Tsipras vira hacia el centro tras destrozar la unidad de la izquierda griega

Enero fue el gran momento de la izquierda radical en Grecia; se podría decir que supuso su primer gran triunfo en Europa. Una unión de lo que una vez ...

Enero fue el gran momento de la izquierda radical en Grecia; se podría decir que supuso su primer gran triunfo en Europa. Una unión de lo que una vez fueron pequeños partidos bajo la mano de Alexis Tsipras conseguía la victoria a nivel nacional en país un desarrollado, aunque irreconocible por la crisis. Syriza había pasado de coalición a partido unificado en pos de un objetivo mayor: el fin de la austeridad y el impago último de la deuda. Un programa de máximos (bautizado “de Salónica”, y del que apenas se ha llegado a aplicar una pequeña parte) con el que el ex primer ministro desbancaba a la derecha de su sillón.

De aquella unidad para salvar a Grecia nada queda. Las discrepancias internas en Syriza -que siempre existieron- se han exacerbado con la firma del tercer rescate hasta crear, por el momento, una escisión (el recién formado Unidad Popular) y un debilitamiento en su apoyo electoral que le hace vulnerable a los ataques externos de sus rivales políticos y de los medios de comunicación.

El nuevo partido por la ruptura con el euro

Panagiotis Lafazanis fue, desde su puesto de ministro de Energía, el líder de los disidentes de Syriza, el líder del ‘no pasarán’. Conforme las negociaciones permanecían en el tira y afloja de los primeros meses, fue el más beligerante con Bruselas, llegando a proponer una alianza estratégica con Rusia que nunca se concretó porque Putin solo estaba más interesado en ‘pinchar’ a Europa como respuesta a las sanciones. Él fue el cabecilla de los 25 diputados de Syriza que, tras la ominosa noche de la votación del tercer memorándum, decidieron crear un grupo parlamentario propio para tratar -en vano- de formar Gobierno tras la dimisión de Tsipras.

El astuto Lafazanis sabe a buen seguro que 25 diputados es una representación que sus ideas no alcanzarán en las elecciones del 20 de septiembre y quiso aprovechar la oportunidad antes de crear su propio partido, que finalmente se bautizó Unidad Popular (UP), en clara referencia a la fuerza del político chileno Salvador Allende. UP viene a ser una nueva cristalización de las ideas iniciales de Syriza. Su propuesta estrella es, como no, la salida del euro y la búsqueda de “estrategias y alianzas” fuera de la Unión Europea, en palabras de su líder. Lafazanis asegura que la amenaza de que Grecia entraría en un estado de ‘caos’ en caso de salir del euro es una exageración que se utiliza para “propagar el miedo”, e insiste en que “otros países” han prosperado fuera de la zona euro.

Eso sí, Lafazanis se guarda siempre de nombrar naciones con las que se aliaría o ejemplos de las que hayan crecido fuera de la UE. Unidad Popular denuncia el “giro de 180 grados” de Syriza y asegura que Grecia debe abandonar el estado de “experimento sociológico” en la que los acreedores la han convertido. UP se presenta como la salvaguarda de los valores perdidos de Syriza, y quizá lo sea, pero su apoyo popular está lejos del conseguido por Tsipras. Si nos ceñimos a los datos de las encuestas podría lograr alrededor de un 6% de los votos en el mejor de los casos y poco más del mínimo del 3% en el peor; es decir, muchos menos de los que su exposición pública indica. Desde UP no pierden la esperanza: en los sondeos publicados por los medios de comunicación del partido aparecen como tercera formación tras Syriza y Nueva Democracia (ND, conservadores).

Manifestantes en una protesta contra la austeridad en Tesalónica (Reuters).Manifestantes en una protesta contra la austeridad en Tesalónica (Reuters).

Varufakis y Konstantopulu, en el banquillo

Tan artífices o incluso más que Lafazanis de la ‘ruptura’ con Syriza, el exministro de Finanzas Yanis Varufakis y la expresidenta del Parlamento Zoí Konstantopulu, han decidido, de momento, apartarse de la carrera electoral. Soprendente en el caso de esta segunda, ya que parecía cercana a los postulados de Unidad Popular. Parece ser que quiere construir un liderazgo a largo plazo y en solitario, algo que encaja bastante más con su personalidad política.

Konstantopulu no ha tenido tiempo de formar una fuerza que concurra a las elecciones, y ha prefereido colocarse como apoyo circunstancial a Unidad Popular, pero de perfil: “Seré un aliado como independiente, como colaboradora del partido que constituye el primer refugio contra la tormenta que se ha desatado tras la convocatoria de las elecciones”, ha asegurado. Lo cierto es que, a pesar de su ascenso meteórico en la izquierda (la auditoría de la deuda ‘ilegítima’ salió adelante gracias a ella), una mayoría de los griegos (alrededor del 55%, según un reciente estudio) tienen una imagen negativa de su figura. Sus prácticas autoritarias y poco ecuánimes como presidenta del Parlamento han sido criticadas desde sus antiguas filas en Syriza y desde toda la oposición.

“No tomaré parte en estas tristes elecciones”, anunció por su parte el aún popular Yanis Varufakis. Está dispuesto a llevar su imagen de razonable incomprendido por todo el continente, sabedor de que su carisma todavía funciona en lugares como el Partido Socialista francés, donde recientemente fue invitado a departir con sus líderes. El ya economista raso buscará la formación de una “red europea” en lugar de la formación de un partido a nivel nacional. “Será algo que se cocerá a fuego lento”, ha asegurado, “algo que eche raíces en el continente”. Aunque no hay que inquietarse: hasta que articule su movimiento sus fans y detractores acérrimos podrán seguir ‘disfrutando’ de su lengua afilada. La última entrada en su blog, del dos de septiembre, comienza así: “Como Macbeth, los políticos tienden a cometer nuevos pecado para cubrir sus antiguas faltas”. Puro Yanis Varufakis.

Varufakis junto a Konstantopulu durante el debate sobre el tercer rescate (Efe).Varufakis junto a Konstantopulu durante el debate sobre el tercer rescate (Efe).

Syriza: un nuevo Pasok

Pedir la suspensión la subida del IVA al 23% para las tasas en la educación privada: ese es un ejemplo de la nueva Syriza. El partido antes izquierdista continúa con su lucha por el centro y la clase media de cara a unos comicios que le arrojan a una lucha cuerpo a cuerpo con Nueva Democracia. Ambos tienen poco más del 20% de intención de voto según los sondeos, y pueden ganar por un puñado de apoyos.

Para los de Tsipras ya no queda más aura de salvapatrias y sí una entrada por la puerta grande en la arena de las promesas electorales, con todo lo que eso conlleva. “Un Gobierno de Syriza implementará los compromisos, pero está determinando a reducir al mínimo los efectos negativos, a la vez que seguirá negociando duro todas las partes del acuerdo que todavía están abiertas”, dice el nuevo programa electoral aprobado el pasado martes. El texto es respetuoso con los acuerdos, por tanto, matizando que hay aspectos que se deben perfilar, como la reforma laboral y del sistema de pensiones, temas fiscales, la explotación de bienes públicos y la renegociación de la deuda, temas en los que los acreedores no han impuesto -todavía- sus condiciones.

Tsipras espera especialmente ganar la batalla de los créditos morosos: que los fondos privados no se puedan hacer con la cartera de estos préstamos poseídos por los bancos, muchos de ellos hipotecas, lo que seguramente desembocaría en desahucios masivos. Y si las promesas no funcionan, Syriza está dispuesta a repetir en el Gobierno utilizando todas las armas a su alcance, incluido el carisma de su líder. Tsipras ha aceptado dos debates con la oposición. El primero, el día 10 con la mayoría de las fuerzas políticas y el 14, ‘mano a mano’ con el candidato de ND, Evángelos Meimarakis.

Fuente: ElConfidencial.com