Un Maduro en horas bajas instaura el Gobierno más militarista del chavismo

18.08.2016 – 05:00 H. Para tener el verde olivo entre ceja y ceja no es preciso ser militar. El presidente Nicolás Maduro es el ejemplo de cómo un jefe de ...

18.08.201605:00 H.

Para tener el verde olivo entre ceja y ceja no es preciso ser militar. El presidente Nicolás Maduro es el ejemplo de cómo un jefe de Estado formado fuera de los cuarteles puede asimilar la doctrina castrense. Es lo que el dirigente llama “unión cívico-militar”, que en la práctica deja un gobierno, estructura estatal e incluso un lenguaje adornados con galones, caponas y soles. Solo por poner algunas cifras, nueve de los 29 ministerios y 12 de los 24 gobiernos de las entidades federeales (Comunidades Autónomas) tienen a la cabeza a un militar.

En el Ejecutivo, el poder de los militares representa un 31,03% respecto a los civiles en los distintos gabinetes, uno de los porcentajes más altos de los últimos años, cerca del hito del 32,1% que tuvieron en octubre de 2015 y que supuso la cuota más alta de militares en ministerios, un número que ni siquiera se alcanzó con Hugo Chávez -militar de carrera, que llegó al rango de teniente coronel-, en el poder. Pero hay otros que hablan más. Para Rocío San Miguel, presidenta de la ONG Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional, lo importante son los ministerios que estos militares están manejando. “Son los que tienen mayores recursos presupuestarios, algo que ya es un signo distinto del enorme poder que vienen acumulando en todos estos años”.

‘El país se ha ido militarizando por etapas sucesivas. La Administración, las calles, las ciudades, hospitales, el metro… La cotidianidad está militarizada’Similar opinión tiene Luis Alberto Buttó, jefe del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Simón Bolívar y experto en relaciones civiles y militares: “No es tan importante medirlo en términos cuantitativos sino cualitativos. No es el número de sillones que ocupan, sino el tipo de ministerios en el que están. El ministerio de Ecosocialismo no tiene tanto impacto, pero sí el de Defensa, el de Economía o el de Alimentación”. Actualmente, los militares ocupan las carteras de Producción Agrícola y Tierras, Pesca y Acuicultura, Alimentación, Defensa, Energía Eléctrica, Relaciones Interiores, Justicia y Paz, Vivienda y Hábitat, Frontera y Despacho de Presidencia.

Aunque la cara visible es solo la punta del iceberg. Una reciente investigación hecha por el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) y la web de investigación Armando.Info develó que en el Ministerio de Alimentación una élite militar concentró el poder en los últimos tres años. No solo en el más alto cargo, sino en viceministerios, direcciones principales o suplentes de juntas directivas en hasta nueve empresas públicas del Estado. Un total de 36 oficiales superiores del Ejército, de los cuales 12 fueron designados por sus mismos compañeros de promoción. Algunos incluso llegaron a tener cuatro cargos de directivos al mismo tiempo.

La importancia de este ministerio es crucial en un país dependiente de las importaciones y con la producción nacional cada vez más a la baja. Si en 2009 se importaron 537.000 toneladas de alimentos, en 2015 fueron más de 5.244.925. El presupuesto de los tres últimos años del Ministerio de Alimentación fue de 100.000 millones de dólares.

Venezolanos esperan para comprar comida en un supermercado de Caracas, el 15 de agosto de 2016 (Reuters).Venezolanos esperan para comprar comida en un supermercado de Caracas, el 15 de agosto de 2016 (Reuters).

Las gobernaciones también se tiñen de verde. De 24 gobiernos de entidades federales, 12 son llevadas por militares en activo o en retiro. Uno de ellos, Henri Falcón (estado Lara), engrosó las listas del chavismo para después pasar a la oposición. Ahora suena en las quinielas para posibles candidatos presidenciales de la Mesa de la Unidad ante un cada vez más complicado referéndum revocatorio. De esos 12, cinco participaron en mayor o menor grado en el intento del golpe de Estado del 4 de febrero, aquel que llevó a Hugo Chávez por primera vez a los hogares de los venezolanos a través de la televisión. De los nueve ministros militares, dos tomaron parte en la asonada.

El ‘súper ministro’

El Arco Minero del Orinoco es otro de los focos de control bajo el paraguas militar. A principios de año, Maduro declaró que la zona minera -con amplias reservas de oro y coltán, entre otros materiales-, sería una zona militar especial, y que contaría con la protección del ejército. Son 112.000 kilómetros cuadrados, un 12% del territorio nacional, que queda bajo manos militares. También se les dio más poder con la creación en 2013 de las REDI, Regiones Estratégicas de Desarrollo Integral, una suerte de zonas de control, también en su mayoría bajo control militar, que deberían servir para ayudar a la administración del Ejecutivo.

Pero de todos los militares, hay un nombre que destaca por encima de todos. Es el de Vladimir Padrino López, ministro de Defensa. El pasado mes de julio, Maduro creó la Gran Misión Abastecimiento Soberano y Seguro, un nombre bajo el que se crea un paraguas de más control en la importación, producción y distribución de alimentos y medicinas en manos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). Al mando, este hombre que juró lealtad a Chávez en abril de 2002, cuando en pleno golpe de Estado contra el Comandante, lideró uno de los comandos a su favor. “La reciente designación de Padrino lo coloca en un enorme poder similar al que un gran director en un conflicto armando puede tener. Tiene funciones casi extra constitucionales, porque no están en la estructural legal del Estado. Puede ocupar, decomisar, bypasear procesos de licitaciones”, dice San Miguel.

‘Implica en la práctica la subordinación de lo civil a lo militar. Podría haber sido cualquier otro (militar) el que ocupara ese cargo, porque lo que significa esa designación es una identificación del alto mando militar con el proyecto bolivariano, revolucionario’, remarca ButtóEl nacimiento de este ‘super ministro’ “implica en la práctica la subordinación de lo civil a lo militar”, remarca Buttó. “Podría haber sido cualquier otro (militar) el que ocupara ese cargo, porque lo que significa esa designación es una identificación del alto mando militar con el proyecto bolivariano, revolucionario. Más que Padrino, es la identificación con un proyecto político y de acumulación y desarrollo”.

Coincide esta designación con uno de los momentos de popularidad más bajos de Nicolás Maduro, ahora que las encuestas le dan un porcentaje de entre 11’6 y 21,2% de aprobación entre la población, en un panorama donde hay varios futuros posibles, desde la celebración del referéndum revocatorio antes del 9 de enero de 2017 y que lo saque del poder, que él solo se aparte del poder, que se afinque a la silla presidencial o que los militares hagan un “autogolpe”. Todos escenarios que suenan, pero no igual de plausibles.

“Para qué un golpe de Estado si ya controlan el poder. Esa vía es bastante improbable. Ahora, que (Maduro) dé más poder y mayor responsabilidad a los militares tiene que ver con la baja popularidad que tiene, sin duda. Es darle alas a la FANB por su falta de autoridad y su búsqueda desesperadamente de asirse a los símbolos de poder que le siguen”, recalca San Miguel. Pero también es un modelo, una receta que se inscribe en los modales y el proceder de la revolución bolivariana de Chávez, “que él puso en ensayo con su arribo al poder, en muchas formas, y que Maduro ratifica con su sello personal, donde delega más poder ante su propio fracaso”.

Este modelo no distingue si el que está al frente es militar, como Chávez, o no. Incluso en su modo de vestir, Nicolás Maduro trata de emular la disciplina castrense que nunca recibió, con chaquetas de tela gruesa, verde pardo, sobrias, con camiseta blanca sencilla debajo. Guerra económica, batalla, lucha, combate, ofensiva… Son solo algunas de las palabras que se le pueden escuchar al mandatario en cualquier alocución escogida al azar. Igual ocurre con cualquier integrante civil del Gobierno o del mismo partido en el poder, el PSUV. “En el chavismo hay un sector civil que tiene espíritu y mentalidad pretoriana, que cree que el proyecto militar debe llevarse a cabo, que el actor militar lo es de pleno derecho, que debe participar en el control del Estado y del Gobierno. Está convencido de eso. Se plegó al proyecto originario que Chávez empezó con el golpe del 92 y cristalizó en 1998 al llegar al poder”, señala Buttó.

Una niña con una bandera venezolana en San Antonio del Tachira, el 13 de agosto de 2016 (Reuters).Una niña con una bandera venezolana en San Antonio del Tachira, el 13 de agosto de 2016 (Reuters).

La sociedad militarizada

El término “unión cívico-militar” se confronta a lo que, según los chavistas, se dio en la IV República, es decir, el divorcio entre el pueblo y las Fuerzas Armadas. Con la llegada de Chávez al poder y con lo heredado por Nicolás Maduro, se supone que las FANB acompañan al pueblo en los procesos sociales. Para el profesor Buttó, esta unión “es una entelequia, imposible cuando hay una relación desproporcionada entre un sector que tiene el poder del fuego y otro que no lo tiene. Cuando son unos los que tienen la fuerza, acomodan el poder a su entender”.

Lo que no es quimera es la creciente militarización de la sociedad venezolana. Se percibe al pasear por Caracas, ir a un supermercado, al aeropuerto. Incluso puede ser que, comiendo en un restaurante, bailando en pub, de repente irrumpa una pareja de militares, con arma larga en ristre. Para vigilar la zona, para pedir comida para llevar, para pedir “vacuna” (dinero). “El país se ha ido militarizando por etapas sucesivas. La Administración, las calles, las ciudades, hospitales, el metro… La cotidianidad está militarizada”, expresa San Miguel.

Pero, ¿tiene el venezolano al militar como ejemplo? San Miguel y Buttó coinciden en que ese mito cada día está más disuelto. Para la primera, “pudo existir en algún momento, pero creo que eso ya se alejó con el paso de la revolución bolivariana”; el segundo reitera la idea y añade: “Los gobiernos de la democracia fueron más eficaces y eficientes que el gobierno militar de Pérez Jiménez (1952-1958)”.

Aunque no es raro encontrar quien aún dice que es necesario en el país “un militar que ponga orden” -como si no hubiera ya suficientes en el poder- o los nostálgicos eternos que dicen que “con Pérez Jiménez se vivía mejor”, escuchado en boca de personas que recién habían nacido cuando gobernaba el dictador. También hay quienes olvidan asonadas del pasado y aplauden en estos días al militar Clíver Alcalá Cordones, quien participó el el golpe del 4F y en 2012 dijo en un discurso por la celebración de ese día que la FANB era “socialista, antiimperialista y profundamente chavista”, pero que en este año viró y se muestra a favor del referéndum revocatorio. Para tener el verde olivo entre ceja y ceja no es preciso ser militar.

Fuente: ElConfidencial.com