por Bélgica al régimen de Muamar Al Gaddafi dos años antes, contraviniendo la sentencia de un tribunal de aquel país. Y no solo eso: tras el hundimiento de Libia en el caos, dichas armas han reaparecido en escenarios tan dispares como Malí, Siria o Gaza. “A veces, las armas que uno busca son difíciles de encontrar por nombre, porque los locales las llaman de otra forma”, explica Spleeters. “En Libia, por ejemplo, los combatientes no llaman Steyr AUG a estos fusiles, sino B44”. El motivo: las teclas B-4-4 son las que se utilizan para adquirir este arma en el videojuego “Counter Strike”.

En Libia los combatientes llamaban ‘B44’ al fusil Steyr AUG, por las teclas del videojuego ‘Counter Strike’
La organización más importante dedicada al rastreo de armamento es Small Arms Survey, financiada por donantes y organismos públicos de una docena de países europeos –incluyendo, en el pasado, a España-, así como por EE.UU. y Australia. “A partir de 1999, este tema comenzó a convertirse en materia de discusión en la comunidad de Naciones Unidas. La ONU se concentraba más en sistemas más largos, como armamento químico o nuclear, pero todos los informes indicaban que las armas pequeñas son las que causan la mayoría de las muertes”, explica Benjamin King, investigador de esta institución con base en Ginebra. “Se consideró que Naciones Unidas debía controlar esto también, así que Small Arms Survey se creó para llevar a cabo investigaciones que apoyen ese plan”, indica.

“No somos un grupo de presión, y tenemos que ser muy claros sobre eso. No tenemos ninguna agenda concreta, solo tratamos de proporcionar una información lo más imparcial posible, para mantener nuestra credibilidad”, asegura King. “Nuestra organización funciona a través de donantes, que obviamente están interesados en ciertos países y regiones. Pero también tenemos cierta flexibilidad”, indica. “El gobierno suizo proporciona la mayor parte de los fondos, entre el 40 y el 50 %, lo que nos permite decidir qué proyectos son más interesantes. Esto nos da una libertad que es crucial”, explica Nicolas Florquin, investigador senior de la organización. “Por ejemplo, en 2003, empezamos a trabajar en la República Centroafricana, cuando no le importaba a nadie. Pero nosotros ya percibíamos una proliferación preocupante de armamento”, dice.

Combatientes kurdos 'peshmerga' observan el cadáver de un combatiente del Estado Islámico en la localidad de Buyuk Yeniga, en el norte de Irak, en septiembre de 2014 (Reuters)Combatientes kurdos ‘peshmerga’ observan el cadáver de un combatiente del Estado Islámico en la localidad de Buyuk Yeniga, en el norte de Irak, en septiembre de 2014 (Reuters)

Un impacto difícil de medir

“Medir el impacto de lo que hacemos es dificil, porque estas cosas llevan tiempo. Obviamente, aquellos que pueden pueden establecer políticas concretas sobre conflictos tienen que estar informados, y si la comunidad internacional quiere ayudar, necesita esta información”, reflexiona Florquin. “Tal vez el efecto de nuestro trabajo es más visible a nivel internacional, en las negociaciones en el marco de Naciones Unidas”, asegura. Por ejemplo, la referida al Tratado sobre Comercio de Armas (ATT, por sus siglas en inglés), lanzado en 2013, y que ha sido firmado por 118 países y ratificado por 45. Este tratado obliga a los países firmantes a no vender armamento a países cuyo expediente de derechos humanos sea discutible, así como a no violar embargos establecidos por la ONU y a tratar de prevenir que las armas suministradas no terminen en manos de grupos terroristas o criminales.

Pero si bien el perfil de Smal Arms Survey es institucional, otros grupos, como el mencionado Conflict Armament Research o Armament Research Services, son empresas especializadas con un objetivo comercial. Esta última, en palabras de su fundador, el australiano Nic R. Jenzen-Jones, no se centra tanto en hacer investigación sobre el terreno como en “identificar y verificar armas y municiones en zonas de conflicto”.

“Somos una compañía privada registrada en Australia, con empleados también en el Reino Unido, Alemania, Rusia y EE.UU.”, dice Jenzen-Jones, que se jacta de que la pericia técnica de sus expertos es única. “Que yo sepa, no hay ninguna otra compañía al mismo nivel”, asegura. “Trabajamos con gobiernos y ONGs, aunque también hacemos trabajos para la industria privada. Llevamos un tiempo trabajando en este campo, y vimos que hay una necesidad de apoyo técnico por parte de aquellas organizaciones que necesitan acceso a expertos en armamento”, explica. “A menudo, sus necesidades son muy específicas, tales como ‘un especialista en viejo armamento ruso’. Para algunas de estas organizaciones, es muy difícil ponerse en contacto con la persona adecuada, así que nosotros lo facilitamos”, dice.

En 2011, Human Rights Watch usó estas técnicas para documentar el uso que hacía Gaddafi de bombas de racimo españolas contra la población civil libia
Este sector es relativamente nuevo. “Fuera de gobiernos y ejércitos, se ha ido expandiendo en los últimos 10 o 15 años, y han aparecido más fondos para financiarlo”, afirma Jenzen-Jones. De hecho, muchas organizaciones no gubernamentales están empezando a utilizar estas mismas técnicas de rastreo de armamento para documentar actividades relacionadas con sus intereses. En 2011, la organización de derechos humanos Human Rights Watch comprobó que el régimen libio, a pesar de sus reiteradas negativas, estaba bombardeando áreas civiles de la ciudad de Misrata con bombas de racimo MAT-120 fabricadas en España. La investigación sobre los números de serie de los proyectiles determinó que habían sido manufacturados por la compañía española Instalaza S.A. en 2007, es decir, poco antes de que España firmase el tratado de prohibición de la munición de racimo.

“Hemos trabajado con varias ONGs, ayudándoles a hacer la transición hacia este campo. Pero también hemos visto muchos errores”, dice Jenzen-Jones. “El que más ONGs se estén enfocando hacia este sector es algo positivo, pero necesitan asistencia técnica. Me preocupa que algunas organizaciones no se especialicen más allá de una cierta experiencia básica”, indica.

Rebeldes seleka en su base de Lioto, en la República Centroafricana, en junio de 2014 (Reuters)Rebeldes seleka en su base de Lioto, en la República Centroafricana, en junio de 2014 (Reuters)

La irrupción de los diletantes

En el extremo opuesto se encuentra Elliot Higgins, un treintañero británico que mantiene el “Blog de Brown Moses”, en el que, con ayuda de sus lectores, trata de identificar el armamento utilizado por los diferentes bandos en la guerra de Siria. En 2012, Higgins, a modo de hobby, comenzó a estudiar las imágenes del conflicto que colgaban en internet tanto los simpatizantes tanto de la insurgencia siria como del régimen de Bashar Al Assad en busca de información. Pronto se encontró revisando diariamente más de 450 canales de YouTube, y aprendiendo sobre armas a marchas forzadas.

“Antes de la Primavera Árabe, yo no sabía más sobre armamento que cualquier propietario medio de una videoconsola Xbox. No tenía más conocimientos que lo que había aprendido de Arnold Schwarzenegger y Rambo”, ha declarado en alguna ocasión Higgins, quien, entre otras cosas, fue uno de los primeros en documentar el uso de barriles bomba y munición de racimo por parte del régimen sirio. “Brown Moses es de lo mejor que hay ahí fuera en lo referente a monitorización de armasen Siria”, dijo elogiosamente Peter Bouckaert, director de emergencias de Human Rights Watch, sobre su blog. Sus críticos, sin embargo, ponen de manifiesto el componente amateur del trabajo de Higgins y sus colaboradores.

Esto no ha impedido que Higgins haya ampliado sus actividades a otras guerras. El pasado julio, gracias a una campaña de ‘crowdfunding’, inauguró Bellingcat, una página web en la que analizan fuentes abiertas, sobre todo videos y fotografías colgados en internet. A lo largo del verano, algunas de sus investigaciones llevaron a conclusiones como que EE.UU. había comenzado a utilizar drones no tripulados Predator de vigilancia sobre el territorio del Estado Islámico en el norte de Siria, el origen ruso del lanzamisiles Buk que derribó el avión MH17 de Malaysian Airlines sobre Ucrania, o la probable localización del lugar donde se filmó la decapitación del periodista James Foley.

A Higgins y sus colaboradores de ‘Bellingcat’ se les critica a menudo el componente amateur de su trabajo
También la empresa de Jenzen-Jones mantiene un blog, “The Hoplite”, sobre identificación de armamento en diferentes teatros bélicos. “Nos sirve para anunciarnos, pero también para difundir cosas importantes que creemos que deben ser conocidas por el público”, explica el australiano. Algunos ejemplos de sus hallazgos son la aparición de misiles antitanque TOW/2A estadounidenses en manos de grupos rebeldes en Siria, o el uso de lanzacohetes rusos MRO-A por los separatistas ucranianos.

“Antes de nuestra aparición, este trabajo lo hacían los paneles de la ONU, normalmente en situaciones de embargo. Pero con los años, a medida que la gente adquirió experiencia, quedó claro que había muchos asuntos relacionados con lugares donde no había ningún embargo”, dice Nicolas Florquin, poniendo el ejemplo de Sudán del Sur. “Es necesario documentar también estas situaciones, que en el noventa por ciento de los casos ocurren en África”, asegura el investigador. “Además, los mandatos de la ONU se renuevan cada año, las misiones emiten su informe y entonces cambia el equipo. Solo muy recientemente se ha empezado a reunir toda la información”, indica.

La mayoría de los datos, sin embargo, proceden de fuentes muy diferentes, por lo que el rastreo de armamento de pequeño tamaño lleva mucho tiempo. “Está claro que es mejor que se haga por una organización externa”, dice Florquin. “Y es importante que la gente hable de ello”.

Fuente: ElConfidencial.com