Renta básica universal: rechazada en Suiza, a debate en el norte de Europa

06.06.2016 – 05:00 H. Los suizos rechazaron este domingo en referéndum la renta básica universal (RBU) por una contundente mayoría. Según cifras oficiales ...

06.06.201605:00 H.

Los suizos rechazaron este domingo en referéndum la renta básica universal (RBU) por una contundente mayoría. Según cifras oficiales definitivas, un 76,9 por ciento de los participantes votó en contra de que el estado les ingrese, de forma automática e incondicionada, 2.260 euros libres de impuestos al mes. Sólo un 23 por ciento se mostró a favor, con abstención que alcanzó el 54 por ciento.

Pese a estas cifras, los impulsores de la consulta popular se dijeron satisfechos. “Sabíamos desde el principio que íbamos a ganar. Aunque no por mayoría”, aseguró tras los resultados el filósofo alemán Philip Kovce, en referencia al eco internacional que ha tenido la iniciativa. Efectivamente, independientemente del resultado, resulta cada vez más evidente que en Europa, especialmente en los países del norte, se está empezando seriamente a debatir la conveniencia de poner en práctica esta propuesta que hasta hace unos años era tachada por la mayoría como una utopía socializante.

Holanda ha puesto en marcha un proyecto piloto en Utrecht y otros 19 municipos para estudiar la viabilidad de la RBU. Finlandia le seguirá el año que viene, también con una experiencia a pequeña escala que, si prospera, se aplicará en todo el país. El debate está ganando tracción incluso en Alemania, un país con un estado de Bienestar tradicionalmente contributivo. Un colectivo presentó hace unos días más de 90.000 firmas en el Bundestag para pedir un referendo al respecto. Y en Berlín, dos emprendedores han iniciado una campaña de crowdfunding para reunir dinero con el objetivo de sortear años con RBU pagado entre un grupo de candidatos, que previamente deben explicar para qué optan a esta ayuda. Entre los pretendientes hay quien asegura que quiere poder terminar de escribir su tesis, otro que desea ayudar a los refugiados y uno que aspira a ampliar sus experiencias sexuales.

Sus defensores argumentan que la digitalización y mecanización están acabando con cada vez más puestos de trabajo, por lo que la RBU es necesaria para evitar una auténtica catástrofe social

Los académicos y analistas no han quedado fuera de este debate. El ex ministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis y el filósofo esloveno Slavoj Zizek, desde la izquierda, defienden la implantación del ingreso ciudadano. Pero también el presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial de Davos, Klaus Schwab, lo percibe con buenos ojos. No obstante, la RBU está lejos de poder amalgamar algún tipo de consenso. La idea, por su radicalidad, polariza. Genera atracción y curiosidad, sí. Pero rechazo también, casi a partes iguales. Además, la idea teórica sigue resultando ambigua en puntos clave, como la cuantía del ingreso, y se ha consolidado en torno a distintas modalidades concretas que, en ocasiones, son casi contrapuestas.

El principal argumento a favor de la renta básica es que la exponencial digitalización y la mecanización están acabando con cada vez más puestos de trabajo. En unos años, argumentan los defensores de la RBU, no sólo será difícil encontrar empleo para una nutrida mayoría, sino que además esos puestos de trabajo no serán necesarios para satisfacer la demanda de bienes y servicios. Un estudio de los investigadores Carl Frey y Michael Osborne, de la Universidad de Oxford, estima que el 47 por ciento de los trabajos en Estados Unidos son altamente susceptibles de ser automatizados en las próximas dos décadas. Schwab, fundador e ideólogo del Foro de Davos, considera que el desarrollo de la inteligencia artificial y la conectividad suponen una “transformación de la humanidad”, lo que va a requerir soluciones que garanticen algún tipo de ingreso mínimo para todos.

El expresidente de la Unión Internacional de Empleados de Servicios, Andy Stern, afirma en su libro ‘Raising the Floor’ (‘Levantando el suelo’) que los avances tecnológicos que se están cocinando en la actualidad van a provocar “el mayor trastorno de la historia en el empleo” y que la RBU es una solución parcial a los retos derivados de estos cambios en el mercado laboral. Sólo la consecución de camiones sin conductor, algo que ya no parece muy lejano, dejaría sin empleo a 3,5 millones de personas en Estados Unidos.

Trabajadores de la fábrica de relojes suizos Zenithen Le Locle, en abril de 2016 (Reuters)Trabajadores de la fábrica de relojes suizos Zenithen Le Locle, en abril de 2016 (Reuters)

Una “Atenas digital”

Además, con una sola medida, se acabaría con la pobreza. Un progreso fenomenal, para los adalides de la RBU. La cuestión no es baladí en un momento en el que, tras el colapso financiero global de 2008 y la subsiguiente crisis económica europea, la clase media se encuentra amenazada por la creciente precarización laboral y la creciente desigualdad social. Desde el año 2000 las economías desarrolladas han sido incapaces de generar subidas salariales significativas para la mayor parte de su masa laboral, según ‘The Economist’. Las cifras más recientes de Eurostat apuntan a que más de 120 millones de europeos, cerca del 25 por ciento, viven en situación de riesgo de pobreza y exclusión social.

Renta Básica Suiza, la organización que recogió las firmas para el referéndum de este domingo, va aún más allá. El objetivo es “desacoplar los conceptos de trabajo y valor personal”, explica el portavoz de la organización, Che Wagner, que da por supuesto que una mayoría seguiría trabajando pese a la introducción del ingreso universal. Daniel Häni, un empresario helvético que apoya la iniciativa, añade en este sentido que el actual sistema de bienestar “está basado en la respuesta de Bismarck a la industrialización 1.0” y que la RBU busca “devolver el poder de nuevo al ciudadano”.

Tirando del hilo de esta madeja, hay quienes creen que liberar a las personas de la obligación de trabajar traería grandes beneficios. Les daría una oportunidad real de decidir a qué dedican su tiempo, permitiendo por ejemplo alargar la fase de formación o tomarse pausas durante la vida laboral para la crianza de los hijos. Asimismo, reduciría de forma significativa los riesgos derivados de emprender e innovar, al generar un salvavidas incondicionado. El profesor del Instituto Tecnológico de Massachusetts Erik Brynjolfsson habla en su libro ‘The second machine age’ (‘La segunda era de las Máquinas’) de una “Atenas digital”, con más personas dedicando más tiempo a la filosofía, las artes y el deporte.

Algunos de sus partidarios creen que simplificaría el enmarañado sistema de ayudas en los Estados del Bienestar occidentales

El empresario alemán Götz Werner, uno de los más notorios defensores de la RBU en su país, añade además que con esta medida se eliminaría la injusticia que supone el trabajo no remunerado. Recientemente tachó de “injusto” en una entrevista en la televisión pública ZDF el actual sistema, que deja desamparadas y fuerza a la dependencia a las personas, principalmente mujeres, que se dedican a cuidar a sus hijos y a sus mayores y se encargan de las tareas de la casa. “En realidad esta sociedad vive del trabajo que las personas hacen para otras personas”, aseguró.

Además, algunos entre quienes defienden este ingreso incondicionado repiten que la RBU simplificaría enormemente todo el enmarañado sistema de ayudas que se ha ido construyendo en los Estados del Bienestar de Occidente. Y se apunta que también eliminaría la obligación de tener que dar cuentas a la administración de situaciones personales. Estos dos argumentos han encontrado una buena acogida entre sectores liberales y libertarios, a priori no especialmente favorables a esta idea.

Los críticos y los escépticos, por su parte, también vienen cargados de argumentos. El primero y esencial es el coste que supondría la RBU. Mientras los países con un Estado del Bienestar más amplio, especialmente los nórdicos, tendrían un colchón de ingresos suficiente para poner en marcha un ingreso ciudadano suficiente para satisfacer las necesidades básicas, otros países lo tendrían mucho más difícil. Entre estos últimos se encuentran países emergentes con un sistema de protección social en pañales y países que, por su tradición liberal, apenas tienen redes de seguridad públicas, como Estados Unidos.

Un trabajador en una planta de Volvo ubicada en Gothenburg, Suecia (Reuters).Un trabajador en una planta de Volvo ubicada en Gothenburg, Suecia (Reuters).

Cifras inasumibles

En Estados Unidos, por ejemplo, la introducción de una RBU de 10.000 dólares anuales supondría un coste total para las arcas públicas de unos 3 billones de dólares, una cantidad similar al total de la recaudación tributaria del gobierno federal, según un análisis de Robert Greenstein, presidente del Centro de Prioridades Presupuestarias y Políticas.

Según datos recopilados por la OCDE, Luxemburgo y Dinamarca podrían en la actualidad pagar al año a cada uno de sus ciudadanos 17.800 y 10.900 dólares, respectivamente, si se eliminasen todas las ayudas no relacionadas con cuestiones de salud y se repartiesen ese dinero de manera equitativa entre la población. En ambos casos supone en torno a una quinta parte de la renta per cápita de estos países. Pero no en todos los países sucede algo similar. En Estados Unidos, esta cantidad ascendería a 6.300 dólares al año. En España, 7.000; en Reino Unido, 5.800; y en México, 900 dólares al año. Con estas cifras en la mano, argumentan los críticos, los gobiernos tendrían que elevar los impuestos para sufragar una RBU digna de ese nombre.

Además, critican algunos, eliminar todas las ayudas previas para poner en marcha el ingreso ciudadano -que es lo que propugnan algunos, aunque no todos los defensores de esta iniciativa- supondría en el fondo una redistribución de la riqueza hacia arriba. Explican que, de esta forma, parte del dinero que antes se destinaba a personas de clase baja o con dificultades iría a parar ahora a manos de gente de clase alta. Esto, si no se prevé, podría acabar generando más desigualdad, argumenta Greenstein. Desde diversos sindicatos y partidos de centro-izquierda este último argumento es clave para rechazar la introducción de la RBU.

Hay quien teme los daños psicológicos que se puedan derivar de la RBU: la eliminación del factor trabajo podría resultar alienante para muchas personas

Aún en el ámbito económico, muchos críticos destacan que la introducción de la RBU desincentivaría el empleo -al menos algunos tipos de trabajo, especialmente los de baja remuneración y peores condiciones-, lo que erosionaría los ingresos del Estado por la vía impositiva. Introducir una medida que implica un gran gasto público y que a la vez resta ingresos es financieramente insostenible, si no suicida, argumentan.

Pero el coste no es la única preocupación de los escépticos. Algunos temen los daños psicológicos y hasta morales que se puedan derivar de la puesta en práctica de este proyecto. Unos apuntan que la eliminación del factor trabajo podría resultar alienante a largo plazo para las personas, incapaces de rellenar su tiempo y construir su personalidad sin una trayectoria profesional (pese a que no está claro en los estudios que la RBU fuese a provocar un abandono notable del mercado laboral). Otros advierten de que la distribución incondicionada de dinero podría perjudicar el tejido social y acabar con la solidaridad.Por último, entre los detractores de esta medida está el asunto de las fronteras. Afirman que la introducción de una RBU en un país generaría indudablemente un efecto llamada en el exterior y que el estado en cuestión se vería obligado a blindarse para poder mantener su sistema interno.

Fuente: ElConfidencial.com

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