Un robinsón millonario en una isla que se hunde

Cuando le ofrecieron explorar la isla más joven del mundo -de solo cinco meses de existencia-, el millonario británico Ian Argus Stuart no dudó en preparar ...

Cuando le ofrecieron explorar la isla más joven del mundo -de solo cinco meses de existencia-, el millonario británico Ian Argus Stuart no dudó en preparar su mochila. “Es mi forma de vida”, cuenta a este diario tras sobrevivir once noches en el islote.

La erupción de un volcán submarino en el archipiélago de Tonga (Pacífico sur) dio lugar en diciembre a la isla, que se espera desparecerá en cuestión de meses a causa de la erosión. Una información de la BBC en marzo indicaba que la efímera formación medía unos 500 metros de largo.

Es la cuarta isla desierta que Stuart ha visitado en el último año a través de Docastaway, una compañía española que organiza experiencias en islas remotas para ‘náufragos’ del nuevo milenio. “Es lo que necesita”, afirma el malagueño Álvaro Cerezo, fundador de la empresa y amigo de Stuart. “Está teniendo su segunda juventud”.

Stuart, de 65 años, comenzó como un cliente en busca de aventura -la compañía ofrece también un modo confort para los menos atrevidos-, pero ahora explora posibles destinos para Docastaway, documentando sus viajes con una cámara GoPro a cambio de adrenalina. “Nos ayudamos mutuamente”, dice Cerezo. “Él hace todo lo que está en sus manos”.

En los últimos 40 años, Ian Argus Stuart ha recorrido todo tipo de lugares inhóspitos del globo, se ha adentrado en la jungla y el desierto del Kalahari. Pero su experiencia en la nueva isla de ‘Nuria’ (Fuego de Dios), como él la ha bautizado, ha sido diferente. “Parece un paisaje lunar; es un papel en blanco”, dice Stuart. “Es como era la Tierra hace millones de años”.

El clima en el islote, según el británico, es similar al de un desierto, asfixiante durante el día y frío por la noche, pero con mucho viento. La superficie es árida, aunque los primeros signos de vida vegetal empiezan a emerger. Stuart ha visto mariposas, si bien lo que más predomina son las gaviotas.

Para sobrevivir, Stuart se alimentaba a base de algún pez pero fundamentalmente de calamares, el único producto del mar, afirma, que no le gusta.

Pese a su experiencia como aventurero, la isla pudo haber acabado con la odisea de Stuart. El millonario no sabe nadar y en una ocasión fue arrastrado por el mar. Enterrando sus brazos en la arena consiguió regresar a la orilla. “Casi me muero”, afirma. Su mujer desconocía que se encontraba en el islote volcánico.

Ignorando el susto, Stuart se encuentra ya de camino a su próxima isla, cuya localización es secreta para garantizar la total ausencia de personas. De todos los “conejillos de indias” de la empresa, Stuart es “el más valiente”, asegura el fundador, Álvaro Cerezo. “No tiene miedo a morir”, sentencia.

Fuente: ElConfidencial.com

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