Tsipras se enroca con un referéndum que puede fracturar a Syriza

Alexis Tsipras se ha jugado el todo por el todo con el referéndum. Al haber asegurado que dimitirá si gana el ‘sí’, porque se vería obligado a implementar ...

Alexis Tsipras se ha jugado el todo por el todo con el referéndum. Al haber asegurado que dimitirá si gana el ‘sí’, porque se vería obligado a implementar austeridad, el premier griego ha puesto su crédito político en manos de un pueblo que deberá creer que, como asegura el líder de Syriza, la consulta no trata de la permanencia en el euro, sino del fin de los recortes. Sin embargo, cada vez más voces dentro de su propio partido llaman a un acuerdo y suenan más fuerte las que le exigen que permanezca firme. Cualquiera que sea el resultado de la consulta, el primer ministro se arriesga a romper su Gobierno y a fracturar a la formación.

Línea dura frente a línea moderada

Kostas Lapavitsas es un diputado aguerrido, conocido principalmente por ser el miembro de Syriza con más proyección internacional entre los partidarios de volver al dracma. Cuando el lunes se implantó el temido corralito en el país, la limitación de retirar 60 euros al día no le parecía grave en absoluto. “Los griegos se acostumbrarán al control de capitales”, declaraba. Profesor durante mucho tiempo en Londres, es columnista de diarios progresistas de Gran Bretaña, donde en las últimas semanas ha denunciado que la UE conspira a través de los mecanismos de que dispone para “tumbar al Gobierno elegido democráticamente” en Grecia.

Como partidario de la línea más dura -el propio Yanis Varufakis le acusó “de hacer carrera” con su defensa de la vuelta a la moneda nacional- ni las carreras de sus conciudadanos para sacar los ahorros antes del corralito, las colas ante los cajeros ya con las limitaciones vigentes o las de jubilados esperando a cobrar 120 euros de su pensión el miércoles le desvían de su objetivo: el ‘no’ en el referéndum del domingo. Es la ideología sostenida por la llamada Plataforma de Izquierda, que cuenta con una treintena de diputados y varios ministros que no temen a los “chantajes” de los acreedores. Estos miembros de Syriza, en muchos casos procedentes del Partido Comunista, se han ido radicalizando conforme avanzaban -o se estancaban- las negociaciones con la ‘troika’. Conforman el grupo de presión más relevante en la decisión del primer ministro Alexis Tsipras de convocar y mantener el referéndum del 5 de julio y en que el Ejecutivo pida un ‘no’ rotundo.

La teoría conspiratoria de Lapavitsas es compartida, por ejemplo, por el eurodiputado Dimitris Papadimoulis, que publicaba hoy en las redes sociales que Merkel y Schäuble quieren que el Gobierno de Tsipras caiga. Y en quitarle importancia al corralito coincide el ministro de Energía, Panagiotis Lafazanis, quien asegura que Grecia tiene sus “propios recursos” y que hay “un plan B”. “Aunque no pido ayuda, una mano de alguien, como por ejemplo de Rusia, no nos vendría mal”, declaraba a la prensa internacional.

Un griego pasa ante una pintada en la capital, Atenas (Reuters).Un griego pasa ante una pintada en la capital, Atenas (Reuters).

La Plataforma de Izquierda, ahora que ve cumplida una de sus demandas -someter el acuerdo a referéndum-, no quiere dar un paso atrás. Su tótem sagrado está formado por los objetivos del programa de Salónica, en los que no se debe ceder un ápice: impago de la deuda considerada ilegítima, fin de cualquier tipo de recortes, renacionalizaciones…

El líder del Gobierno intenta contemporizar calificando la consulta de “refuerzo de la posición negociadora”, como si la consulta ayudase a doblegar a los acreedores, pero los más moderados en Syriza están inquietos y temen que no haya vuelta atrás. 

El propio Tsipras ejerce de puente entre las tendencias, aunque ideológicamente es más cercano a los postulados de Varufakis, Tsakalotos o Dragasakis, su mano derecha y vicepresidente del Gobierno. Estos también están en contra de la austeridad, pero no a costa del euro y temen a los movimientos irreversibles. Dragasakis, por ejemplo, reconoció en la televisión el martes que había instado al líder del país a aceptar la oferta de la troika. Algo que no hizo sino aumentar los rumores de que el acuerdo estaba cerca y mostraba el nerviosismo de este grupo.

La tensión entre las dos partes puede acabar haciendo un roto por cualquier punto del partido. Y si el resultado del referéndum no es el esperado, la revolución interna es predecible.

Manifestantes proeuropeos durante la marcha celebrada este martes en Atenas (Reuters). Manifestantes proeuropeos durante la marcha celebrada este martes en Atenas (Reuters).

¿Es posible que gane el sí?

El viernes, la propuesta de los acreedores seguía siendo inaceptable para Tsipras, que terminó convocando un referéndum. El sábado y el domingo llegó la incertidumbre ante la acción del BCE y el lunes el corralito. El propio lunes y el martes se celebraron dos manifestaciones sucesivas -por el ‘no’ y por el ‘sí’- de similar asistencia.

Grecia está sin duda dividida, aunque las últimas encuestas le den ventaja al ‘sí’. Es el caso de la realizada por GPO este martes: cerca de un 45% de los griegos votará o tenderá a votar por esta opción, mientras el 39% lo haría por el ‘no’. Si a esta misma muestra se le pregunta por la permanencia en la eurozona, un 60% contra un 20% prefiere quedarse en la moneda única.

De cara al domingo todo depende de qué narrativa se imponga. Si la gubernamental de un ‘sí’ o ‘no’ a la austeridad -los griegos están hartos de los recortes- o la de un ‘sí’ o ‘no’ al euro que plantea la oposición. El referéndum, no obstante, ya ha sufrido su primer borrón serio de legitimidad: el Consejo de Europa ha dicho que no cumple con los estándares de la organización al haber sido convocado con tan poco tiempo.

Votantes de Syriza se plantean votar sí porque entienden que el referéndum es sobre la permanencia en la eurozona

Algunos votantes de Syriza consultados por este periódico se plantean incluso votar ‘sí’ porque entienden que el referéndum es sobre la permanencia en la eurozona. El ‘no’, de todas formas, sigue teniendo la mayor parte de los apoyos entre los votantes del partido de izquierda radical.

El destino de Syriza está ligado al destino de Tsipras. Para el primer ministro, cualquier escenario que implique aceptar los planes de los acreedores en los términos planteados hasta ahora es una derrota. Muchos, además, podrían verlo como una traición. Y si son su carisma y su mano izquierda los que han conseguido, hasta ahora y a pesar de las discrepancias, mantener al partido unido, una pérdida de legitimidad podría dejar huérfana de liderazgo a la formación y abrirla a la disputa fratricida. Tsipras camina en terreno minado. No quiere ser un nuevo Papandréu.

Fuente: ElConfidencial.com

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