Trabajar más años y en peores condiciones: la agenda que cambiará Brasil si cae Dilma

25.08.2016 – 18:16 H. Elevar la edad de la jubilación, reformar el derecho laboral para alterar las condiciones de despido o el derecho a las vacaciones, ...
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25.08.201618:16 H.

Elevar la edad de la jubilación, reformar el derecho laboral para alterar las condiciones de despido o el derecho a las vacaciones, reducir el sueldo de los funcionarios públicos o acabar con la paridad entre los funcionar activos e inactivos. Estas son algunas de las medidas que el presidente interino Michel Temer pretende introducir en Brasil si el ‘impeachment’ contra Dilma Rousseff, cuya fase final se inició este jueves, es confirmado la semana que viene en el Senado.

Desde ayer, los 81 senadores están llamados a pronunciarse sobre el juicio político contra la primera mujer presidenta de Brasil, que culminará en 29 de agosto con la comparecencia de Rousseff en el Senado y el 30 de agosto con la votación final. Son necesarios 54 votos para que Dilma sea alejada definitivamente del poder, lo que convertiría a Temer en presidente de facto hasta el 31 de diciembre de 2018. De momento, 51 senadores ya han dicho que votarán a favor del ‘impeachment’.

Durante el periodo olímpico, el mandatario interino se ha dedicado a lanzar globos sonda en la prensa nacional para comprobar la acogida que tendrían sus reformas en la sociedad brasileña, cada vez más cansada del ‘impeachment’. Los datos muestran que el debate sobre este complicado proceso político ha perdido fuerza en las redes sociales. El 12 de agosto, cuando fue fijada la data del juicio final, hubo 257.000 menciones en Twitter. El 17 de abril, día en que el ‘impeachment’ fue aprobado en la Cámara, fueron lanzados 1,9 millones de tuits.

Brasil está fuera de la realidad internacional. Mientras la edad mínima para la jubilación es de 65 años y hasta de 67 en países europeos, la mayoría de los brasileños cuelga las botas antes de los 60: los hombres, de media, a los 55 años y las mujeres, a los 52″Mucho ha llovido desde la llamada ‘primavera brasileña’, en junio de 2013, cuando violentas manifestaciones sacudieron las principales ciudades del país tropical y una masa de ‘indignados’ se lanzaron a la calle para protestar contra la subida del billete del autobús, la corrupción y la baja calidad de los servicios públicos. Hoy los brasileños piden un cambio a toda costa, sin preocuparse demasiado por la letra pequeña.

“La gestión de Dilma Rousseff ha sido muy mala y hemos perdido el tren del boom económico entre 2011 y 2015. La verdaderas razones de este ‘impeachment’ no son las irregularidades fiscales en las que incurrió su Gobierno. La gente estaba cansada de su gestión y quería cambiar”, afirma Rodrigo, empresario público de Goiania, una ciudad del interior ubicada a unos 200 km. de Brasilia. “¿Pero usted aceptaría trabajar hasta los 65 años, tal y como propone Temer?”, pregunta la periodista. Tras un largo silencio, Rodrigo reconoce que no es lo que desea.

En las últimas semanas, Michel Temer ha lanzado muchas propuestas para los próximos dos años y medio de mandato. La más polémica es, sin duda, la reforma de las pensiones, que pretende elevar la edad para jubilarse a los 65 años para los hombres y a los 62 para las mujeres, en un país en el que es legal trabajar a partir de los 14 años. El 12 de agosto, mientras todas las miradas estaban dirigidas hacia los Juegos Olímpicos, Temer reconocía públicamente que esta reforma entrañará “una lucha feroz”.

Michel Temer, presidente interino de Brasil, durante la ceremonia de inauguración de los Juegos, en Río, el 5 de agosto de 2016 (Reuters). Michel Temer, presidente interino de Brasil, durante la ceremonia de inauguración de los Juegos, en Río, el 5 de agosto de 2016 (Reuters).

En la actualidad, en Brasil no hay una edad mínima para jubilarse. La pensión depende del tiempo de cotización, siendo necesarios al menos 30 años para las mujeres y 35 para los hombres. De esta forma, una mujer que empezó a trabajar con 14 años puede retirarse a los 44. Datos de 2014 muestran que los trabajadores rurales suelen entrar en el mercado laboral incluso antes de los 14 años. En el caso de los hombres, se habla de un 78% y para las mujeres de un 70%. En el entorno urbano, el 46% de los varones y el 34% de las mujeres ya trabajan antes de la edad legal.

“Delante de la incapacidad de colocarse en el lugar del otro, del trabajador que depende de su fuerza física para ganarse el pan, en el campo o en la ciudad, olvidamos que sus cuerpos se degradan a una velocidad mucho mayor que los nuestros. O sea, su expectativa de vida es menor que la nuestra”, escribe el periodista Leonardo Sakamoto en su blog. “Los sabios que están discutiendo en el Ministerio de Hacienda la cuestión de la imposición de la edad mínima como requisito y del tiempo de contribución y/o de servicio, deberían explicar la propuesta, cara a cara, a un grupo de cortadores de caña o de albañiles. Sin medias palabras, sin engaños”, añade.

El gasto público en pensiones en este país continental de 206 millones de habitantes supera actualmente los 450.000 millones de reales (125.000 millones de euros). De ahí que el Gobierno interino quiera reformar un sistema que, para muchos expertos, grava demasiado sobre las cuentas públicas. Paulo Tafner, autor del estudio que sugiere aumentar los años de cotización, defiende que esta reforma es necesaria y urgente. “Hoy Brasil está fuera de la realidad internacional. Mientras la edad mínima para la jubilación es de 65 años y hasta de 67 años en algunos países europeos, la mayoría de los brasileños cuelga las botas antes de los 60: los hombres de media a los 55 años y las mujeres a los 52”, defiende este economista.

El Gobierno de Temer también quiere reformar la ley que rige las relaciones laborales y regular la tercerización del trabajo. El ministro de Trabajo, Ronaldo Nogueira, ha explicado que la nueva ley no mermará “los derechos básicos” de los trabajadores. Sin embargo, el pasado mes de julio el presidente de la Confederación Nacional de la Industria, Robson Braga de Andrade, citó como ejemplo el caso de Francia y aseguró que en este país está permitido trabajar hasta 80 horas por semana. Sus declaraciones causaron una enorme polémica en el país y también una avalancha de críticas por su equivocación: en Francia, donde se trabaja 36 horas semanales, se puede ampliar esta carga hasta las 60 horas, pero nunca hasta las 80.

El equipo de Temer también ha sugerido aumentar el periodo de servicio de los militares de 30 a 35 años, y endurecer las condiciones para los ancianos y los discapacitados que reciben subsidios. Además, el presidente interino estudia reducir las ayudas que reciben los trabajadores de baja por enfermedad e intensificar los controles para evitar irregularidades.

Miembros de un sindicato se enfrentan a la policía ante el Congreso Nacional, en Brasilia (Reuters).Miembros de un sindicato se enfrentan a la policía ante el Congreso Nacional, en Brasilia (Reuters).

“El Gobierno de Temer representa una respuesta conservadora a lo que ha sido hecho en Brasil en las últimas décadas. Él sirve a las fuerzas que lo colocaron en el poder: básicamente el capital internacional, el capital industrial y las élites locales. Lo que propone es un conjunto de reformas radicales muy duras para la realidad brasileña a la que estamos acostumbrados”, señala a El Confidencial Pedro Rossi, profesor del Instituto de Economía de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp).

Para este economista, Brasil está sin dudas ante la conclusión de un ciclo. “Lo que estamos viendo hoy es el fin de la lucha de clase y del conflicto sobre la distribución de la riqueza. Por supuesto, habrá que esperar y ver si estas reformas son aprobadas en el Congreso y si va a haber una reacción popular, algo que con toda seguridad acontecerá”, advierte. Para Rossi, las reformas que propone Temer no contribuirán a mejorar la maltrecha economía brasileña.

“Se está proponiendo un plan de austeridad, algo que no funciona para mejorar la competitividad de la economía y recuperar el crecimiento. Esto nunca ha funcionado en ningún lugar del mundo, ni va a tener éxito en Brasil. Solo va a beneficiar a ciertos intereses de clase. Ganarán los que no quieren financiar los servicios sociales con los impuestos y las empresas privadas que quieren apropiarse del lucro de actividades que están en manos del Estado, como la educación pública y la sanidad. Vale la pena recordad que la campaña electoral de Ricardo Barros, el Ministro de Sanidad escogido por Temer, fue financiada por los seguros médicos privados. Por lo tanto, él sirve directamente a estos intereses”, asegura Rossi.

Fuente: ElConfidencial.com