¿Un Castro en la Casa Blanca?

A Julián Castro parece que cada día le encontraran un sobrenombre nuevo. Hace ya un tiempo fue bautizado en Estados Unidos como el “Obama Hispano”. ...

A Julián Castro parece que cada día le encontraran un sobrenombre nuevo. Hace ya un tiempo fue bautizado en Estados Unidos como el “Obama Hispano”. Tampoco han dudado en definirlo como “una estrella en ascenso”, y la revista del diario The New York Times lo calificó de “político hispano post-hispano”. Ahora, la conjetura política del momento en EEUU es si todo ello le bastará para buscar un nuevo cargo: vicepresidente.

Figura prometedora como pocas dentro del Partido Demócrata, Castro es el centro de una hipótesis que ha arreciado con fuerza en las últimas semanas en la política nacional de Estados Unidos: si, llegado el momento, Hillary Clinton lo elegirá como compañero de fórmula.

Conocedor del manual del sector, Castro recibe con una sonrisa las especulaciones sobre su futuro y elude cualquier respuesta concreta. “No estoy conteniendo la respiración por eso”, afirmó el exalcalde de San Antonio (Texas) y actual Secretario de Vivienda del Gobierno de Barack Obama cuando El Confidencial le preguntó días atrás qué pensaba de estos rumores.

Recientemente, Castro pasó por Nueva York para participar en el Ideas City, un encuentro de tres días para deliberar sobre el futuro de las ciudades; y se convirtió en la estrella de lujo del evento. Lo presentó Melissa Mark Viverito, Presidenta del Consejo Deliberante de la urbe, otra política hispana en ascenso, quien, después de los discursos, en una improvisada conferencia de prensa, no dudó en decir ante los periodistas que le encantaría ver a un latino en los puestos más altos de Washington. Quieto a su lado, Castro se limitó a sonreír.

¿Se quedará la figura emergente en Washington cuando Obama se vaya? “Tengo que tomar una decisión sobre el futuro. Quién sabe… Depende de si mi esposa quiere quedarse ahí o no”, bromeó el político.

Al presentarlo ante el público reunido en el auditorio Cooper Union, Viverito definió a Castro como una “estrella en ascenso” en la escena política nacional y afirmó que era un “líder del Siglo XXI”. En ese mismo lugar, repasó, habían ofrecido famosos discursos otros líderes, como los presidentes Abraham Lincoln y el propio Obama. “Quién sabe, a lo mejor el Secretario Castro reciba un ascenso en el futuro”, bromeó.

Castro saluda a la audiencia durante la Convención Nacional Demócrata en Carolina del Norte, en septiembre de 2012 (Reuters). Castro saluda a la audiencia durante la Convención Nacional Demócrata en Carolina del Norte, en septiembre de 2012 (Reuters).

Los atributos de un ‘vicepresidenciable’

En su discurso, Castro se concentró en sus objetivos al frente de la Secretaría de Vivienda, pero no dejó pasar la oportunidad para dejar definiciones más propias de un político en campaña que de un funcionario público. “Es hora de que nosotros pongamos las oportunidades al alcance de todos los estadounidenses, incluidos los pobres invisibles”, afirmó. Unos minutos después, volvió a insistir en la necesidad de promover la inclusión social y la lucha contra la desigualdad, dos temas que han quedado en el centro del debate político de cara a las elecciones presidenciales: “Juntos -dijo- podemos moldear un futuro donde nadie quede rezagado y todos puedan avanzar”.

Dotado de un carisma arrollador, al que muchos comparan con el de Obama, Castro reúne varios atributos que lo convierten en un vicepresidenciable. Es joven (40 años), con lo cual puede aportar un contrapeso a Hillary Clinton, y puede aportar mucha atracción con el electorado latino, clave en las elecciones presidenciales. Ambos atributos cobrarían otro valor si, en el bando enemigo, el senador Marco Rubio logra quedarse con la candidatura de los republicanos, uno de los escenarios al que más temen los Clinton.

Su principal desventaja es su falta de experiencia en la política nacional, puesto que forjó la mayor parte de su carrera como Alcalde de San Antonio. Pero otro político que ascendió a lo más alto de la política nacional también tenía poca experiencia cuando logró el milagro: Barack Obama. Castro, como Obama, estudió en Harvard. Y Castro, como Obama, saltó al estrellato con un discurso en una convención presidencial. Justamente, la que marcó el camino hacia la reelección de Obama, en 2012.

Obama habla del mercado inmobiliario junto a Castro en Arizona (Reuters).Obama habla del mercado inmobiliario junto a Castro en Arizona (Reuters).

Juan Carlos Hidalgo, analista del Instituto Cato, un centro de estudios libertario de Washington, ofrece otro argumento que le aporta oxígeno a las especulaciones: después de Obama, hay una mayor presión por incluir a las minorías en las fórmulas presidenciales. “Hispano, afroamericano, mujer. Las fórmulas presidenciales de hombres blancos serán cosa del pasado ante la necesidad de los partidos por atraer no sólo el voto femenino y el de las minorías, sino también el de votantes jóvenes que le asignan mucha importancia a qué tan inclusivos aparentan ser los partidos”, explica a El Confidencial

Al hablar de Castro, reconoce su atractivo político y su “verbo privilegiado”, pero también remarca la brevedad de su carrera como funcionario. Castro, subraya, es un candidato que llenaría mejor el “aspecto de imagen que de sustancia”. Pero en política, en ocasiones, la imagen vale más que la sustancia.

Fuente: ElConfidencial.com