Snowden, Kiriakou y otros 'enemigos públicos': Obama contra las filtraciones

13.03.2016 – 22:58 H. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, es conocido por su apego a la información y al detalle. De acuerdo a su carácter ...

13.03.201622:58 H.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, es conocido por su apego a la información y al detalle. De acuerdo a su carácter meditabundo, cualquier cosa que se decide en la Casa Blanca pasa por un análisis riguroso. La llamada “comunidad de inteligencia”, 16 agencias que velan por la seguridad nacional, entre ellas la CIA y la NSA, juegan un papel esencial en este proceso: obtienen información dentro y fuera de Estados Unidos, en ocasiones de forma ilegal, como han desvelado diferentes filtraciones. Filtraciones que este Gobierno castiga con dureza inédita.

La Administración Obama ha procesado a más personas por filtrar información a los medios de comunicación que el resto de administraciones juntas. A nueve desde 2009, entre ellos al analista Chelsea Manning, que cumple 35 años de prisión por filtrar tres cuartos de millón de documentos a Wikileaks; y Edward Snowden: el contratista que destapó el programa de escuchas ilegales y que vive exiliado en Rusia. Si vuelve a EEUU, probablemente enfrentaría cadena perpetua.

El Confidencial ha hablado con John Kiriakou, el primer exagente de la CIA en denunciar el programa secreto de torturas a prisioneros, en 2007, y el primero en ingresar en prisión por revelar información confidencial a periodistas. Su caso ilumina crudamente las manías de la ‘presidencia Obama‘ y de su aparato de seguridad nacional.

Esta Administración está más obsesionada con las filtraciones que ninguna otra en la historia americana, y estoy incluyendo a Nixon”, dice Kiriakou por teléfono. “Ni siquiera Richard Nixon procesó a gente acusada de pasar información a la prensa”. El exespía, de hablar calmado y cortés, cumplió casi dos años de prisión por cinco cargos, más tres meses de arresto domiciliario. Se declaró culpable de una acusación, afirma, para evitar una condena mucho mayor.

Kiriakou trabajó para la Agencia Central de Inteligencia durante 14 años. Empezó como analista en Oriente Medio, aprendió árabe y se especializó en lucha antiterrorista. Después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, la CIA le hizo jefe de la lucha antiterrorista en Pakistán y en 2002 lideró el operativo que capturó a Abu Zubaydah, considerado entonces el número tres de Al Qaeda.

El exagente afirma que nunca participó en un interrogatorio donde se aplicase la tortura, el método del “ahogamiento simulado”, pero que estaba al corriente de ello por los informes. Ha explicado que, al principio, tras el 11 de septiembre, la CIA estaba ansiosa por obtener información rápidamente sin reparar en métodos como el ahogamiento o la privación del sueño.

Un bombero de Nueva York pide ayuda a los equipos de rescate entre los escombros del World Trade Center, el 15 de septiembre de 2001 (Reuters).Un bombero de Nueva York pide ayuda a los equipos de rescate entre los escombros del World Trade Center, el 15 de septiembre de 2001 (Reuters).

Su punto de no retorno llegó a finales de 2007. Kiriakou llevaba tres años retirado de la CIA e iba a participar como experto comentarista en el canal ABC News. Un día escuchó al entonces presidente, George W. Bush, decir públicamente que su Gobierno “no tortura a gente”. “Es mentira”, se dijo Kiriakou, y decidió ser completamente transparente en su entrevista con ABC News. El 10 diciembre de 2007 reveló en directo que el prisionero Abu Zubaydah había sido víctima del “ahogamiento simulado”, en el que se vierte agua sobre el reo inmovilizado bocarriba.

Inmediatamente comenzó a recibir llamadas de periodistas especializados y la Fiscalía decidió armar un caso: le acusó de revelar el nombre de un agente a un reportero de ‘The New York Times’. Kiriakou alega que el periodista, Scott Shane, ya tenía el nombre y que su intención era ayudarle, a petición de Shane, con un reportaje sobre los de interrogatorios de la CIA. “El periodista dijo en su artículo que había entrevistado a 24 oficiales de inteligencia antiguos y actuales de Estados Unidos y extranjeros”, dice, “así que ¿por qué los otros 23 no fueron procesados por espionaje? Porque los otros 23 no filtraron el programa de torturas”.

‘Todos los líderes de la CIA, los creadores del programa de tortura durante la Administración Bush, son los líderes de la CIA con Obama. No han cambiado’, dice KiriakouKiriakou sospecha que su caso no fue iniciativa del presidente Obama, sino de la CIA y la Fiscalía. “Todos los líderes de la CIA, los creadores del programa de tortura durante la Administración Bush, son los líderes de la CIA con Obama. No han cambiado. Cuando fui investigado por primera vez, entre 2007 y 2008, al final de la presidencia Bush, el departamento de Justicia decidió que no había cometido un crimen y cerraron el caso. Tres meses después, cuando Obama fue investido, la CIA pidió a la Fiscalía que reabriera el caso, y lo hizo; me investigaron durante tres años y presentaron cinco cargos”, añade.

El departamento de Justicia le acusó de “revelar información clasificada repetidamente a periodistas”, según el comunicado oficial. Kiriakou afirma que acudió a la prensa porque sabía que sus superiores eran los responsables del programa tortura y no harían nada. “Si miras a otros filtradores, como Jesselyn Radak, Tom Drake o Bill Binney, ellos sí acudieron a su cadena de mando: el inspector general, al consejo general, los comités del Congreso… Y aún así fueron acusados de espionaje. Si no quieres que la información se haga pública, permite a los filtradores acudir a las autoridades y que se mantenga interna”.

Como el de Kiriakou, los otros ocho casos fueron procesados bajo la Ley de Espionaje, aprobada justo después de que EEUU se implicase en la primera guerra mundial, en 1917. Sin embargo, ninguno de los procesados ha sido acusado de hablar con gobiernos extranjeros, sino con medios de comunicación. “Esto va sobre libertad de expresión y de prensa”, continúa Kiriakou.

Kiriakou exige que los filtradores de los órganos de seguridad tengan los mismos derechos que los filtradores de otras áreas, como la política fiscal, la alimentación o el medio ambiente. El Gobierno de Estados Unidos tiene incluso una página oficial dedicada a animar a sus empleados a denunciar comportamientos ilegales, como casos de fraude o corrupción, en el seno de la administración. Un patrón, el de tener al Gobierno vigilado desde dentro, que no se aplica a la seguridad nacional.

Obama y el vicepresidente Biden siguen la operación contra Bin Laden junto a otros miembros de la Administración (Reuters).Obama y el vicepresidente Biden siguen la operación contra Bin Laden junto a otros miembros de la Administración (Reuters).

El exagente de la CIA, igual que Edward Snowden y otras 7.000 personas desde 1977, han sido asesorados por Government Accountability Project (“Proyecto de Responsabilidad del Gobierno”, GAP), una organización dedicada a ayudar legalmente a filtradores de todas las ramas. GAP no tiene derecho a conocer la información que podría ser revelada, pero garantiza a los filtradores la confidencialidad del pacto abogado-cliente y les aconseja cómo filtrar de forma segura.

“La responsabilidad del Gobierno es hacer que los servidores públicos estén seguros durante el proceso de informar sobre la corrupción”, declara a El Confidencial Shanna Devine, directora legislativa de GAP. “La postura de GAP es que los miembros de la comunidad de inteligencia, como Edward Snowden, necesitan canales seguros para filtrar información y protegerse en el proceso. Si no van a quedar como observadores silenciosos, o van a hacer revelaciones anónimas”.

Petraeus presentó su dimisión. Sus emails estaban siendo investigados por filtrar presuntamente información a su biógrafa Paula Broadwell, que resultó ser también su amanteDevine afirma que los informadores de seguridad nacional lo tienen mucho más difícil que los demás; sus vías son mucho más estrechas. “Tienen algunas protecciones si informan en los canales adecuados. Sin embargo esos derechos son muy débiles y están controlados por la comunidad de inteligencia”, explica. “Aunque la Administración ha hecho algunas acusaciones de espionaje contra filtradores, es también una de las primeras que trabaja activamente con nuestra coalición para reforzar los derechos de los filtradores de seguridad nacional. Hay en ello cierta ironía”.

No es la única ironía. Cuando la Fiscalía condenó a Kiriakou, el entonces director de la CIA, el general David Petraeus, publicó una nota de aplauso a la justicia: “Los juramentos importan”, escribió Petraeus. “Y de hecho hay consecuencias para aquellos que creen que están por encima de las leyes que protegen a nuestros compañeros oficiales y permiten a las agencias de inteligencia americanas operar con el requerido grado de secretismo”.

Menos de tres semanas después, David Petraeus presentó su dimisión. Ahora eran sus emails los que estaban siendo investigados por filtrar presuntamente información a su biógrafa Paula Broadwell, que resultó ser, también, su amante. Pese a la mayor cantidad de infracciones y delitos potenciales, como detalla ‘The Washington Post’, la Fiscalía no presentó cargos.

Él fue el primer filtrador que reveló públicamente la tortura”, dice Devine en relación a Kiriakou, “pero la Administración Obama fue agresivamente contra él bajo la Ley de Espionaje. Cuando habló de esta información con un reportero, no fueron contra ningún funcionario del Gobierno implicado en la tortura, pero él tuvo que estar en prisión por hacer pública esta información”.

John Kiriakou es, a día de hoy, el único exagente de la CIA en ir a prisión por el programa de tortura. No por practicarla, sino por denunciarla.

Fuente: ElConfidencial.com