Tsipras recicla a los mismos 'cerebros' que llevaron a Grecia al tercer rescate

La nueva legislatura empieza con un toque de ironía. Habían pasado apenas unas horas desde que Alexis Tsipras fue reelegido cuando una enorme tormenta se ...
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La nueva legislatura empieza con un toque de ironía. Habían pasado apenas unas horas desde que Alexis Tsipras fue reelegido cuando una enorme tormenta se descató sobre Atenas. Nada más ganar Syriza las elecciones con un mensaje de esperanza y de ‘victoria del pueblo’, un otoño anticipado entraba en tromba en Grecia con una lluvia de proporciones tropicales. Una coincidencia que se celebró en las redes sociales con chascarrillos de ‘fin del mundo’ y demás. Pero no ha sido las lluvias torrenciales las que han oscurecido la victoria de la izquierda, sino la alta abstención, que deslució, en general, estos comicios. En un país en el que es obligatorio votar -aunque las sanciones por no hacerlo no se aplican nunca- y donde, por tanto, no se registran altos índices de abstención, un 45,5% de los griegos se quedaron en casa.

Esto significa que en términos globales solamente un 19,5% de los electores, sumados al 3,69% de Griegos Independientes, han votado por este nuevo gobierno de Syriza; lo que significa unos dos millones de sufragios en un país de once millones de habitantes. Es decir, muy pocos fieles comparados con el número de griegos que se verán afectados por las futuras medidas de austeridad: cabe esperar que vuelvan las manifestaciones a las calles. Hasta que esto suceda, Tsipras ha prometido que la austeridad será ‘suave’. Muchos griegos, en consecuencia, esperan los primeros pasos de su Ejecutivo con escepticismo.

Los fieles de Syriza, entre la alegría y la prudencia

Sólo los militantes y simpatizantes de Syriza parecen compartir una euforia, eso sí, más contenida que la de enero. Aún así se sienten reforzados en sus razones de voto cuando tantos y tantos han empezado a abandonar el barco de la izquierda radical. “Estamos contentos, nos sentimos resarcidos. Ha sido un periodo muy difícil, este periodo preelectoral, la campaña. Queremos que Grecia finalmente se vuelva a poner de pie”, explica a El Confidencial Nikos, que no oculta su alivio por el resultado del domingo. 

Tanto él como su novia, Sofía, comentan el veredicto de las urnas en la terraza de un bar cuando la lluvia da una tregua. Ella se muestra más prudente: “Obviamente tenemos un tercer memorándum, y eso va a ser un problema, porque no encaja demasiado en nuestros ideales. Estoy segura de que precisamente por eso Tsipras lo aplicará mejor [con menos dureza], al menos de manera más limpia que cualquiera de las alternativas de derecha. Desde luego más que Nueva Democracia o Amanecer Dorado”.

El domingo por la noche, en la sede de Syriza, los votantes mostraban su alegría, bailando y agitando sus banderas al ritmo de la victoria. En los días posteriores ya se ha instalado la prudencia. Syriza ha conseguido en un solo golpe ganar los comicios y deshacerse del ala radical del partido. Con las manos desatadas, a Tsipras le toca ahora actuar casi en solitario. Y muchos no ocultan su preocupación de que ésta sea precisamente por eso una legislatura complicada para el Gobierno, que cuenta con una mayoría ajustada y esta solo ante la opinión pública. No obstante, tiene la ventaja de una oposición batida en retirada. Nueva Democracia, los conservadores, celebrarán elecciones en los próximos meses para sustituir a Evánguelos Meimarakis y estarán un tiempo sin capacidad de réplica.

“Estamos felices, porque nos deshacemos del pasado de este país”, cuenta Nikos, alrededor de la treintena y también votante de Syriza. “Nuestro objetivo es limpiar los poderes que endeudaron a nuestro país y lo metieron en este pantano”.

Una mujer griega en un colegio electoral en Atenas durante las elecciones del domingo 20 de septiembre (Reuters).Una mujer griega en un colegio electoral en Atenas durante las elecciones del domingo 20 de septiembre (Reuters).

Los votantes que desconfían de Tsipras

Ya no es tan complicado como en enero encontrar alguien que hable abiertamente contra Syriza. Eleni, habitante de un barrio céntrico de Atenas, es una de ellas. “Parece que todavía vivimos en un cuento de hadas”, asegura. “Y no debería pasar, pero ¿qué alternativa tenemos?”, dice preocupada. Ninguno de los partidos que podrían ser esa alternativa, como Nueva Democracia o Pasok, le resultan “serios”. Unos pasos más allá, Panos se muestra “contento” porque Tsipras haya ganado, pero asegura que “debe trabajar” para sacar al país adelante. “Tiene que arreglar el país, hacer reformas y ayudar a los que lo están pasando mal”, concluye. 

No es de la misma opinión Kostas, votante de uno de los partidos antiausteridad: “Soy muy pesimista, me apena el resultado. Ya sabemos que nos espera un tercer memorándum. Uno como el primero o el segundo. No hay nada bueno en el futuro de los griegos”. Aunque reconoce que candidaturas como Unidad Popular no lo ha hecho bien: “Todo buenas intenciones, pero ha faltado transmitir mejor a la gente el mensaje de que el memorándum nos condena… De todas formas”, apostilla, “cada uno sabe lo que ha votado”.

Tsipras saluda a votantes de Syriza durante la celebración de los resultados en las elecciones (Reuters).Tsipras saluda a votantes de Syriza durante la celebración de los resultados en las elecciones (Reuters).

Mismo equipo económico en el nuevo Gobierno

El Ejecutivo heleno contará con los mismos cerebros que llevaron a Grecia al tercer rescate. El ministro de Economía volverá a ser Giorgos Stathakis, uno de los artífices de las negociaciones; el de Finanzas también repite, Euclides Tsakalotos, quien a pesar de las dudas durante la campaña ha prometido su cargo. Pocos cambios en niveles inferiores, que serán ocupados por miembros del equipo económico del anterior Gobierno o de los negociadores con la troika. Por tanto, savia de Syriza para la gestión del tercer memorándum.

Otro de los puntos importantes, dada la crisis de refugiados que vive Grecia como puerta de Europa, es el cargo de ministro de Inmigración. Yiannis Mouzalas, que tomó la responsabilidad en el Gobierno provisional, ha sido premiado con este puesto. Muchos aseguran que la gestión del Ejecutivo provisional fue mejor que la de Syriza. Griegos Independientes, nacionalista y antiinmigración, volverá a colocar a su líder, Panos Kammenos, como ministro de Defensa, un puesto clave en este asunto. Además de a Dimitri Kammenos, un conspiranoico de mayor nivel que su jefe (defiende que el 11-S fue obra de la CIA) y que ahora se hará cargo del área de Infraestructuras.

Fuente: ElConfidencial.com