Turquía inicia las deportaciones a “zonas de guerra” tras el acuerdo con la UE

28.03.2016 – 05:00 H. “Estoy muy asustado, no sé qué va a ser de mí… Sólo quería entrar en Europa y ahora nos están enviando de vuelta a Kabul… Tengo mucho ...

28.03.201605:00 H.

“Estoy muy asustado, no sé qué va a ser de mí… Sólo quería entrar en Europa y ahora nos están enviando de vuelta a Kabul… Tengo mucho miedo”. Husein R. llama por teléfono a El Confidencial desde el interior de un avión en el aeropuerto de Ankara. Depués de varios días detenido por las autoridades turcas, el joven afgano está siendo deportado a Afganistán. Hace horas que espera, bajo custodia, junto a otros hombres de su misma nacionalidad. Husein entró de manera ilegal en Turquía hace sólo quince días, tras colarse entre las montañas de Irán, para emprender la ruta migratoria hacia Europa.

“Los guardacostas turcos nos detuvieron frente a la costa de Izmir”, explica Husein con la voz entrecortada. Dice que viajaba en bote “con otros 37 afganos” hasta que fueron arrestados y enviados a un centro de detención de refugiados. “Nos llevaron a un campamento y después a una celda donde estuvimos encerrados durante cinco días”, explica. Fue en el centro de detención, cercano a la ciudad costera, donde las autoridades le obligaron “a firmar un documento de deportación”. Husein no comprendió los detalles del escrito hasta que otro compañero lo tradujo. “Me dijo que eran papeles para asumir voluntariamente la devolución”.

Hussein R. llama a El Confidencial desde el avión en el que se deportaba a su grupo a AfganistánHussein R. llama a El Confidencial desde el avión en el que se deportaba a su grupo a Afganistán

Husein describe el lugar como “una prisión” en la que había “unos 150 refugiados”, revela. Aunque niega haber sido torturado, califica el trato de las autoridades como “tortura psicológica”. Le tiembla la voz mientras entra en detalles: sabe que volver a Afganistán supone poner su vida en peligro. El joven pertence a la etnia hazara, perseguida desde hace años por los talibanes. Dice que ningún oficial les nombró la deportación sino que simplemente les forzaron a firmar los papeles. Incluso asegura que modificaron sus datos personales. “Tengo 17 años, pero en el papel de deportación, me obligaron a firmar que tenía 38”.

“Ni siquiera se había secado la tinta del acuerdo UE-Turquía cuando varias decenas de personas afganas fueron devueltas a un país donde su vida podría estar en peligro. Este recentísimo episodio pone de relieve el riesgo de devolver a solicitantes de asilo a Turquía y las repercusiones que tendrá probablemente el acuerdo para las personas refugiadas en tránsito en Turquía”, declaró John Dalhuisen, director para Europa y Asia Central de Amnistía Internacional, al referirse a esta deportación que tuvo lugar la pasada madrugada del sábado. Además, según fuentes dentro de la zona de detención del aeropuerto de Atatürk (Estambul), hace al menos un mes que varias familias afganas y paquistaníes están encerradas en una de las salas.

Centros de detención y malos tratos

 “La Unión Europea está en peligro de ser cómplice de una seria violación de los derechos humanos contra los refugiados y los solicitantes de asilo”, afirmó Amnistía Internacional el pasado mes de diciembre cuando hizo público su informe “El Guarda de Europa” (“Europe’s Gatekeeper”). En él, denunció las detenciones de los refugiados por las autoridades turcas así como las deportaciones forzosas a “zonas de guerra”. “La presión de refugiados y solicitantes de asilo para que vuelvan a países como Siria o Irak no sólo es inmoral, sino que rompe la ley internacional”, declaró John Dalhuisen.

Uno de los vuelos de deportación, lleno de afganosUno de los vuelos de deportación, lleno de afganos

El documento publica testimonios y otro tipo de pruebas sobre los “centros aislados de detención”, en el centro de la península de Anatolia así como en Edirne o Mugla, adonde son enviados los refugiados arrestados en el Mediterráneo. Concretamente, la publicación muestra fotografías del Campamento Düziçi en Osmaniye, así como declaraciones que nombran el Centro Erzurum. Algunos de los casos describen personas encadenadas de pies y manos e incluso palizas de los agentes. “Nuestra queja es que están obligando a solicitantes de asilo a volver (a países en guerra), y que son encerrados en muy malas condiciones”, afirma a El Confidencial Bahadir Gültekin, encargado de prensa de AI Turquía.

Esta organización denuncia que los centros están siendo financiados por la UE con material como camas, toallas y armarios. “Instrumento para el Programa de Preacceso: UE contribuye con el 85%, Contribución Nacional, 15%”, puede leerse en algunas etiquetas. De hecho, Europa va a ampliar su financiación a los centros de refugiados en Turquía. El borrador del Plan de Acción del 6 de octubre de 2015, apuntaba que “se dará prioridad a la apertura de seis centros de recepción de refugiados construídos con cofinanciación de la UE”. Según AI, una delegación turca les confirmó que esos centros iban a ser de detención. “Bajo estas etiquetas (de la UE) hemos sido torturados”, declaró un refugiado sirio a esta organización.

Los ‘refugiados invisibles’ de Afganistán

“No puedo hablar por teléfono”, recuerda Hasan Reza, uno de los colaboradores del Grupo Coordinador de Refugiados Afganos en Turquía, que ofrece asesoramiento legal y traducción. “(Nuestra organización) no es legal…”, recuerda. Los afganos son uno de los colectivos con menos protección en el país, su estatus es incluso peor que el de otros solicitantes de asilo. En Turquía sólo se aplica la categoría de ‘refugiado’ a los ciudadanos europeos, debido a una cláusula especial añadida en el momento de la firma de la Convención Internacional sobre Refugiados. Los afganos son denominados los ‘refugiados invisibles’, están obligados a vivir en el olvido. Es, quizá, la población refugiada más longeva de la región. Han estado huyendo de una guerra desde la invasión soviética de Afganistán en 1979.

Un niño afgano se aferra a la verja de un campo del ACNUR en Lesbos, Grecia, en octubre de 2015 (Reuters)Un niño afgano se aferra a la verja de un campo del ACNUR en Lesbos, Grecia, en octubre de 2015 (Reuters)

Ali Hekmat, el coordinador del grupo, estima que hay entre “7.000 y 10.000 afganos en Turquía”. “La base de datos de UNHCR (La Agencia de Refugiados de Naciones Unidas) de los últimos años muestra un total de 97.000 solicitudes de asilo”, indica, “pero la mayoría de ellos huyeron durante el año pasado a Europa”. A diferencia de otras nacionalidades, como los sirios o los iraquíes, los afganos no pueden escoger su ciudad de residencia. Tras el registro previo en UNHCR, o en la organización asociada ASAM, son destinados a una de 62 ciudades del país, “normalmente en el este de Turquía o en el centro de Anatolia”, confirma Hekmat. Una vez ahí, están obligados a visitar las oficinas de inmigración dos veces por semana. Si no acuden al control rutinario, reciben una orden de deportación.

A pesar de que tienen acceso a sanidad primaria y a educación, los afganos de Turquía viven en condiciones miserables. “Todos desempeñan trabajos ilegales (no tienen acceso al permiso de trabajo), con salarios muy bajos y jornadas interminables”, explica Hekmat. La mayoría de ellos están “atrapados” mientras ahorran dinero para viajar de manera ilegal a la Unión Europea. Así lo explicó a este diario Mustafa Qanbari, un jóven de 22 años que comenzó trabajando 12 horas diarias como camarero en Estambul, sin ningún día libre a la semana, por 600 liras turcas (200 euros) al mes. Además, cada dos semanas debe “fichar” en la ciudad de Yalova (cerca de Estambul), su destino de residencia. Debido a su intenso trabajo, no ha tenido tiempo de acudir a las últimas tres citas y tiene que afrontar una multa de 400 liras turcas o será deporado, también, de vuelta a Afganistán.

Fuente: ElConfidencial.com