Soldados rojos de Dios: los cristianos de Mindanao se arman contra los islamistas

Las imágenes son chocantes: hombres enmascarados, armados con fusiles de asalto y machetes, en ocasiones descalzos o en sandalias, que revelan su origen campesino. En un momento dado le prenden fuego a una bandera del Estado Islámico, mientras trabajan las cámaras de los fotógrafos a los que han convocado para anunciar al mundo su nacimiento. Son los Pulahan, que literalmente significa “los que visten de rojo”. Pero ellos mismos lo traducen como “los soldados rojos de Dios”: milicias creadas en la isla filipina de Mindanao para defender a la población local cristiana de unos grupos islamistas cada vez más agresivos, sobre todo los llamados Luchadores Islámicos por la Libertad de Bangsamoro (BIFF) y, en menor medida, el ISIS.

“Estamos siempre bajo ataque, incluso aunque solo estemos trabajando en nuestras tierras. Se nos ha forzado a armarnos. No queremos morir sin hacer algo”, declaró uno de los líderes del grupo, identificado como ‘Hermano Asiong’, ante los periodistas, a finales del pasado enero.

Los Pulahan toman su nombre de un grupo similar creado en los noventa, con el objetivo de oponerse al saqueo al que las guerrillas comunistas o islamistas sometían a estas comunidades. Una de ellas, el Frente Moro Islámico de Liberación (MILF), firmó la paz con el Gobierno filipino a finales de 2012, pero algunas de sus facciones, como el BIFF, escindido en 2008, se negaron a aceptar el acuerdo. Desde entonces no han dejado de participar en enfrentamientos armados con las fuerzas de seguridad filipinas, y el día de Navidad asesinaron a seis campesinos cristianos en una aldea de Maguindanao, acusándoles de ser milicianos al servicio del Gobierno. A la semana siguiente ejecutaron a otros dos en la misma provincia.

Los Pulahan queman una bandera del ISIS en enero de 2016 (Reuters)Los Pulahan queman una bandera del ISIS en enero de 2016 (Reuters)

“Los militares arman a los cristianos”

“Si un civil está armado y es tolerado por las autoridades, se convierte en parte del Gobierno, y por lo tanto debe ser considerado también nuestro enemigo”, justificó el portavoz del BIFF, Abu Misry Mamah. Pero el resultado de estos asesinatos es que muchos de esos campesinos se han armado, aunque no todos se han integrado en los grupos Pulahan.

El BIFF acusa al Ejército filipino de ser el responsable de la creación de estas milicias, y de haberles proporcionado sus armas. “No les tenemos miedo. Son solo unos pocos”, afirmó Mamah en una entrevista con la publicación filipina ‘Inquirer’. “Los militares también tienen tanques y armas sofisticadas y aún así hemos logrado sostener nuestra campaña contra los soldados”, aseveró.

Asiong, sin embargo, asegura que las armas proceden de antiguos miembros del MILF, que han estado vendiendo sus armas. “Este rifle que sostengo procede de ellos”, explicó, sosteniendo un kalashnikov. “Dado que las necesitamos para nuestra defensa, decidimos conservarlas”, le dijo a un reportero de la sección filipina de la CNN. “El ejército sabe de nuestra existencia, y no estamos violando ninguna ley porque solo portamos nuestras armas en nuestra comunidad, no fuera”, afirmó.

Los Pulahan, además, parecen dispuestos a enfrentarse a los seguidores del Estado Islámico en Filipinas, especialmente a un grupo llamado Ansar al Khilafah Philippines (“los partidarios del Califato en Filipinas”), que juró lealtad al ISIS en 2014, y que fue aceptada como filial por esta organización en febrero de este año, aunque por ahora no han declarado una ‘wilaya’ o provincia en Filipinas o el Sudeste Asiático. En diciembre, el grupo publicó un vídeo en el que mostraba un campo de entrenamiento en mitad de la jungla y hacía un llamamiento a sus simpatizantes a “emigrar al Califato”.

Captura de pantalla del vídeo del campo de entrenamiento de Ansar al Khilafah.Captura de pantalla del vídeo del campo de entrenamiento de Ansar al Khilafah.

Un camino peligroso

El arzobispo de Jolo, Angelito Lampon, se ha abstenido de apoyar a estos grupos, si bien entiende sus motivos. “Es una especie de intento desesperado de estos cristianos que están siendo atacados aquí y allá por estos grupos armados. Si las tropas gubernamentales pueden defender a los civiles, tanto si son musulmanes como si son cristianos, creo que no llegaríamos a esto”, afirmó. “Como cristianos, debemos decir que esta no es la forma correcta de responder a la violencia. No debemos seguir por este camino”, puntualizó fray Sebastiano D’Ambra, jefe de misiones de la Iglesia católica en Filipinas.

Lo mismo opinan algunos colectivos que trabajan por la paz en Mindanao. “No es un suceso positivo, porque podría revivir las épocas de los grupos justicieros apoyados por el ejército en los años setenta”, afirma Bobby Benito, director ejecutivo del Centro para una Paz Justa de Bangsamoro, refiriéndose a dos sangrientas milicias, los Ilaga y los Tadtad, notorias por sus matanzas de civiles musulmanes al inicio de la insurgencia islámica en Filipinas. Sin embargo, para Benito, es una consecuencia lógica del fracaso de las autoridades. “Han perdido su confianza en nuestro Estado de derecho. Si el Estado les hubiese proporcionado protección, no se habrían armado”, indica en una entrevista en ‘Inquirer’.

En el mismo sentido se expresa Eliseo Mercado Jr., profesor de Estudios de Paz en la Universidad de Notre Dame: “No hay lugar para ningún grupo armado en un entorno seguro. Por lo tanto, la emergencia de cualquier grupo armado -insurgente, o justiciero, o milicia- muestra el fracaso del Gobierno y el Estado a la hora de proteger a todos sus ciudadanos”, comenta, asegurando que esto revela “la gran desconexión entre el proceso de paz y las realidades sobre el terreno”. En el ya intrincado conflicto de Mindanao, la aparición de un nuevo actor contribuye a enturbiar aún más las aguas, y probablemente será la causa de más violencia. Aunque esta vez fluirá en ambas direcciones.

Fuente: ElConfidencial.com