Una “operación a lo James Bond” en plena guerra Siria: así fue el rescate del piloto ruso

Cuando los dos pilotos rusos se catapultaron del bombardero abatido por cazas turcos, se estaban arrojando en paracaídas sobre una caótica línea del frente en la región montañosa cercana a la frontera con Turquía. Al descender, casi lentamente, hacia el suelo, fueron avistados por rebeldes sirios, que abrieron fuego contra ellos y alcanzaron al piloto Oleg Peshkov. Quienes disparaban eran los “hermanos” de Erdogan en Siria -en palabras del propio presidente turco-, las fuerzass turcomanas que combaten al régimen de Bashar al Asad en la región de Bayir-Bucak con el respaldo de Ankara. Rusia lleva tiempo bombardeando a los rebeldes en esta zona de colinas, situada a unos 30-40 kilómetros al noroeste de la ciudad de Latakia, feudo de Asad y donde se encuentra la base aérea que utilizan los aviones de combate rusos.

El copiloto, Konstantin Murakhtin, corrió mejor suerte. El viento empujó su paracaídas unas millas hacia el frente, cerca de las posiciones del ejército sirio. Una vez en el suelo, se ocultó en el abrupto terreno y esperó durante 12 horas hasta que un comando sirio logró rescatarle.

Un repaso de la compleja operación de rescate permite entender la complejidad de la guerra civil siria, donde los frentes de combate se difuminan en una multitud de grupos con alianzas cambiantes. Sobre ellos, aviones de combate de diversas naciones bombardean objetivos diferentes. “Nosotros lo llamamos 50 sombras de negro“, declaraba en junio en los Altos del Golán un militar israelí a El Confidencial, al ser preguntado por los combates que tenían lugar a escasos kilómetros entre la milicia chií libanesa Hezbolá (que apoya a Asad) y el Frente al Nusra (filial de Al Qaeda en Siria), que a su vez luchaba contra otros grupos islamistas suníes.

Los dos pilotos rusos se eyectaron del avión cuando el Su-24 fue alcanzado por cazas turcos. Para añadir dramatismo a la escena, uno de los dos helicópteros enviados para rescatarlos fue alcanzado por disparos de rebeldes que disponen de misiles TOW de fabricación estadounidense. El helicóptero ‘perdió’ un tripulante y se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia. “Era como una película de James Bond”, cuenta a la agencia AP el portavoz de una facción rebelde que opera en la zona. Algunos medios difunden que el copiloto ruso fue finalmente localizado por un equipo de fuerzas especiales sirio apoyado por miembros de la milicia Hezbolá. Otros señalan que soldados de élite sirios y rusos lanzaron una operación nocturna para rescatar a Murakthin. El equipo se adentró 4,5 kilómetros en un área bajo el “control de terroristas”, recuperó al piloto y logró regresar a su base gracias a una “operación nocturna específica”.

Los rebeldes sirios, por su parte, desmienten la versión de Damasco. Portavoces del Frente Islámico, vinculado al Ejército Libre Sirio que apoya Occidente, señalan que el viento empujó al piloto hasta una zona del frente que ninguno de los dos bandos habría logrado alcanzar. Aseguran que aterrizó en un área de bosques y montañosa. “Las personas que viven en la zona escucharon el sonido de aviones de combate y helicópteros durante toda la noche“, indicaron a la agencia Associated Press.

Mientras, el Observatorio sirio de Derechos Humanos -grupo opositor al régimen de Asad con sede en Londres- asegura que el copiloto aterrizó en tierra de nadie, aunque técnicamente detrás de las líneas rebeldes. Añade que fueron comandos sirios los que lograron encontrarle, guiados por detalles sobre su localización que proporcionaban tropas rusas mediante GPS. “Los sirios lucharon durante horas para llevar al piloto a una zona segura, desde la que le aerotransportaron hasta [la base de] Hemeimeem”, declaró Rami Abdurrahman, director del Observatorio.  

Un ruso con la foto del piloto muerto por disparos de rebeldes frente a la embajada de Turquía en Moscú. (Reuters)Un ruso con la foto del piloto muerto por disparos de rebeldes frente a la embajada de Turquía en Moscú. (Reuters)

Putin aboga por “una amplia coalición”

Los presidentes de Rusia, Vladímir Putin, y Francia, Francois Hollande, abogaron este jueves por crear una “amplia coalición antiterrorista” para acabar con la amenaza yihadista. “Vemos que usted dedica una gran atención y muchos esfuerzos a la creación de una amplia coalición antiterrorista. Estamos dispuestos trabajar conjuntamente, más aún, lo considero absolutamente necesario. Al respecto, nuestras posturas coinciden”, afirmó Putin al inicio de la reunión en el Kremlin. También agregó: “estamos dispuestos a tal cooperación, señor presidente” y recordó que “Rusia sufrió grandes pérdidas como resultado del horrible atentado terrorista contra un avión civil” a finales de octubre en Egipto, donde murieron 224 personas. Por su parte, Hollande aseguró que “ha llegado la hora de asumir la responsabilidad por lo ocurrido”. “Precisamente, por eso me encuentro hoy aquí en Moscú con usted, para que juntos podamos encontrar una forma de coordinar nuestras acciones para luchar de manera eficaz contra el enemigo común“, agregó.

¿Por qué Turquía derribó el avión?

Siria es la respuesta. Turquía y Rusia mantienen vínculos energéticos y comerciales vitales para ambos. Ankara importa el 60% del gas que consume del país eslavo, que se ha convertido en un mercado clave para varios sectores de la economía turca, incluyendo la agricultura, la construcción y el turismo. Moscú planea construir un gaseoducto hasta Turquía, a lo que se suma la propuesta rusa para erigir su primera planta nuclear. Pero, cuando se trata de Siria, Moscú y Ankara son enemigos irreconciliables.

Desde que estalló la guerra civil en el país vecino, el presidente Recep Tayyip Erdogan ha suministrado asistencia a grupos rebeldes que combaten al régimen de Bashar al Asad. Debido a sus ambiciones anti-Asad, Ankara también ha hecho la vista gorda con los combatientes extranjeros que atravesaban la frontera turca para unirse a las diversas milicias que luchan en Siria, lo que ha permitido al autodenominado Estado Islámico engrosar sus filas. Cuando, tras años de doble juego, Turquía se unió finalmente a la coalición internacional contra ISIS que lidera Estados Unidos, comenzó su campaña de ataques aéreos golpeando a la fuerza que considera una amenaza directa, los rebeldes kurdos, respaldados por Washington, como parte de su actual batalla para reprimir las ambiciones independentistas kurdas en su territorio.

“Desde que se produjo el primer aviso hasta el disparo que derribó al cazabombardero, pasó el tiempo suficiente para que la orden recorriese toda la cadena de mando. No creo que esto haya sido un accidente. Creo que ha sido un juego de quién es más fuerte que salió mal. Todo se debe en realidad a Siria. Ambos países apoyan a facciones opuestas. Ha habido mucha tensión en torno al suceso, pero no deberíamos exagerarlo”, señala a ‘Vocativ’ Howard Eissenstat, experto en Turquía de la Universidad St. Lawrence de Nueva York.

Moscú, por su parte, ha centrado sus ataques aéreos en las milicias islamistas opositoras apoyadas por Ankara para apuntalar las ofensivas terrestres lanzadas por el régimen de Asad o detener el avance de los rebeldes hacia los bastiones alauítas, y no en el Estado Islámico, como sostiene el Kremlin. Erdogan, cuya solución al conflicto sirio pasa inevitablemente por que una entidad suní controle Alepo, la ciudad que fue el corazón industrial de Siria, debe sentirse sumamente frustrado con la intervención rusa para evitar la caída de Asad.

El que ambos países se alineen con bandos opuestos en el conflicto significa que un choque de este tipo era inevitable, sostiene Michael Stephens, director del ‘think-tank’ Royal United Services Institute, con base en Qatar. “El avión derribado es simplemente un reflejo de un problema mucho mayor (…) Pero nadie quiere que estalle una guerra entre dos actores en la región tan obstinados. Hay mucha presión más allá de las relaciones bilaterales para calmar la tensión actual”, señala.

Rusos protestan ante la embajada turca en Moscú por el derribo del cazabombardero. (EFE)Rusos protestan ante la embajada turca en Moscú por el derribo del cazabombardero. (EFE)

La respuesta de Rusia

Mientras, Rusia ha reforzado su presencia militar en Siria. Moscú anunció ayer que desplegará sistemas de misiles antiaéreos S-400 en una base ubicada a 30 kilómetros de la frontera con Turquía para proteger sus aviones de combate. Este sistema de defensa de última generación se suma al acorazado ‘Moskvá’, buque insignia de la flota rusa del mar Negro, que navegará en las aguas cercanas a la provincia siria de Latakia para apoyar con sus baterías antiaéreas Fort a los cazabombarderos que operan en el país.

Ayer, cuando aviones de combate rusos castigaban con dureza el norte de la provincia siria de Latakia, el área donde fue derribado el cazabombardero Su-24, Moscú tachó de “acto premeditado” el ataque de los cazas turcos. “Tenemos suficiente cantidad de información que confirma que fue un acto premeditado, planeado de antemano. Esto se parece mucho a una provocación”, aseguró Serguéi Lavrov, ministro de Exteriores ruso, en rueda de prensa. “Algunos de nuestros socios que se pusieron ayer en contacto con nosotros nos dijeron que se trató de una evidente emboscada. [Los turcos] Estaban esperando, al acecho, y buscaban un pretexto“, subrayó.

No obstante, Lavrov también manifestó: “No tenemos intención de combatir con Turquía, ya que la relación con el pueblo turco no ha cambiado. Los problemas los tenemos con las acciones de las actuales autoridades turcas”, que, según Moscú, promueven la islamización del país. Lavrov también tuvo buenas palabras para la iniciativa de cerrar la frontera entre Siria y Turquía para evitar el flujo de yihadistas y su financiación -Rusia acusa a Ankara de ser “cómplice” de ISIS-, propuesta este martes por el presidente francés, François Hollande, en su reunión con el mandatario estadounidense, Barack Obama.

Fuente: ElConfidencial.com