Un millonario para arreglar el paraíso socialdemócrata

Juha Sipilä es el nuevo nombre de moda en Finlandia. Según apuntan todos los sondeos, este millonario, al frente del opositor Partido de Centro y con un ...

Juha Sipilä es el nuevo nombre de moda en Finlandia. Según apuntan todos los sondeos, este millonario, al frente del opositor Partido de Centro y con un pasado más vinculado al mundo de los negocios que al de la política, tiene todas las de ganar en las elecciones generales que se celebran hoy en el país nórdico.

Su exitosa carrera profesional y demostrada habilidad para las finanzas son sus principales credenciales en un país que lleva tres años en recesión y necesita con urgencia un líder que corrija la pérdida de competitividad y devuelva al país a la senda del crecimiento.

Aclamada hasta hace pocos años por su innovadora industria tecnológica, Finlandia ya no es lo que era. Símbolo de su declive son las dificultades que atraviesa Nokia, antaño buque insignia de la excelencia empresarial de este país y que hoy lucha por reinventarse tras perder la batalla contra Apple y Samsung, los nuevos gigantes de la telefonía móvil. Aunque achacar la mala racha económica de todo un país a las desdichas de una única empresa sería exagerado.

Hay quien ha comparado lo que le ocurre a Finlandia con una tormenta perfecta. Al hundimiento del grupo de telecomunicaciones se suma el mal momento que experimenta el importante sector papelero ante el reto de la era digital.

El deterioro de las relaciones entre Bruselas y Moscú y la caída del rublo también han significado un duro golpe para las exportaciones. Rusia no sólo es el tercer socio comercial de las empresas finlandesas, sino que ambos países comparten más de 1.300 kilómetros de frontera.

Filandeses caminan por el centro de Helsinki (Reuters).Filandeses caminan por el centro de Helsinki (Reuters).

“Finlandia no es Grecia, pero va en ese camino”

Las cifras hablan por sí solas. Desde el inicio de la crisis internacional de finales de 2008, el PIB del país ha caído un 6% y su deuda pública se ha casi duplicado, hasta rozar el 60%.

Otro síntoma evidente es el desajuste sufrido por las cuentas públicas, que en solo seis años han pasado de un ejemplar superávit del 4,2% a registrar un déficit del 3,2%, superando por lo tanto el límite establecido por el Pacto de Estabilidad de la zona euro.

Tantos datos negativos, sin embargo, podrían desfigurar la realidad. Lo cierto es que Finlandia sigue siendo uno de los países más competitivos de la Unión Europea. Pero la rapidez con que se debilitan, uno tras otro, todos los indicadores positivos, acentúa la urgencia de cambiar de rumbo antes de que sea demasiado tarde. 

Lo expresaba hace poco, con un toque de dramatismo, el jefe del Instituto para la Investigación Económica del Gobierno, Juhana Vartiainen, al señalar que Finlandia no es Grecia, “pero vamos en ese camino”.

No es extraño, por lo tanto, que muchos ciudadanos hayan depositado sus esperanzas en Sipilä, un brillante emprendedor del ámbito de la tecnología que a lo largo de su carrera ha demostrado que sabe tomar las decisiones acertadas en el momento más adecuado. Una de ellas fue la de vender su empresa, Solitra, a un gran grupo de telecomunicaciones americano. Corría el año 1996 y esa operación le hizo millonario.

Juha Sipilä posa con ciudadanos mientras hace campaña en Helsinki (Reuters).Juha Sipilä posa con ciudadanos mientras hace campaña en Helsinki (Reuters).

Experiencia empresarial y un ascenso fulminante

Su cómoda ventaja en las encuestas, que con el 24% de los votos le sitúan al menos a siete puntos de su rival más cercano, “se beneficia de su pasado fuera de la política así como de la credibilidad que le da su experiencia empresarial ante los ciudadanos”, explica en declaraciones a El Confidencial Tapio Raunio, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Tampere.

A sus 53 años, el ascenso de Sipilä en el mundo de la política ha sido fulminante. Entró por primera vez en el Parlamento tras las elecciones de 2011. Eran horas bajas para su formación, el Partido de Centro, uno de los más importantes del país, pero que, tras varios escándalos de corrupción, acababa de sufrir un batacazo en las urnas. Un año después, Sipilä se hacía con el liderazgo del partido. Y ahora, si se confirman los pronósticos, se convertirá en primer ministro.

Entre sus promesas electorales, destaca crear 200.000 puestos de trabajo en los próximos 10 años en un país que en poco tiempo ha visto crecer su paro hasta el 9,2%. Una tasa envidiable para países como España, pero que los afortunados finlandeses no veían desde el año 2003.

La catedral de Helsinki iluminada durante una proyección audiovisual (Reuters).La catedral de Helsinki iluminada durante una proyección audiovisual (Reuters).

Un 17% de paro en la ciudad tecnológica

Hay ciudades, sin embargo, en las que el desempleo sí se ha disparado más allá de lo aceptable, como Oulu, uno de los polos tecnológicos más importantes de la mitad norte del país, donde el índice de paro alcanza ya el 17%.

Aunque, en realidad, Sipilä “no ha prometido nada distinto” en comparación con sus adversarios, destaca Raunio. Y es que, a grandes rasgos, todos los principales partidos coinciden en la necesidad de aplicar fuertes ajustes como única solución a la crisis. En otras palabras, Finlandia tiene que aplicarse a sí misma el cuento de la austeridad, la misma medicina que, años atrás, defendió con tanta vehemencia para países como España, Grecia o Portugal.

Rebajas salariales y recortes sociales son las propuestas que más se repiten. Y es precisamente Olli Rehn, el ex comisario europeo que impuso la drástica política de recortes en el sur de Europa, quien podría encargarse de ponerlas en práctica. Su retorno a la política nacional como uno de los principales candidatos del Partido de Centro hace que tenga muchas papeletas para convertirse en ministro del nuevo Ejecutivo.

Uno de los aspectos que más ha beneficiado a los centristas ha sido la incapacidad del actual Ejecutivo de reconducir las cosas. Un fracaso que en parte se achaca a la inusual inestabilidad a la que se ha visto expuesta la coalición gobernante. Inicialmente integrada por seis partidos, que iban desde el centroderecha tradicional hasta la izquierda ecologista, dos de sus miembros se pasaron a la oposición a mitad de legislatura.

Pero por insólitos que puedan parecer tales pactos entre izquierda y derecha en países como España, esto es algo a lo que los finlandeses están acostumbrados. Se trata de una consecuencia obligada de la fragmentación política imperante. De modo que, aunque gane las elecciones, el Partido de Centro ya sabe que tendrá que llegar a alianzas con otros partidos para poder gobernar.

Según los analistas, lo más probable es que intente una coalición con los otros dos partidos más votados, que, según los sondeos, serían el conservador Kokoomus y el Partido Socialdemócrata, que son los que lideraban la coalición de Gobierno saliente, y el populista y euroescéptico Partido de los Finlandeses, que actualmente está en la oposición. Ante este panorama, los finlandeses son pragmáticos y cruzan los dedos para que, sean quienes sean los políticos que les gobiernen, vuelvan a colocar al país en la ruta de la prosperidad.

Fuente: ElConfidencial.com